miércoles, 5 de febrero de 2020

Una conferencia del Card. O’Malley


Esta mañana he podido asistir a una conferencia que el Cardenal O’Malley ha dictado en la Universidad San Dámaso en torno a la evangelización en la gran ciudad. Es la primera vez que lo he escuchado en directo, nunca es lo mismo un vídeo en YouTube o la entrada de un blog; me ha dado una gran impresión.

Su exposición no ha sido teórica ni en el sentido de sacar unas conclusiones universales de su experiencia ni en el de especular racionalmente sobre qué sería lo ideal a hacer. Con claridad, sencillez y simpatía, esto último tanto por la cercanía como por el sentido del humor, ha ido contándonos algunos de los problemas que, como arzobispo, ha tenido que ir afrontando y el modo en que ha tratado de irlos solucionando: desde el seminario y las vocaciones hasta la celebración de la Eucaristía, pasando por el terrible drama de la pederastia, la emigración, la economía, etc.


Con independencia de lo que en cada cuestión haya llevado a cabo, ha mostrado un modo de hacer pastoral muy concreto. La evangelización la entiende como un deporte de contacto, es decir, lo fundamental es la relación personal, tú a tú; lo que no quiere decir que esto no se pueda hacer en redes sociales. Los problemas hay que verlos cara a cara, con frescura, sosiego y apertura de mente. Las soluciones no pueden ser las de antaño, hay que buscar las que pida la circunstancia y ser constantes en su puesta en marcha, con flexibilidad para rectificar. Lo importante son las personas. Y lo central es el Evangelio, que se ha de vivir en un momento histórico concreto y en un lugar, pero que no puede ser sino el Evangelio.

Al final de su intervención, ha recibido un caluroso y prolongado aplauso. Me ha dado la impresión de ser un hombre de Dios.



P. D.: Perdonadme por las horrorosas fotos. Esto pasa cuando no se lleva una cámara de verdad y solamente el teléfono.

1 comentario:

  1. Muchas gracias por la noticia, don Alfonso.

    El vídeo está ya en el canal de Youtube de San Dámaso. Comento después de ver el comienzo, cuando el cardenal cuenta el primer sermón que dio como capellán de prisiones, y la cosa promete, je, je.

    Un abrazo.

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