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viernes, 27 de febrero de 2009

El camino del reloj de arena

El tono de una sociedad viene marcado por nuestros pequeños síes y noes. Una de las decisiones más importantes que podemos tomar es que sean otros los que lo hagan por nosotros, dejarnos llevar cómodamente por la corriente.

Esto puede parecer algo insignificante. Al abandonarse uno a los flujos de las mareas no se mata a nadie ni se hace nada que pueda parecer monstruoso. La vida, en principio, parece que no cambia.

Y, sin embargo, el ahorrarnos los pequeños síes y noes va formando un creciente montón de irresponsabilidades. Con una pequeña dejación sobre mi vida, he abierto una vía de noes continuos al ejercicio de la responsabilidad.

En los regímenes totalitarios, los grandes crímenes fueron posibles por los muchos que decidieron ahorrarse la molestia de tomar pequeñas decisiones. Los terribles efectos de los pecados mortales se vieron multiplicados por los que decidieron que de forma indolora e inconsciente se fuera sedimentando en su vida un banco de pecados veniales.

Es duro tomar postura frente al flujo dominante. Pero los pequeños noes a lo mayoritario nos van haciendo. Como en la figura de un reloj de arena, conforme uno va tomando postura, el círculo social entorno a uno va decreciendo. Puede llegar un momento en que uno se encuentre muy solo. Pero entonces el círculo empieza a crecer.

Conforme va diciendo uno que no, en lo cotidiano, a una determinada configuración de valores y va apostando por un mundo jerarquizado axiológicamente entorno a Dios, además de ir purificándose de afectos desordenados, va tomando distancia de quienes sostienen la falsa escala de valores. Esto va acercando a la soledad y al solitario encuentro con Dios, pero también al descubrimiento de  quienes no han doblado las rodillas ante los baales (1Re 19).

sábado, 14 de febrero de 2009

Isonomásticos, coañeros y coanuales

La vitalidad de una sociedad se puede ver en la capacidad que tiene para enriquecer e innovar la propia lengua desde la idiosincrasia de ésta. Cuando lo que domina es la copia, es señal de que la propia cultura, que está contenida en la lengua a presión de siglos, se encuentra o enferma o moribunda. Y las culturas no son sino el cultivo de la realidad desde una jerarquía de valores ordenada en función de un fin último.

El enriquecimiento viene cuando quedan descubiertos nuevos senos de la realidad; entonces la lengua necesita decir eso hasta entonces ignoto. Hay épocas en que las innovaciones tienen carácter técnico. En cambio otras abundan en neologismos filosóficos y teológicos; indicio de que se ha buceado en mayor profundidad.

Sería interesante observar qué es lo que necesitan las distintas épocas. No es lo mismo, igual que en literatura, que primen los adjetivos, los sustantivos o los verbos. Sospecho que los períodos de enriquecimiento en conjunciones o preposiciones tendrán necesidad de expresar mejor la articulación de la realidad y su dinamismo. Y qué decir del enriquecimiento o empobrecimiento de los tiempos verbales. Nosotros estamos asistiendo a la desaparición del subjuntivo; con él se esfumarán probablemente posibilidades de entender e imaginar.

La ausencia de una palabra nos dice que algo no ha sido visto o sentido como necesario. Tenemos un vocablo para hablar de quien ha perdido a su cónyuge o a quien ha perdido a los padres, pero no a quien ha perdido a un hijo. Soy viudo, soy huérfano, soy... Silencio; el dolor por quien lo habitual decía que moriría después se ve tal vez incrementado por no poder tener una palabra con que decirlo.

Ayer, hablando con un amigo, nos entretuvimos haciendo de neólogos. El nombre y la fecha de nacimiento es algo con lo que nos identificamos. Al que tiene el mismo nombre lo llamamos tocayo, pero ¿cómo llamar a quien cumple años el mismo día? Yo conozco a varios, son mis... coanuales. Y, si además nacieron también el mismo año, son mis coañeros. En los coanuales y coañeros, nos damos cuenta de una cosa, las estrellas no marcan nuestro destino.

¿Y a quien, además de ser tocayo, celebra el mismo santo? Porque hay muchos nombres que tienen muchos santos en el calendario. Los tales son mis isonomásticos. Y esto es algo hermoso, con ellos estoy bajo el amparo del mismo hermano que está en el cielo.

Como veis, hoy ha tocado un pequeño entretenimiento.