martes, 24 de marzo de 2009

III - Jesús cae por primera vez. 1Timoteo 3,15-17

Desde niño conoces la Sagrada Escritura: Ella puede darte sabiduría que por la fe en Cristo Jesús conduce a la salvación. Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir para educar en la virtud: así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena (1 Tim 3,15ss).
Jesús no solamente venció en el desierto nuestras tentaciones y nos hace partícipes de su victoria para nosotros poder vencer las nuestras. Al cargar con la cruz, con las consecuencias de nuestros pecados, y vencer su peso, también se levantó de todas nuestras caídas y nos ofrece el perdón de ellas para podernos poner en pie.

En la primera tentación (Mt 4,3s; Lc 4,3s), como en todas, Jesús es tentado con satisfacer su deseo, en ese caso el hambre física, y no la voluntad de Dios. Todas nuestras caídas tienen también esto en común; el pecado es prescindir de vivir desde Dios para hacerlo desde mí mismo nada más.

Pero cómo llevar a cabo mis planes. En esta tentación, Satanás le dice a Jesús, lo mismo que nos dice a nosotros muchas veces, que nos sirvamos de lo que nosotros podemos, de nuestras capacidades. Unas veces son así nuestras caídas, hacer nuestros planes con nuestras posibilidades.

"No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Dt 8,3). Vencer este tipo de tentaciones es alimentarse de la voluntad divina, es tenerle a Dios como fin de la propia existencia, es tener como vocación de vida la que Él quiera para mí. Pero es Él también quien me da el poder para realizar su voluntad, que es mi vida auténtica.

Esa Palabra que con sólo pronunciarla crea todo de la nada, calma la tempestad, cura a los enfermos, resucita a los muertos, es la Palabra que me recrea, me hace criatura nueva y me capacita para poder levantarme. Y así poder vivir conforme a la voluntad divina, solamente realizable si me apoyo en el poder de Dios.

Por ello, el verdadero discípulo es un amante de las Sagradas Escrituras: "Su gozo es la Ley del Señor y medita su Ley día y noche" (Sal 1,2).

3 comentarios:

  1. el discípulo es quien medita las Sagradas Escrituras día y noche aunque no las tenga delante , por ejemplo un médico que no las tiene delante a cada momento pero que tiene que tomar decisiones éticas importantes , valorar la vida de los no nacidos y de los que están en cuidados terminales levantarse del peso de la presión diaria ejercida por los medios y por las leyes injustas ... no podrá incumplir la ley humana pero tendrá derecho a objetar
    Así también mucha gente que no puede con su trabajo , que se le cae como a Jesús su cruz encuentran ayuda en la medicina para poderse levantar

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  2. Y todos los días descubrir un nuevo tesoro en un detalle que había pasado desapercibido.

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  3. Para Mónica:
    A los que no pueden con su trabajo, les diría: ¡Ánimo! Él es tu fuerza, Él es el que soporta todo el peso, sólo te pide que hagas lo que puedas, no más.
    Y sobre todo sonreir, sonreir siempre. A veces no es fácil, pero Él te está mirando y hablandote de amor ¿cómo no sonreir mientras le sigues? Es dulce sufrir con Él y se es tan feliz...

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"Se ha de presuponer, que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve" (San Ignacio de Loyola).