La archidiócesis de Pamplona-Tudela va a crear una fundación para gestionar colegios. ¿Cuál es el motivo? Pese a que, en las estadísticas, baja el número de aquéllos que se confiesan católicos y, de entre éstos, el de los que participan semanalmente en la Eucaristía, sin embargo, se mantiene bastante estable el de aquéllos que demandan un colegio religioso para sus hijos.
El problema es que no hay vocaciones religiosas para mantener el número de colegios actuales. El presidente de FERE de Navarra dice: "No queremos que se pierda presencia de Iglesia, que no se cierre ningún colegio cristiano".
Desde hace décadas, ha ido habiendo un crecimiento progresivo de laicos dando clases en centros que antes estaban solamente regentados por religiosos. La cuestión no es nueva, una fundación como ésta no es sino un instrumento nuevo.
Todo en principio suena muy bien, pero a mí me vienen preguntas. ¿Seré demasiado crítico? Dice un amigo mío que la mejor forma de no hacer nada es no hacer nada. Pero yo añadiría que el hacer algo con buena intención no trae necesariamente un buen resultado. En cualquier caso, pensar sobre lo que hacemos, con vistas a reforzar lo bueno y rectificar lo mejorable, no creo que esté de más.
En la pastoral post-bajón-vocacional, no solamente en la enseñanza, me da la impresión de que hay demasiadas cosas que se hacen para mantener una estructura –no digo que éste sea el caso de Navarra–. Por eso, con cierta malicia –lo reconozco–, a esto lo llamo pastoral taxidérmica. ¿Acaso hay que perder colegios u otra presencia católica en la sociedad?
No digo que haya que perder, digo que la cantidad no puede ser un objetivo, sino un efecto colateral. La gran cuestión es la calidad, la identidad católica de la presencia. La pastoral necesita un gran toque de realismo y autenticidad; si con estas premisas hay que cerrar colegios, incluso parroquias, que le vamos a hacer, pues se cierran.
El problema no es vocacional, sino de fe. ¿Cómo va a haber vocaciones si no hay creyentes? Esto, que es el reflejo y lo nuclear de toda una situación, demanda cambios en la enseñanza católica y en el resto de la pastoral. En dos direcciones, qué pastoral y quién la lleva a cabo.
En la enseñanza, lo mismo que en las parroquias, en función del mantenimiento de unas estructuras, inercias, métodos, etc. no pocas veces se ha puesto a dar clase o catequesis casi a cualquiera. ¿Estoy en contra de los seglares? No, ni mucho menos.
En esta fundación, al parecer, van a prestar buena atención a que los seglares que ocupen el lugar de los religiosos garanticen el ideario del centro. Dios lo quiera. Pero hemos de reconocer que no siempre ha sido así.
Voy a hacer una sugerencia. Aunque sea un poco descabellada, me lanzo. Sería interesante que una congregación, en vez de generalizar la gestión mixta de los centros, es decir, seglares y religiosos, hiciera otra cosa. Por ejemplo, durante cinco o diez años, que unos de sus colegios tuvieran solamente como profesores a religiosos; otros, la fórmula mixta; y un tercer grupo, solamente seglares. Al cabo del tiempo, evaluar y obrar en consecuencia.
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