martes, 28 de abril de 2020

Jn 6,30-35. Hambre




 30Le replicaron: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». 32Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. 33Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». 34Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan». 35Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

Además de los que ya pasaban hambre, como consecuencia económica de esta pandemia, son más los que la están pasando ya y otros más se irán añadiendo conforme la crisis económica se vaya haciendo cada vez más patente y los ahorros de muchos vayan mermando.

Entre ellos hay creyentes y, sin embargo, Jesús les dice que el que a Él vaya no tendrá hambre. Ciertamente no tendrán hambre de divinidad, ésa la sacia Jesús. Como dice la carta de Santiago: «Escuchad, mis queridos hermanos: ¿acaso no eligió Dios a los pobre según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?» (Sant 2,5).

Pero eso no quita que muchos hermanos en la fe no puedan pasar hambre. En la misma epístola leemos:
Hablad y actuad como quienes van a ser juzgados por una ley de libertad, pues el juicio será sin misericordia para quien no practicó la misericordia; la misericordia triunfa sobre el juicio. ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario y uno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro (Sant 2,12-17).
Así pues, éste es un momento para que el mundo vea que los hermanos en la fe nos amamos los unos a los otros no solamente con palabras bonitas, sino procurando que no le falte de comer al que pase hambre.

Pero también, como el buen samaritano, vamos a encontrar a muchos, que no son hermanos en la fe, tirados en la cuneta de la historia. ¿Quién es nuestro prójimo? El que te encuentres con necesidad. El amor al prójimo es amor a quien tiene necesidad de ser amado no solamente con palabras. El amor al prójimo es amor al distante que está necesitado de que lo aproxime con mi amor y le dé, en este caso, de comer.

Y a quienes no tengan hambre de comida, que Dios les conceda la dicha del hambre y de la sed de justicia.

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