sábado, 4 de abril de 2020

Semana Santa comunitaria en pandemia


Vamos a empezar una Semana Santa como no habíamos vivido nunca, una Semana Santa en que no  será posible participar en celebraciones comunitarias en muchos países. Pero eso no quiere decir que no haya de ser una Semana Santa comunitaria. Como nos recuerda el Evangelio de la misa de hoy, Jesús murió «para reunir a los hijos de Dios dispersos» (Jn 11,52).

En medio del confinamiento en que tantos se ven forzados a vivir, tenemos unos medios técnicos que hace no muchos años eran incluso impensables. Tenemos muchas posibilidades para tener momentos comunitarios, una llamada que recibí ayer me lo hizo pensar. Además de las retransmisiones televisivas, podemos hacer más cosas.

Como estas propuestas, se pueden ocurrir otras muchas. ¿Por qué no ponernos de acuerdo con gente cercana, de la parroquia o del movimiento para hacer cosas juntos en la distancia? ¿Por qué no ir más allá de aquéllos con los que vivamos bajo el mismo techo? ¿Por qué no unir varias familias?

DOMINGO DE RAMOS: No vamos a poder aclamar a Jesús con unos ramos, pero podemos cantar desde casa un himno de alabanza. Ponte de acuerdo con alguien y, aunque cantéis mal y el miedo al ridículo sea enorme, hacedlo por teléfono juntos o con alguna aplicación que permita que varios lo hagáis al mismo tiempo. O,  sin medios telemáticos, cada uno en su casa cantar.

JUEVES SANTO: No vamos a poder ir a adorar al Santísimo, pero, lo mismo que podemos hacer estos días la comunión espiritual, también podemos hacer adoración espiritual. Mira en tu ordenador dónde está el Sagrario más cercano a tu casa, ponte de acuerdo con alguien y a la hora a la que quedéis, arrodillaos orientados al Sagrario que esté más cerca de cada uno y estad un rato juntos adorando. Como es el día del amor fraterno, reza de manera especial por los que murieron, por los enfermos, por los que arriesgan su vida por otros, por lo que se están empobrecido seriamente, que son y serán muchos,...

VIERNES SANTO: ¿Qué tal un Via Crucis telemático entre varios? Ésta fue la propuesta que me hicieron por teléfono.

SÁBADO SANTO: No vamos a poder asistir a la más importante celebración del año litúrgico, la Vigilia Pascual. Ya que no podremos participar en su lucernario, podríamos, cuando ya sea de noche, encender una vela y ponerla en el alféizar de la ventana, una luz en la oscuridad que anuncie la resurrección del que es la Luz del mundo.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN: Aunque no puedas salir a la calle, aséate y vístete como si fueras de fiesta. Y, si tienes una campana o, si no, con una copa de cristal o algo con que se pueda hacer un hermoso sonido, no se trata de una cacerolada, abre la ventana a las 12:00 del medio día o a la hora a la que puedas unirte a la campana de una iglesia y anuncia con tu sonido que Jesús ha resucitado.

En cualquier caso, vive la Semana Santa lo mejor que sepas y puedas. Seguro que tienes ideas mejoresCuídate y cuida a los de tu alrededor y no te olvides de ayudar y pedir por los que lo necesiten.

Un Salvador

Jn 11,45-57




45Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. 46Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. 47Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. 48Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación». 49Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; 50no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». 51Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; 52y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. 53Y aquel día decidieron darle muerte. 54Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. 55Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. 56Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?». 57Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.


Tras la resurrección de Lázaro, nos cuenta el evangelista, que muchos de los asistentes a la misma creyeron en Jesús; en cambio, otros fueron a contárselo a quienes tramaban contra Él. Los hechos y palabras de Jesús nos dejan en libertad, nunca nos la arrebata. Dios nos creó libres y le gusta su creación.

Todos los acontecimientos de la historia y todo lo que sucede en la naturaleza son también una palabra de Dios para con nosotros. Esta pandemia también lo es, no solamente en lo que tiene de natural, sino también lo que tiene de hecho histórico, con todo lo que eso envuelve, con todos los actores y todo cuando va aconteciendo.

Y, ante eso, estamos en libertad. Podemos escuchar en profundidad en lo que tiene lugar a nuestro alrededor o, por el contrario, hacer oídos sordos e intentarlo reducir a nuestros pre-juicios e ideologías. Lo mismo que Dios nos deja libres es necesario que nosotros también lo dejemos hablar. Porque más allá de lo obvio de los acontecimientos, hay también en ellos una significación trascendente, que está más allá de lo que nos sale inmediatamente al paso.

