
A continuación, después de haber anunciado la muerte de Jesús, es también la soprano quien va a cantar, con un versículo del salterio, la esperanza en la resurrección. Esta continuidad en la tesitura de la voz nos habla de que la Cruz va unida a la Resurrección; el misterio pascual es una unidad. La Cruz, si no es gloriosa, es un absurdo.
No le entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción (Sal 16 (15), 10).
Jesús ha muerto realmente, pero no es prisionero del Sheol. Ha descendido a los infiernos, a la morada de los muertos, pero no como quien va a ser encerrado, sino como el dueño que va a anunciar su salvación a todos los justos muertos del Antiguo Testamento: "Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Noticia" (1Pe 4,6). Y, si hasta allí ha llegado el anuncio, ¿hasta dónde no llegará?: "A toda la tierra alcanza su pregón y hsta los límites del orbe su lenguaje" (Sal 19 (18), 5). Su palabra salvadora llega a todos los rincones de la sociedad y la historia, también hasta el último rincón de mí mismo, hasta donde yo no alcanzo a percibir y comprender. Su palabra llega y, con ella, el que yo pueda escucharla y poner mi firmeza en ella. Hasta donde no haya vida en mí, me tiende la mano, pero tengo que cogérsela.
Y, si llega hasta el último confín del mundo, estando en comunión con Él, ¿hasta dónde podrá llegar mi palabra cuando de su victoria hable? ¿Qué podrá detener esa palabra? Si su pregón es el mío, hablaré con el cielo que proclama la gloria de Dios, caminaré con el firmamento que pregona la obra de sus manos (cf. Sal 19(18),1). Solamente la negativa de los hombres puede rechazar su salvación.
La muerte parecía tener la última palabra, el juicio del mundo pretendía haber dictado la última sentencia, pero el Padre no dejó que conociera la corrupción del sepulcro. Todos los demás, salvo la Virgen, tendremos que esperar a su venida en gloria para la resurrección de nuestro cuerpo. Sin embargo, en esperanza ya poseemos los bienes futuros. Cuando la corrupción del egoísmo no triunfa en mí, cada vez que la lujuria es vencida, la soberbia es derrotada,... palpo en mi la verdad del anuncio; la vida del Resucitado triunfa sobre la muerte que hay en mí. "Verdaderamente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón" (Lc 24,34).
Continuaremos.
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"Se ha de presuponer, que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve" (San Ignacio de Loyola).