sábado, 22 de noviembre de 2008

Exordio


¿Por qué el rostro del niño de El entierro del Conde de Orgaz de El Greco?

Ésta es una de las dos obras de arte que superaron, con mucho, mis expectativas al verlas por primera vez; la otra es el David de Miguel Ángel. El cuadro consta de dos planos explícitos y otros tantos implícitos. Los patentes son el celeste y el terrestre, ambos unidos por la Cruz. Es el misterio pascual el que ha abierto los cielos y hace posible que el alma del Señor de Orgaz vaya al encuentro del Señor Resucitado.

Esta unión de cielo y tierra, esta comunión de los santos, queda manifiesta en el prodigio que El Greco trata de plasmar. S. Agustín y S. Esteban sostienen el cadáver de Gonzalo Ruiz de Toledo para depositarlo en el sepulcro, uno de los planos que quedan fuera del cuadro. Muchas manos señalan el prodigio, pero solamente el niño, además de hacerlo, mira al espectador, en el cuarto plano, invitándolo a entrar en el misterio.

Estas Glosas marginales no quisieran ser otra cosa: señalar el misterio de la presencia del Reino de Dios en nuestro mundo y mirarte para que tú también lo contemples.

Este niño, a la española de entonces vestido, que sirvió de modelo, al parecer, fue Jorge Manuel, hijo del pintor y de Jerónima de las Cuevas, los cuales nunca llegaron a casarse. Mis obras son también hijas de un pecador, pero pido a Dios que lo mismo que el hijo del artista señala el misterio, las mías, trabajando la tierra, siempre hablen de Dios con nosotros.

Pero mi mirada no quiere solamente invitarte, sino también contemplar en ti el misterio divino. El niño –quien no se haga como ellos no puede entrar en el Reino de Dios– es también símbolo de contemplación. Mejor que yo te lo dirá Unamuno en estas sentidas palabras:
Es que el niño en su soledad creadora, mientras se está haciendo su mundo, soñándolo, entre otros niños, no vive ni sueña atado a lugar y a tiempo. Vive en infinitud y en eternidad. Su vida no es tópica ni crónica. Ni topométrica ni cronométrica. Ignora la medida del espacio y la del tiempo. Ni el reló ni el calendario rigen para él. Un solo día, ¡un día sin día siguiente, sin un mañana! Y no sólo en los niños, sino en los santos. En los santos infantiles. Figurémonos un ermitaño anacoreta –o un cartujo– que no se aparta del pequeño jardín que ciñe a su celda y que no vive atenido ni a horas ni a días diversos, ni a reló ni a calendario; éste vive durante su vida toda un sólo día. ¡Y un día sin un mañana! Ese único día se le va creciendo, se le va ahondando. ¿Monotonía? ¡No, no! Y así no se siente envejecer, no siente venir la muerte, y cuando llega ésta, el eterno mañana, no la siente y se muere sin saber que se muere ni que se ha muerto.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Este blog promete.
Mucho ánimo al autor.

Mónica dijo...

este niño llegó a ser un gran arquitecto reconocido en Toledo y una de sus obras es la cúpula , pequeñita que sobre la tumba del Señor , de Orgaz , está
Pecador mío , te olvidaste de hablar del Señor de Orgaz , padre del ingenio , santo donde los haya , benefactor de España , AmenDicen ,Conde hombre sobre cuya tumba abierta esa pecadora durmió una noche , y cuyo hijo- niño Jorge un día agradecería al conde.al Señor , el ser

Anónimo dijo...

¡Qué, con lenta cadencia de blog, éste engrose la esperanza que tanto adolece nuestra cultura! ¡Felicidades!
Pepe

Sonsoles dijo...

Gracias Padre, por abrirnos a la cultura por medio de Unamuno, y a la vez a Cristo, ya te pongo en favoritos.

Rafa dijo...

El texto de San Ignacio manifiesta algo muy en desuso en nuestros días, en los que más dispuestos estamos a disparar primero y preguntar después. Quizá la premura de nuestras vidas nos aleja cada día más de la auténtica vida sosegada y profunda, entregándonos a la vorágine insaciable de lo caduco, efímero y superfical.
Gracias, Alfonso, pues tus palabras y escritos siempre son una luz que despierta en mi cosas buenas.
Adelante con tu blog. Creo que nos puede ayudar a introducir puntos de interés en el gps de nuestra vida.

Koobi-fora dijo...

A mi del Greco lo que más me gusta es el color y la belleza de las figuras. Al contemplarlo me recreo en los colores y en las formas que me parecen estimulantes, llegan al alma, ¿no?
El niño no parece un niño, parece un adulto pequeño, en eso acierta Murillo, sus niños son más infantiles, incluso las caras de los adultos que pinta Murillo son algo aniñadas.

El cuadro me agobia un poco, ver tanta gente y tan apretujada...
Hasta pronto, bye, bye

paquita avila dijo...

Esto empieza a quitar los tapones de los oidos y dar luz a los ojos de mi fe, doy testimonio de que realizas lo mismo que hace el niño y es invitarme a entrar en el Reino eres una bendición Alfonso, bendito el Señor porque cumple su palabra no os dejare solos soy novata y mayor para estos adelantos de la tecnica pero me ayundan mis hijos.

Anónimo dijo...

Este Supuesto niño era el propio hijo del autor de el cuadro, en este caso el Greco, en pricipio el Greco Crea en el cuadre tres ''cameos''
El primero:A la derecha de el cuadro hay un cura que esta leyendo lo que parece ser la biblia, éste, es el cura que mandó al Greco a Dibujar el cuadro.
El Segundo:El niño, es el propio hijo de el Greco que se encuentra señalando la situacion en la que se encuentran.
El Tercero:De entre los tantos nobles que se encuentran observando la escena a la izquierda de el cuadro aparece un señor que es el único que esta ''mirandonos'' fijamente a nosotros(se encuentra más hacia arriba de la mano que se observa en el cuadro, que seria de otro noble).
espero que os aclare Dudas,Gracias.Ezekiel.