Allende lo aparente, tras todo lo que se da en la historia, hay una palabra salvadora. Sin quererlo, el Sumo Sacerdote Caifás nos dio la interpretación justa.

Bajo todo el horror que estamos viviendo de muertes y enfermos, bajo el peligro que corren tantas personas que arriesgan su vida por los demás, bajo la incertidumbre económica y las penurias políticas,... tenemos un Salvador.

@GlosasM

viernes, 3 de abril de 2020

Semana Santa en casa

La Conferencia Episcopal Española ha publicado una guía para poder celebrar en casa la Semana Santa. Unos lo podrán hacer en familia, otros solos bien por estar confinados así bien por ser el único creyente en su casa. En cualquier caso, además de las retransmisiones televisivas o por otros medios, es un magnífico instrumento.

Por si a alguno le viene bien, en este mismo blog escribí un Via Crucis en 2009.



[Esta foto no está sacada desde mi ventana. Está tomada en Loyola, es de la basílica de S. Ignacio]

Sin dejar de verlo

Jn 10, 31-42




31Los judíos agarraron de nuevo piedras para apedrearlo. 32Jesús les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?». 33Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios». 34Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? 35Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, 36a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? 37Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, 38pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre». 39Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. 40Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. 41Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad». 42Y muchos creyeron en él allí.

Viendo cómo Jesús va siendo poco a poco cercado a lo largo de los Evangelios, cómo el complot paulatinamente se va llevando a cabo, uno se va dando cuenta de que, entre otras cosas, se le quiere hacer invisible, inaudible, intocable,... Se quiere ocultar la Verdad, se la quiere tapar. Les resulta insoportable ver su bondad, verla manifestada en sus obras. No quieren ver el fulgor de su divinidad manifestado en su humildad. ¡Y qué mejor forma de hacerlo que matarlo y meterlo en una tumba!

Hay muchas formas de ocultar algo, una de ellas es conseguir que se mire en otra dirección, atraer la atención hacia otra realidad. Es lo que suelen hacer los magos... y también los estafadores. Pero esto también nos pasa involuntariamente sin necesidad de que alguien nos dis-traiga.

En la vida ordinaria, cuántas cosas buenas nos distraen de cosas mejores. La carrera profesional, con lo buena que sea, cuántas horas nos quita de mirar a la familia. Los gustos personales, cuánta atención nos hurtan que podríamos dedicar a los demás.


En tiempos de pandemia, la covid-19 absorbe todo nuestro interés. Estamos pendientes de las noticias. Vemos todo tipo de vídeos con explicaciones sobre cómo hacer mascarillas, gel desinfectante casero, etc. Nuestra mente da vueltas a cómo organizar las cosas para evitar contagios al salir a comprar a la calle. La preocupación por la salud de los seres más queridos, por la situación económica tan alarmante, por que pueda haber quien trate de aprovechar la situación para malbaratar nuestros derechos,...

Todo esto está muy bien. Pero lo inmediato, lo urgente, no puede hacernos perder la vista de conjunto, no puede hacernos perder lo más importante, lo único que da la medida exacta de la importancia y urgencia de nuestros asuntos. Es más, precisamente esa emergencia de las cosas requiere que todo lo veamos desde la más amplia perspectiva, que no es otra que Jesús. Desde Él se afrontan mejor las dificultades, desde Él se ve todo en su dimensión justa.

Hay muchas formas de ocultar a Jesús, también muchos lugares donde verlo. En lo urgente, alarmante, inmediato,... también podemos ver su amor y, viendo en todo su amor y en su amor todo,  dejando que sea Él quien atraiga mi atención, se ven con más claridad las cosas. También las que no se pueden posponer de ninguna manera.

@GlosasM

jueves, 2 de abril de 2020

Más allá

Jn 8,51-59




51En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre». 52Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? 53¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?». 54Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, 55aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. 56Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría». 57Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?». 58Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy». 59Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.


Estos días estamos viendo todos la muerte cerca y de muchas maneras. Vemos cerca la muerte de la economía en muchos aspectos y de la vida que hasta ahora llevábamos, vemos amenazada la vida de un régimen político y de un orden mundial. Pero, ante todo, vemos rondando la muerte.

Toda seguridad, por grande que sea, ante la muerte no garantiza nada, ella lo arruina todo. Pese a que muchos son los que quieren convencernos de que debemos aceptar nuestra finitud y no tener que esperar nada más, sin embargo, nos resistimos a morir, no queremos dejar de existir, queremos seguir siempre siendo y siendo más, queremos poder amar eternamente a quien amamos.

