domingo, 4 de septiembre de 2011

Retorno obediencial (RB Pról. 1-3) – I

Escucha, hijo los preceptos de un maestro e inclina el oído de tu corazón, acoge con gusto la exhortación de un padre solícito y cólmala eficazmente [cf. Prov 1,8; 4,20; 6,20; Sal 45,11; Eclo 51,16], para que, por el trabajo de la obediencia, retornes a Aquél de quien te habías apartado por la dejadez de la desobediencia [cf. Lc 15,11-31]. A ti pues, quien quiera que seas, que renuncias a tus propias voluntades a fin de militar para Cristo el Señor, verdadero Rey, y tomas la fortísima y preclara arma de la obediencia, se dirige ahora mi palabra [cf. 2Tim 2,3-4].
 En este comienzo del Prólogo, san Benito nos presenta condensadamente todo el drama que se va a desarrollar posteriormente y que no es otro que la misma vida del cristiano. Tres actores, que irán cobrando distinto peso a lo largo del texto, aunque no serán los únicos, salen a escena inmediatamente. La palabra la toma quien se define a sí mismo como maestro que da preceptos y como padre cumplidor de sus deberes como tal que dirige una palabra de exhortación. El lector fácilmente lo identificará con el autor de la Regla.

Pero no es él el más importante, su discurso inmediatamente dirige la atención a Alguien, a Cristo, que es presentado como Señor y verdadero Rey. Ese Señor –palabra en cuyo trasfondo bíblico encontramos la divinidad, el Aquél de estas líneas que abarca a las otras dos divinas personas y, ante todo, al Padre de la parábola llamada de El hijo pródigo– es calificado ahora, en este ambiente de obediencia, como verdadero Rey. Hay, por tanto, otros falsos. Personajes del drama que también tendrán su importancia, pero que ahora solamente encontramos implícitamente insinuados.

Sin embargo, la atención que el maestro-padre pone en Cristo, ya estaba en Él. El hijo es caracterizado como alguien que tiene la determinación de ponerse al servicio del Rey. Es a él a quien se dirige el discurso y, por tanto, es éste el lector ideal de la Regla. Lector que pueden ser muchos, que lo han sido a lo largo de la historia, y que tras el Prólogo, en la medida en que acepten esa palabra que ahora se les dirige, convergerán en un nosotros con unas características que se irán perfilando.

Ciertamente podemos acercarnos a esta fuente de vida cristiana de muchas maneras. El que busca gusto espiritual, el curioso ávido de lecturas, el estudioso,.... pueden tomar el libro en sus manos y pasar sus páginas línea tras línea, pero aquí se trata de escuchar.

[En la medida de lo posible, aunque no sea un gran latinista, procuraré presentar mi propia traducción. Entre corchetes, procuraré poner solamente pasajes bíblicos, aunque sería también muy interesante dar referencias patrísticas, pero creo que esto haría demasiado pesado el comentario en un blog]

2 comentarios:

  1. Despues de escuchar la noticia http://www.magnificat.tv/comentario20110904.php (dos tercios de los sacerdotes de Austria y el apoyo de la mayoría de la población disienten publicamente del Magisterio de la Iglesia haciendo un llamamiento a la desobediencia, porque no están de acuerdo con muchas de las enseñanzas en cuestiones de orden moral y dogmático), he recordado el título y contenido de esta entrada, "Retorno obedencial". Lo convierto en súplica. "Para que sean uno, como nosotros."

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  2. En religión en libertad hay quien piensa que es usted sudamericano, lo que no deja de tener su gracia.

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"Se ha de presuponer, que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve" (San Ignacio de Loyola).