1Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. 2Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. 3María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. 4Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: 5«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?». 6Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando. 7Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; 8porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis». 9Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. 10Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, 11porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.
Servir a sus necesidades de hombre, de comer y de ser sepultado adecuadamente, pudiera parecer que fuera un privilegio de los contemporáneos de Jesús, como si solamente aquéllos pudieran emplear sus posibles en festejarlo y embalsamarlo.
Pero Jesús nos regala los pobres y nos regala como pobres a los demás: «A los pobres los tenéis siempre con vosotros». Estos dramáticos días de pandemia, ciertamente nos recuerdan nuestra pobreza y limitación, que no somos dioses. Pero también nos traen muchas pobrezas a las que no podemos dar la espalda.
Tenemos grandes pobrezas ante nosotros de enfermedad y muerte, de familiares que no pueden acompañar a sus seres queridos ni en el hospital ni a la sepultura. Conocidos que arriesgan su vida a diario. Y personas que se están empobreciendo materialmente. Es posible que alguno de los que estéis leyendo esto estéis pasando por esta situación.
Cuando termine la crisis sanitaria, nos habremos empobrecido notablemente. Las grandes cifras económicas nos abrumarán, pero, ante todo, tendremos personas con rostro propio sumidas en la necesidad, podremos serlo nosotros mismos, podemos estarlo siendo ya.
¿Será necesaria simplemente la solidaridad? Sería añadir pobreza a pobreza. Que no nos sigan engañando, que no nos despojen además de lo que somos. Lo que necesitamos es amor fraterno, ver y tratar al otro como hermano, que nos traten como tales, como hijos de un mismo Padre, tratarnos con amor divino (ἀγάπη, caritas). Lo que necesitamos es caridad, una inundación de caridad.
@GlosasM
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"Se ha de presuponer, que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve" (San Ignacio de Loyola).