sábado, 31 de enero de 2009

Unidos hacia el Padre

Dios quiere que todos los hijos pródigos, lo somos todos, vuelvan a la casa paterna. Hacerlo solamente se puede hacer de una manera, a hombros del Buen Pastor. El ecumenismo busca que todos los cristianos recuperemos la unidad. Lo cual solamente es posible, como ha recordado recientemente el Papa, por la conversión. En la medida que nos dejamos llevar sobre los hombros de Cristo, estaremos unidos en Él.

El levantamiento de la excomunión a los obispos lefebvrianos ha sido un paso en esta dirección. Quedan cosas por pulir, pero supongo que en las conversaciones habrá quedado claro lo fundamental y la buena voluntad. Al parecer el principal responsable del grupo acepta el Concilio Vaticano II. Y Williamson ha pedido perdón al Papa por sus declaraciones sobre el Holocausto; ¿no es esto un gesto de reconocimiento del ministerio petrino?

Hay más buenas noticias. Un nutrido grupo de anglicanos, Traditional Anglican Communion, que lleva ya un largo proceso de acercamiento, podría en breve incorporarse plenamente a la Iglesia Católica.

Sin embargo, no deja de haber nubes oscuras. Küng, un grupo de teólogos y Boff no ven con buenos ojos lo de los lefebvrianos. En la Iglesia, siempre ha habido una gran pluralidad de corrientes teológicas, espiritualidades, devociones, etc., pero dentro de la comunión. Éste es el asunto, libremente en comunión y comunionalmente libres.

Todos somos responsables de ello, pero de manera especial el Papa; aunque el único que la hace posible es el Espíritu Santo. Sintámonos con libertad y dejemos que también la tengan los demás, por muy carcas que sean. Y busquemos estar en comunión, solamente en ella puedo ser verdaderamente libre. La libertad que la rompe es ejercicio de soberbia, porque no es cobrar firmeza apoyándose en los hombros del Buen Pastor, sino afirmarse en uno mismo.

viernes, 30 de enero de 2009

El Mesías de Händel XXVI

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El versículo de Isaías que nos está cantando la contralto termina así: "Y le pondrá por nombre Emmanuel" (Is 7,14); y el libretista traduce: "Dios con nosotros". S. Mateo encuentra que este oráculo se cumple en lo que le está anunciando el ángel a José sobre María y el Niño que lleva en su seno y le encarga que le ponga por nombre Jesús (Mt 1,22s).

Este pasaje del evangelio nos puede decir mucho de cómo nos acercamos a la Escritura. ¿Cómo es posible que se cumpla si Emmanuel no es lo mismo que Jesús? ¿Cómo es posible si uno significa Dios con nosotros y el otro el Señor salva?

El cristianismo no es propiamente religión del libro y menos si la inspiración bíblica se entiende como un dictado. En este versículo del evangelio de S. Mateo encontramos algunas de las claves para entender la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Y también es un escrutinio para que conozcamos si hemos de cambiar o no nuestra forma de escuchar la Palabra.

Literalmente Jesús quiere decir el Señor (Yh) salva y en este nombre está contenida toda la revelación. A ese Niño se le llama de muchas maneras en el AT: "Yo lo llamaré con este nombre: 'El-Señor-nuestra-justicia' " (Jr 23,6); "Es su nombre: Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz" (Is 9,5); etc.

Y en el NT se le llama también: Señor, Yo soy, Hijo de Dios, Hijo del hombre, Hijo de David, Cristo, Cordero de Dios, Santo, Justo, Príncipe, el Profeta, Piedra rechazada por los arquitectos, Juez de vivos y muertos, Redentor, Salvador, Maestro, etc.

Y Jesús se llama a sí mismo de muchas maneras: Luz del mundo, Buen Pastor, Puerta, Camino, Verdad, Vida, Vid Verdadera, Pan de vida, etc. Por eso, María, cuando dice que se haga en ella conforme a la palabra recibida del ángel, está también pidiendo: "danos hoy nuestro pan de cada día". Jesús, el Pan de vida, que es donador de todo pan.

Todos estos nombres se contienen en Jesús y Jesús quiere decir todo esto. Tras su muerte y resurrección, cantaban los primeros crisitanos:
Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo, y toda lengua proclame: "Jesucristo es Señor" para gloria de Dios Padre (Flp 2,9ss).
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jueves, 29 de enero de 2009

El Mesías de Händel XXV

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Al decir "hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38), María está pidiendo que sea Dios quien lleve a cabo todo cuanto le ha dicho el ángel, pero no sin ella. La gracia divina y la libertad de la Virgen concurrirán para llevarlo a cabo.

Una de las cosas que le ha dicho el mensajero divino es que tiene que poner un nombre al Hijo de Dios. Orar a Dios en su sí es decirle también "santificado sea tu Nombre". Su misión incluye ponerle un nombre, con todo lo que esto implica, al que es Dios. Para no tratar a Dios como a las cosas cuando lo nombramos, necesitamos su gracia. El nombre de Dios debe recibir en nuestro corazón y en nuestros labios la actitud debida a Dios mismo.

María está sobrecogida. Al rezar los salmos, como su pueblo, se ha dirigido a Dios muchas veces y, en lugar de su Santo Nombre, por reverencia, como cualquier piadoso judío, ha dicho Señor. Ahora va a tener que ponerle un nombre, como había anunciado Isaías 7,14; pero cuando lo tenga en sus brazos y arrulle, cuando lo llame mientras juegue, al hablar con Él,... tendrá constantemente su nombre en los labios. Su vida se va a convertir en un continuo acto de santificación del Nombre.

