lunes, 30 de noviembre de 2009

Pobreza en la oración

La oración es un acto de pobreza. No solamente porque el orante parta de un cierto conocimiento de necesidad. Éste es importante y cuanto más radical es la necesidad, el contenido de la oración es más profundo. Si lo que necesito es a Dios no simplemente para ser, sino para ser aquello a lo que estoy llamado a ser, la percepción de mi pobreza habrá crecido. Pero esa pobreza lo es también si además de conocer la carencia, percibimos que no podemos subvenir a ella. La radicalidad de la carencia y la incapacidad para saciarla marcan lo que pidamos, lo que agradezcamos, etc.

Pero además la pobreza está en el desprendimiento de la oración misma. "Hágase tu voluntad". Qué hermoso llegar a desprendernos totalmente de nuestra petición o nuestro agradecimiento o nuestra alabanza y regalárselos a Jesús, el único mediador entre Dios y los hombres, para que haga Él lo que quiera, para que disponga de ello, para que lo presente o no al Padre.

Esta pobreza solamente es posible en la medida que nos mueva el soplo del Espíritu. Si son nuestras fuerzas, siempre nos agarraremos, en alguna medida, a nuestra oración, a su contenido; solamente el Espíritu nos hace libres de todo para serlo plenamente en Dios.

1 comentario:

  1. "Hágase tu voluntad".
    Sólo Dios sabe mi necesidad.
    Sólo Dios puede colmarla.
    Sólo Dios...

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"Se ha de presuponer, que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve" (San Ignacio de Loyola).