Estamos en unos días que son una gran invitación a meditar sobre la muerte, a palpar en nosotros mismos que no solamente mueren los hombre, sino que también muero yo, no pensarlo, sino sentirlo profundamente.

Y, junto a la muerte, acecha con ella el temor y el peligro de ser esclavizados por el miedo a ella.

Acampar en la Palabra es vivir en el ámbito de la libertad y también el lugar que, no negando que muramos, nos lanza más allá de la muerte: «Quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».

@GlosasM

miércoles, 1 de abril de 2020

En libertad

Jn 8, 31-42





31Dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; 32conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». 33Le replicaron: «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?». 34Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. 35El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. 36Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. 37Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros. 38Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre». 39Ellos replicaron: «Nuestro padre es Abrahán». Jesús les dijo: «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. 40Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán. 41Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre». Le replicaron: «Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios». 42Jesús les contestó: «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió.

Una de esas sentencias que suelen repetirse por inercia cultural, sin saber muchas veces quien lo hace su contexto, es parte de una de las de este pasaje: «La verdad os hará libres». Y, por ello, sin caer en la cuenta de que el camino de liberación es más largo: «Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». Podemos alcanzar muchas verdades, pero el camino de la verdad, por ello, también el camino de la libertad, no el de simples libertades, no lo es cualquiera, sólo lo es uno.

En medio del horror de la pandemia, pudiera tenerse la sensación de merma de libertad, peor, en realidad solamente tendría que ser de algunos de sus aspectos o de las llamadas libertades.

El confinamiento forzado ciertamente pone entre paréntesis nuestra libre circulación. La posibilidad de contagiar nos impide tener contactos. La situación del enfermo, su estado de debilidad, merma notablemente el abanico de sus posibilidades de acción. Pero, en medio de todas esas limitaciones, incluso en medio del más extremo sufrimiento, se puede seguir ejerciendo el arte de vivir –como diría V. Frankl–, se puede ser el hombre más libre sobre la tierra.

Pero esas "cárceles" sobrevenidas y no buscadas pueden ser también reveladoras de algunas de nuestras esclavitudes, de algo de lo que nos ata desde dentro y que sí ha sido fruto de nuestras elecciones. En algunos casos, tal vez pueda ser la gran oportunidad de su vida, en que poder palpar que, creyéndose libre, en realidad, no era sino un esclavo. Es más, un esclavo que no puede manumitirse a sí mismo, sino que necesita que alguien pague el precio de su libertad.

Permanecer en las casas puede ser un momento para descubrir la necesidad de permanecer en la Palabra o para que se reavive el deseo de estar ahí.



@GlosasM

martes, 31 de marzo de 2020

A quién encontrar

Jn 8,21-30 



21De nuevo les dijo: «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros». 22Y los judíos comentaban: «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?». 23Y él les dijo: «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. 24Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que “Yo soy”, moriréis en vuestros pecados». 25Ellos le decían: «¿Quién eres tú?». Jesús les contestó: «Lo que os estoy diciendo desde el principio. 26Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él». 27Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. 28Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. 29El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada». 30Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

Una y otra vez aparece  el "Yo soy" (אהיה, Ἐγώ εἰμι) que nos remite al paso de la zarza ardiente en que a Moisés se le revela el nombre de Dios. Ahí está la respuesta a la pregunta que le están haciendo a Jesús, que todo su modo de actuar despierta a su alrededor: «¿Quién eres tú?».

La respuesta está ante todo en un encuentro personal. Y Jesús nos remite al momento en que con más claridad se muestra, que es precisamente el que los hombres consideraríamos como aquél en que más se oculta, su cruz salvadora: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”».

Esta terrible situación de la pandemia es ocasión para muchas cosas; cada uno de nosotros, sea lo que sea lo que nos toque hacer –encierro, asistencia a los demás, trabajos imprescindibles, etc.–, puede escoger ir en una dirección o en otra. Las coyunturas de la vida siempre son un reto para nuestra libertad, podemos elegir, no podemos dejar de hacerlo. Pero lo que nadie nos quita es que elijamos nosotros, por muy impuestas que estén las circunstancias, por muy escasas que sean las posibilidades.

Una pandemia también es ocasión para el encuentro, para el encuentro con los otros, especialmente con los que más sufran, con los más necesitados. En medio de este horror, en el sufrimiento, la pandemia también es ocasión para el encuentro con Jesús, para el encuentro con Dios. Acaso para reencontrarlo o para reconocerlo por primera vez.

@GlosasM