sábado, 6 de marzo de 2010

Antífona de entrada DC-III.1/Sal 25(24),15s


Tengo los ojos puestos en el Señor, porque Él saca mis pies de la red. Mírame, oh Dios, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido (Sal 25(24),15s).
La preparación a la celebración dominical del misterio pascual nos aparece en esta antífona como un disponerse a un cruce de miradas; se trata de un encuentro contemplativo.

Nos disponemos a fondo a la celebración de la Eucaristía poniendo nuestra atención en Dios, lo cual supone la purificación de todo afecto desordenado, no simplemente estar en gracia. Esto último es el presupuesto de aquello e imprescindible para la comunión. Pero no nos debería de bastar. Nuestra vida debería de estar en tensión hacia ese tener la mirada puesta puramente en el Señor.

Esto ciertamente requiere un ejercicio intenso, determinado y constante de nuestra parte. Pero, si tengo puesta fija la mirada en Él, es porque ha sacado mi pie de la red. Así es, estamos atados a aquello a lo que está apegado nuestro corazón y para quitar de ahí nuestra mirada y ponerla en Dios precisamos que Él nos libere. Nos da la gracia para que, fortalecidos con ella, apartemos nuestra atención de lo que no es Dios y la posemos únicamente en Él. Esa pureza de atención la necesitamos para oír su Palabra con plenitud y mirarle con limpia fe en el sacramento. Hay momentos en que nos regala el estar así, como dándonos a saborear aquello a lo que debemos tender, pero el hábito espiritual es fruto de camino de fidelidad a la gracia.

Mas el que por gracia el verdadero discípulo tenga su atención en Dios no le da derecho a que Dios lo mire. ¡Cuántos santos con ese hábito espiritual de la atención purificada y puesta en lo infinito, con la elevatio mentis in Deum como si fuera el aire de su respiración no tienen sino tinieblas! ¡Cuantos son regalados, sin tener criatura en que ya hallar consuelo, con la soledad, la aflicción y la oscuridad! Sí, míranos Señor, y aunque no andemos en esas alturas espirituales, posa en nosotros tus ojos para que aprendamos a mirarte.

4 comentarios:

  1. Es el segundo salma que hoy encuentro en la blogosfera: me encantan los salmos. Descubro en ellos un corazón abierto que confía plenamente en Dios, que reconoce su nada y que no cesa de suplicar. Qué verdad tan grande cuando vemos que mientras esemos apegados a cosas no podremos ir con corazón generoso hacia Dios. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Hola Don Alfonso, encantada de conocerle, tiene un blog maravilloso. Me lo ha recomendado una madre agradecida, y tenía muchas ganas de venir a visitarle.

    Es preciosa esta entrada, super importante. Yo creo que lo más efectivo es llegar un ratito antes e invocar al Espíritu Santo y rezar el Rosario. De la mano de Nuestra Madre todo es mucho más fácil siempre.

    Gracias, un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Hola Guerrera:
    Que alegría!!! por fin te encuentro por aquí.

    ResponderEliminar

Os animo a enviar vuestros comentarios. Por favor, tened en cuenta que:

- El autor del blog se reserva el derecho de borrar total o parcialmente los comentarios que considere inaceptables, ya sea por no ajustarse al tema de la entrada publicada, por contravenir la Política de contenido de Blogger o por otros motivos.

- Si quieres incluir un enlace que contribuya a enriquecer el tema, es imprescindible que lo acompañe una breve descripción o resumen de su contenido.

- Se podrán bloquear todos los comentarios de un visitante que suplante a otra persona o reiteradamente infrinja las normas.

- Si se desea hacer un comentario sólo para el autor del blog y que no se publique, basta con indicarlo en el texto del mismo.

- Los comentarios no se publican automáticamente. El tiempo de demora no se puede predeterminar ya que en este blog siempre serán moderados previamente.

Quizás sea bueno que todos, antes de participar, consideraramos esto:

"Se ha de presuponer, que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve" (San Ignacio de Loyola).