Ir al cine con un sobrino es una experiencia inolvidable, si además la película es Toy Story 3, hay motivos añadidos para recordarla y comentarla.
Los personajes-juguetes principales de la saga, Woody y sus amigos, cuando su dueño Andy está a punto de irse a la universidad, se encuentran con una serie de azarosos acontecimientos que darán con ellos en una guardería. Allí se van a ver sometidos a la tiranía de un grupo de juguetes y a las trastadas de los niños más pequeños.
Se trata de una cinta muy bien hecha, de la que se han destacado muchos aspectos; por encima de todos, también de los técnicos, subrayaría el inteligente guión, que nos brinda una historia con multitud de valores y en la que tenemos un final feliz. Éstos no tienen nada de malo. ¿Por qué están tan denostados? Ciertamente los hay muy cursis, pero , cuando es así, están a tono con el resto de la película, con los microvalores que maneja. En nuestro caso, la situación final de la narración tiene que ver mucho con lo que en ella se dilucida y ahí está la cuestión.
La película engarza sus valores en torno a uno fundamental: la libertad, con lo que lleva ésta de la mano, la responsabilidad, el sentido, el bien y el mal. Frente a múltiples circunstancias adversas, los personajes van eligiendo y, al hacerlo, se van definiendo. Nada está dicho de antemano sobre ellos.
Cesare Lombroso, por ejemplo, se ve desmentido una y otra vez. Un oso de peluche de aspecto amoroso, junto con otros dos personajes, ha sufrido una situación de abandono y decide convertirse en el malo de la película; pese a la ocasión de redención que se le presenta, reafirma su decisión primera. En cambio, sus otros dos compañeros tienen trayectorias distintas. Otro tanto podríamos decir de la muñeca Barbie. A pesar de su apariencia, muestra una tremenda gallardía y determinación en la historia, aunque su aspecto pudiera hacer pensar que fuera la primera en derretirse ante las dificultades.
Sin libertad, ¿qué sentido pueden tener los demás valores? Es más, ¿cabría hablar de ellos? La historia es una gran evasión. Pero estar libre de unas rejas es poca cosa, hay una libertad mayor, la libertad para definirse en orden a un fin. Y ésta es la gran evasión a la que nos puede invitar la película: salir del determinismo materialista en que nos quieren encerrar y no precisamente un oso de peluche y sus compinches.
Los finales felices nos hablan de un tipo de hombre preñado de esperanza. Los buenos finales felices están abiertos, aunque sea implícitamente, a más. Los oscuros predican un ser humano encerrado en la materia o cualquier otro determinismo que no puede trascender la situación. Ciertamente la vida es dura y los fracasos son frecuentes. Pero hay una gran diferencia entre la tragedia y el drama. Aquélla nos sitúa en la fatalidad del destino. En el drama, el hombre puede darle un sentido hasta a la derrota, puede ir más allá de lo negativo. En el drama, aunque no se explicite, late la fe en la libertad y ésta solamente es posible, si hay algo más, si hay un valor último, eterno e infinito, que sea la posibilidad de todas nuestras posibilidades.
Y, claro, Toy Story 3 es también una hermosa historia de amistad.
Los personajes-juguetes principales de la saga, Woody y sus amigos, cuando su dueño Andy está a punto de irse a la universidad, se encuentran con una serie de azarosos acontecimientos que darán con ellos en una guardería. Allí se van a ver sometidos a la tiranía de un grupo de juguetes y a las trastadas de los niños más pequeños.
Se trata de una cinta muy bien hecha, de la que se han destacado muchos aspectos; por encima de todos, también de los técnicos, subrayaría el inteligente guión, que nos brinda una historia con multitud de valores y en la que tenemos un final feliz. Éstos no tienen nada de malo. ¿Por qué están tan denostados? Ciertamente los hay muy cursis, pero , cuando es así, están a tono con el resto de la película, con los microvalores que maneja. En nuestro caso, la situación final de la narración tiene que ver mucho con lo que en ella se dilucida y ahí está la cuestión.
La película engarza sus valores en torno a uno fundamental: la libertad, con lo que lleva ésta de la mano, la responsabilidad, el sentido, el bien y el mal. Frente a múltiples circunstancias adversas, los personajes van eligiendo y, al hacerlo, se van definiendo. Nada está dicho de antemano sobre ellos.
Cesare Lombroso, por ejemplo, se ve desmentido una y otra vez. Un oso de peluche de aspecto amoroso, junto con otros dos personajes, ha sufrido una situación de abandono y decide convertirse en el malo de la película; pese a la ocasión de redención que se le presenta, reafirma su decisión primera. En cambio, sus otros dos compañeros tienen trayectorias distintas. Otro tanto podríamos decir de la muñeca Barbie. A pesar de su apariencia, muestra una tremenda gallardía y determinación en la historia, aunque su aspecto pudiera hacer pensar que fuera la primera en derretirse ante las dificultades.
Sin libertad, ¿qué sentido pueden tener los demás valores? Es más, ¿cabría hablar de ellos? La historia es una gran evasión. Pero estar libre de unas rejas es poca cosa, hay una libertad mayor, la libertad para definirse en orden a un fin. Y ésta es la gran evasión a la que nos puede invitar la película: salir del determinismo materialista en que nos quieren encerrar y no precisamente un oso de peluche y sus compinches.
Los finales felices nos hablan de un tipo de hombre preñado de esperanza. Los buenos finales felices están abiertos, aunque sea implícitamente, a más. Los oscuros predican un ser humano encerrado en la materia o cualquier otro determinismo que no puede trascender la situación. Ciertamente la vida es dura y los fracasos son frecuentes. Pero hay una gran diferencia entre la tragedia y el drama. Aquélla nos sitúa en la fatalidad del destino. En el drama, el hombre puede darle un sentido hasta a la derrota, puede ir más allá de lo negativo. En el drama, aunque no se explicite, late la fe en la libertad y ésta solamente es posible, si hay algo más, si hay un valor último, eterno e infinito, que sea la posibilidad de todas nuestras posibilidades.
Y, claro, Toy Story 3 es también una hermosa historia de amistad.
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