domingo, 13 de septiembre de 2009

Antífona de comunión TO-XXIV.1 / Salmo 36 (35),8

¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios! Los humanos se acogen a la sombra de tus alas (Sal 36 (35),8).
En el Salmo 36, un fiel perseguido busca refugio en el Templo de Jerusalén, lugar, por excelencia, de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Va con la confianza en la misericordiosa fidelidad del Señor a su Alianza. Una imagen de la naturaleza de su entorno le viene a los labios para expresarse. En zonas desérticas, el Sol es una amenaza, mucho más para indefensas crías de ave; la madre las protege con la sombra de sus alas, lo mismo que Agar hizo con Ismael poniéndolo bajo una mata (cf. Gn 21,15). Protección de amor maternal ante el peligro.

El comulgante se acerca a su refugio, al verdadero templo, la humanidad de Cristo en donde encuentra a Dios. Y va buscando también protección de sus enemigos, de los más terribles de todos, que no son los externos, sino los internos. La gran amenaza es nuestra soberbia, ira, avaricia, lujuria,... El fiel se acerca a comulgar confiado en la fidelidad de Jesús a la Alianza que ha sellado con su propia sangre, la nueva y definitiva, y a la que el creyente se ha unido por el bautismo.

En la Eucaristía, está el frescor de la sombra de las alas de Cristo, de sus brazos abiertos en cruz. Refugio que es comunión con todos los otros hermanos en la fe. Jesús, con amor, quiere cobijar a todos, como la gallina reune a su nidada bajo las alas (cf. Lc 13,34).

Pero no es una protección que nos reduzca a la pasividad. Nos guarda y nos da la gracia para que con su ayuda podamos nosotros vencer a nuestros enemigos. Ciertamente qué inapreciable es su bondad.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Ve detrás de mí. Marcos 8,27-35

El pasaje del evangelio de este domingo lo sitúa S. Marcos tras la curación progresiva de un ciego que, a su vez, hace inclusión con el paso del ciego de Jericó (Mc 10,46-52). Estamos, por tanto, en el comienzo de una parte del relato marquiano que va a estar ritmado por los anuncios de la pasión y a ser un camino de crecimiento para los discípulos.

En el segundo evangelio, los demonios saben quién es Jesús y cuál es su misión (Mc 1,24), pero de ahí no pasan. La confesión de Pedro sobre la mesianidad de Cristo tiene su importancia, mas por sí sola es insuficiente; es necesaria una determinada relación con Él. Cuando Jesús, a continuación, les revela a los discípulos cuál es el cómo de su misión, Pedro se resiste a dar el siguiente paso en el discipulado y pretende que sea Jesús el que se adecue a sus expectativas.

Su fe incipiente tiene que purificarse. Empieza a ver, pero de manera distorsionada –“veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero andan” (Mc 8,24)–. Su pensar (“phroneis”) es como un filtro deformante que se interpusiera entre Jesús y el conocimiento de fe, hasta el punto de per-vertir el orden de las cosas y pretender que sea Jesús el que siga el criterio mundano. Pedro necesita purificar su fe, dejar su manera de pensar, que es algo más radical que cambiar unos pensamientos por otros. Su pensar tiene que ser como el de Dios.

Por eso, Jesús le dice –la traducción litúrgica hoy no es muy brillante– literalmente: “ve detrás de mí” o “ponte detrás de mí”. Y le llama Satán; se está portando como su adversario. S. Marcos, que no ha explicitado las tentaciones en el desierto (1,13), parece querer darnos aquí la esencia de las mismas. Mas la orden que le da al discípulo la generaliza y empieza a desentrañar lo que es ir detrás de Él; el evangelista explicita que son palabras que Jesús dirige tanto a la gente en general como a sus discípulos, tanto a los que no le siguen como a los que lo hacen, aunque sea de manera naciente.
El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por el Evangelio, la salvará (Mc 8,34s).
¿Y qué será eso de negarse a sí mismo y cómo se hará? ¿Qué es cargar con la cruz?… Jesús lo va a ir aclarando en lo que resta de evangelio. No dejemos que nuestro modo de pensar suplante su enseñanza, dejemos que sea Él quien lo haga.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Una polémica cultural en el franquismo

Me pidieron, en LD, que reseñara un libro. Aquí tenéis el artículo. Si os sugiere algún comentario, podéis dejarlo aquí.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Antifona de comunión TO-XXIII.1 / Salmo 42,2s

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo (Sal 42 (41),2s).
El hombre tiene sed de Dios. Ha sido creado para la divinización y consciente o inconscientemente todos sus actos vienen determinados por el para hacia el cual ha de tender y que, abierto para su realización, se le presenta como tarea, que lo es de sí mismo. Hasta cuando conscientemente alguien niega que sea Dios el único que pueda saciar su sed, ésta lo persigue y todos los paras tras los que corre no son sino sucedáneos con que intenta saciarla. En la elección de ese sentido último en todas sus decisiones, el hombre se va moldeando, va definiendo quién es y lo hace con valor de eternidad; el hacia para el que haya vivido determina el que su trasvida sea eterna plenitud o la más radical frustración, una existencia eternamente sedienta de divinidad.

La antífona de comunión da palabras al creyente que se acerca a recibir a Cristo. