jueves, 15 de enero de 2009
El Mesías de Händel XX
5 comentarios:
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Quizás sea bueno que todos, antes de participar, consideraramos esto:
"Se ha de presuponer, que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve" (San Ignacio de Loyola).
"Hay un tiempo...en el que él no lo tiene acogido en su vida."
ResponderEliminarUna vez acogido puede uno intentar volverse atrás ¿Qué es esa fuerte resistencia que hay dentro y que produce miedo a sufrir? ¿pecado?
¿Cómo podemos de veras acogerlo cada minuto?
No sé exactamente a qué te refieres. Con lo de resistencia podrías referirte a varias cosas y ninguna de ellas es propiamente pecado aunque tenga que ver con ello.
ResponderEliminarEl pecado personal, por pequeño que sea, lleva consigo el apego desordenado a algo que no sea Dios. Aunque uno esté en gracia de Dios, puede tener pendiente la purificación de esa inercia que deja el pecado; esta purificación puede tener lugar aquí en la tierra o en el Purgatorio [me remito al n. 1472 del Catecismo de la Iglesia Católica que lo dice mucho mejor].
Del pecado original nos queda una cierta inclinación al pecado, que es ocasión para el crecimiento espiritual, pues, en la medida que no nos dejamos llevar por ella con la ayuda de la gracia, nos sirve (cf. 2Tm 2,5), si se me permite la expresión, como un trampolín que nos ayuda a saltar hacia Dios [me remito al decreto sobre el pecado original del Concilio de Trento DS 1510-1516].
También podría ser una tentación directa del diablo, aunque lo de resistencia me suena más a lo anterior.
Sea lo que fuere, no te apene. Estas cosas podemos verlas del lado negativo, pero también del positivo. No nos llevan necesariamente al pecado. Del lado positivo son una ocasión para crecer en fidelidad a Dios. Pensemos que en cualquiera de las tres posibilidades siempre tenemos al Espiritu Santo dispuesto a echarnos una mano; con su ayuda, este partido lo vamos a ganar.
A la última pregunta te respondo con otra. ¿Qué hacía san José con Jesús? Pregúntaselo a él, seguro que es mejor consejero que yo.
Gracias.
ResponderEliminarEs cierto, el Espíritu Santo me ayuda siempre. ¿Cómo se me puede olvidar? Tomaré rabitos de pasa.
Su respuesta me llena esperanza.
He ido llenando la mochila de "cosas" ¿importantes? -No.-
Es hora de tirar todo eso.
Crecer en fidelidad a Dios. Sólo Él puede hacerme…
¡¡Menudo ejemplo el de San José!!!
Vivir cada minuto en presencia de Dios.
Mejor que cada minuto en la presencia de Dios. Vivir en Dios, en su siempre.
ResponderEliminar¡Ah! Sobre san José. Pregúntale y escúchale, que sea un interlocutor vivo. Los modelos, si no se habla con ellos, corren el riesgo de que los convirtamos en estatuas de escayola.
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