Las hojas secas gastadas
en violento torbellino volando;
espantadas las raíces
al suelo agarradas retorcidas;
balidos de corderos dolidos
sin aún poder haber vivido.
Y el azul claro a lo alto
sereno, silencioso, callado.
Bajo los pies, inconmovible
firme tierra.
Pasajero ruido, en la paz cierta.