El ángel le ha dicho que el niño va a reinar sobre el trono de David y que su reino no va a tener fin. Cuando desde la más extrema humildad María dice sí, está diciendo "venga a nosotros tu Reino". Está pidiendo a Dios que su Hijo salga a los caminos y diga: "El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca, convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1,15). Que explique en sus parábolas y manifieste en sus hechos cómo es su modo de ejercer la soberanía.

Y también está pidiendo que sea coronado de espinas y entronizado en la cruz: "Este es Jesús, el Rey de los judíos" (Mt 27,37). Que sea glorificado tras la muerte y entronizado a la derecha del Padre y que al final de los tiempos venga en su gloria.

Y claro, que se haga la voluntad divina en la tierra como en el cielo. Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, en quien se unen cielo y tierra, es quien siempre cumple la voluntad del Padre. María quiere cumplir la voluntad del Padre, llevar en su seno unidos el cielo y la tierra y tenga lugar ahí, en sus entrañas, lo que dice la Carta a los Hebreos:
Por eso, cuando entró en el mundo, dijo: "Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: Aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad" (Hb 10,5ss).
Tendremos que seguir glosando Is 7,14. Sin querer, nos está saliendo una pequeña mariología. Espero que no esté resultando demasiado largo o pesado.

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miércoles, 28 de enero de 2009

Un pastel envenenado

Con las primeras informaciones y sin haber podido leer todavía la sentencia, me suena a un pasteleo por el que formalmente parece que tal vez algunos se puedan sentir tranquilos, pero, en la práctica, ¿en qué va a quedar eso de no imponer criterios morales o éticos que son objeto de discusión en la sociedad? ¿Quién dice qué está dentro o no de los principios y valores constitucionales? En fin, coged con pinzas lo que diga, pues hay que ver la sentencia cuando salga. Es simplemente una primera impresión sobre unas primeras informaciones no demasiado claras.

Una mala noticia. Aunque de momento la vía judicial no ha terminado. Poco a poco va desapareciendo la patria potestad –el Estado se hará cargo de ella–,  también el ciudadano –despojado de su conciencia y, en su lugar, la ley–, la libertad –sin conciencia acabamos en la animalidad–, la justicia –el parlamento decide que es bueno y malo–, la sociedad –sin personas y sin familia, pues desaparece la patria potestad–. Sin todo esto, ¿la democracia no quedará convertida en una mascarada que encubra una tiranía?

Para los cristianos una magnífica oportunidad. Hasta ahora, la respuesta de la Iglesia y de los cristianos, en general, salvo las gloriosas excepciones de los objetores y algunos más, no ha sido precisamente muy digna de recuerdo. En general, me parece que no ha sido ni inteligente ni audaz; en algunos casos, de un pragmatismo aterrador.

Creo que esto acaso nos fuerce a dar una respuesta a la altura de los tiempos. Hace mucho que deberíamos de haber despertado de la inercia y de creeer que la espingarda con la que luchábamos era el arma adecuada a este momento. El reto es difícil. Del momento sin diluirnos en él; distintos sin convertirnos en un gueto.

[Añado a las 22:30 este enlace a un artículo que hace una lectura optimista de las noticias que, de momento, hay sobre la sentencia. Dios quiera que tenga razón]

[Esto lo añado al día siguiente. Es un artículo que hace una lectura más parecida a la mía. Los contrastes de opiniones pueden ayudarnos tener más claridad]

Aire

¿Has visto el aire?
Cosas,
mil cosas
entran ante mí
y salen.
Mas quiero ver el aire
que las acoge,
envuelve y regala.
Diáfano aire.

martes, 27 de enero de 2009

El Mesías de Händel XXIV

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En su estar aquí, María recibe la palabra que le da el ángel y desde ahí responde a ella: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Esta respuesta no es un simple sí, es también una oración; la misión que se le encomienda es muy grande. Todo lo que nos pide Dios nos sobrepasa, cuánto más ser Madre de Dios.

Su respuesta es la más libre, pues está dicha desde la ausencia de pecado. Libre de toda atadura de éste, en donde es libre María para su misión es en la gracia de Dios. La llena de gracia (Lc 1,28) es la libre en la gracia y, por ello, libre del mal y libre para lo que Dios quiera. Por ello, está libre de cualquier engaño o presunción, sabe que con sus solas fuerzas humanas no puede llevar a cabo su misión; Adán cayó en la tentación y creyó que podía él solo. El Señor está con ella, esto es un don, y María necesita que siga caminando con ella hacia este destino que ahora se le revela.

Su respuesta es la oración de un mendigo que lo necesita todo de Dios, aunque lo tenga todo de Él. Cuanto mayor es la gracia, mayor es el conocimiento de nuestra indigencia; cuanto más agraciados, más sabedores de nuestra menesterosidad. Lo mismo que en María, en el verdadero discípulo, responder afirmativamente a Dios solamente es posible si nuestro sí es una oración.

María aún no dice Padre, todavía no le habla directamente a Dios. Es el Señor; el arcángel Gabriel llevará la respuesta. Pero en ella está embrional y proféticamente presente el Padre Nuestro. María es siempre profecía de Jesús; a Él nos envía y en Él encontramos en plenitud y venido del seno de la Trinidad lo que en ella veíamos. Pero María es también cumplimiento de discipulado; es otro Jesús.

Tendremos que ver cómo está anunciada la oración que nos enseñó Jesús en la respuesta de María.

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Cabe Ti

Aquí,
quieto.
La luz
en los ojos posada
y hablándome el silencio.