viernes, 24 de diciembre de 2010

Antífona de entrada. Navidad.1 / cf. Éxodo 16,6s

Hoy vais a saber que el Señor vendrá y nos salvará, y mañana contemplaréis su gloria (cf. Ex 16,6s).
Así comienza la misa vespertina de la vigilia de Navidad. Toda celebración eucarística es memorial del misterio pascual y del único misterio que es la vida de Cristo. Aunque hablamos de distintos misterios y el central sea el de su muerte y resurrección, sin embargo toda su vida es un único misterio de revelación, redención y recapitulación. Habiendo multitud de misterios, la vida de Jesús es un único misterio; cada uno remite a los otros y en cada misterio singular encontramos los demás. En todos ellos, en todas sus palabras y acciones se revela la intimidad divina, se realiza la salvación de nuestros pecados y Jesús restablece al hombre en su vocación primera. En cada misterio, encontramos el misterio y el todo está en cada uno de ellos.

En la Eucaristía, encontramos esto. Siendo memorial del misterio pascual, a lo largo del año litúrgico, la celebración de los misterios de Cristo, pone de manifiesto la unidad de todos en el único misterio que es su vida. Esto es especialmente claro en la liturgia de la Palabra; centrada en la proclamación de algún misterio, en la redacción de uno de los cuatro evangelios del único Evangelio, la lectura del pasaje evangélico enriquece las otras lecturas y éstas hacen brillar el paso del Señor escuchado: la unidad de la Biblia se hace patente a la fe en el misterio de la vida de Cristo. Y la liturgia de la Palabra queda acrecida por el misterio eucarístico y éste manifiesta su riqueza con el eco de la Sagrada Escritura en el contexto de la celebración litúrgica.

La celebración eucarística es lugar para la certeza de la fe. Hoy es momento de saber de su nacimiento y de su gloria. Y el misterio de su Nacimiento nos remite a su venida sacramental, a la presencia de su cuerpo y su sangre, pero también a su Parusía. Y todo ello nos remite al misterio de la contemplación de su gloria por toda la eternidad. Cada uno de sus misterios nos revela al Dios que veremos cara a cara, nos purifica de lo que nos separa del cielo y es causa de nuestra divinización.

[Un comentario a la antífona de comunión de la misa vespertina de la vigilia de Navidad lo tenéis aquí]

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"Se ha de presuponer, que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve" (San Ignacio de Loyola).