viernes, 19 de febrero de 2010
La leyenda frustrada del final de la política
1 comentario:
Os animo a enviar vuestros comentarios. Por favor, tened en cuenta que:
- El autor del blog se reserva el derecho de borrar total o parcialmente los comentarios que considere inaceptables, ya sea por no ajustarse al tema de la entrada publicada, por contravenir la Política de contenido de Blogger o por otros motivos.
- Si quieres incluir un enlace que contribuya a enriquecer el tema, es imprescindible que lo acompañe una breve descripción o resumen de su contenido.
- Se podrán bloquear todos los comentarios de un visitante que suplante a otra persona o reiteradamente infrinja las normas.
- Si se desea hacer un comentario sólo para el autor del blog y que no se publique, basta con indicarlo en el texto del mismo.
- Los comentarios no se publican automáticamente. El tiempo de demora no se puede predeterminar ya que en este blog siempre serán moderados previamente.
Quizás sea bueno que todos, antes de participar, consideraramos esto:
"Se ha de presuponer, que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve" (San Ignacio de Loyola).
El articulista consigue desdoblar el personaje universal de Odiseo:
ResponderEliminar1) Se reserva la faceta de Odiseo, fecundo en ardides para sí mismo, quien, con la excusa de la reseña, coloca un artículo de opinión donde se cita a Homero, Aristóteles, Santo Tomás, Schmitt -como de pasada-, Peterson, el Vaticano II, los teólogos de la liberación, Metz y María Zambrano, mientras la sombra de Hitler sobrevuela ominosa el panorama.
2) El blogger adjudica el papel del paciente divinal Odiseo al sufrido lector, quien, sin saber exactamente qué dice el libro reseñado, qué los muchos autores citados y qué el articulista, prácticamente sólo echa en falta que aparezcan la banalidad del mal de Arendt y el fin de la historia de Fukuyama. ¡Ah, pero eso sería el conocimiento inútil de Revel!
Un fuerte abrazo, D. Alfonso.