domingo, 19 de julio de 2009

Antífona de comunión TO-XVI.1 / Salmo 111,4s

Ha hecho maravillas memorables; el Señor es piadoso y clemente: él da alimento a sus fieles (Sal 111,4s).
Las maravillas que ha hecho el Señor son memorables. La gran maravilla de entre las maravillas es el misterio pascual, el sacrificio de nuestra salvación y es memorable en modo maravilloso. No solamente es digno de recuerdo. Con la memoria, la imagen de los hechos del pasado que se nos han quedado grabados y yacen en el inconsciente, los traemos al presente de la percepción de nuestra atención interna; de algo decimos que es evocador, de manera muy especial los olores, cuando hace que esto tenga lugar. Pero en la Eucaristía no se hacen presentes en el plano consciente imágenes o conceptos que estuvieran en lo inconsciente, sino que es el único sacrificio de la Cruz el que se hace presente a nosotros en la celebración.

Pero no solamente es memorial de la pasión, sino que también es comida, precisamente por hacerse presente ese sacrificio. La víctima es ofrecida al Padre y es también alimento para los fieles. Pero como don, no como conquista. El mismo que es la víctima y el alimento es el Sacerdote que ofrece al Padre y la da como alimento, se nos da. Y se nos da a los fieles, la fidelidad a Él es lo que nos hace receptivos al don; la infidelidad nos lo niega, pero tenemos el don del perdón en la penitencia para poder recuperar esa fidelidad. Poco antes de la comunión, hemos pedido en el Padre Nuestro el pan nuestro de cada día y al acercarnos a comulgar vemos cómo Dios responde a nuestra petición. Ahí palpamos, una vez más, su piedad y clemencia.

Mas la Eucaristía nos mueve a un nuevo prodigio. A que los que hemos comulgado hagamos presente en el mundo el misterio de la cruz siendo de verdad, por medio de la comunión entre nosotros, el Cuerpo místico de Cristo y también cargando con la cruz en los asuntos cotidianos. Y también a que demos de comer, a tantos hambrientos, el pan de la palabra y el alimento corporal a tantos necesitados.

3 comentarios:

  1. "... la fidelidad a Él es lo que nos hace receptivos al don; la infidelidad nos lo niega, pero tenemos el don del perdón en la penitencia para poder recuperar esa fidelidad."

    Poder empezar de nuevo cada día.
    Estar siendo creado de nuevo en cada instante.
    Llegar a ser capaz de TODO.

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  2. Y ahora tengo una pregunta personal al respecto de La Eucaristía, pero si estas en Madrid o cerca en el proximo mes quiza nos vemos y entonces.

    Gracias por tu blog y todo lo que vuelcas en el..Espero seguir leyendo despues del verano

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