sábado, 12 de diciembre de 2009
Dime mi nombre
diciéndole quién era
ella,
diciéndole su nombre.
No había distancia
con aquella palabra
tantas veces oída;
sus sones mamados
en maternales labios.
Y, al oírla en su juego,
sentí orfandad nueva:
nudo también de nombre.
Espacio para pedir
el candor de una piedra.
1 comentario:
Os animo a enviar vuestros comentarios. Por favor, tened en cuenta que:
- El autor del blog se reserva el derecho de borrar total o parcialmente los comentarios que considere inaceptables, ya sea por no ajustarse al tema de la entrada publicada, por contravenir la Política de contenido de Blogger o por otros motivos.
- Si quieres incluir un enlace que contribuya a enriquecer el tema, es imprescindible que lo acompañe una breve descripción o resumen de su contenido.
- Se podrán bloquear todos los comentarios de un visitante que suplante a otra persona o reiteradamente infrinja las normas.
- Si se desea hacer un comentario sólo para el autor del blog y que no se publique, basta con indicarlo en el texto del mismo.
- Los comentarios no se publican automáticamente. El tiempo de demora no se puede predeterminar ya que en este blog siempre serán moderados previamente.
Quizás sea bueno que todos, antes de participar, consideraramos esto:
"Se ha de presuponer, que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve" (San Ignacio de Loyola).
El poeta y el sacerdote eran, primitivamente, uno solo. Sólo en tiempos posteriores se han escindido. Sin embargo, el auténtico poeta es siempre un sacerdote, como el auténtico sacerdote ha sido siempre un poeta. Y el futuro ¿no restaurará el primitivo estado de las cosas?
ResponderEliminarDe "Fragmentos" Novalis ca. 1790.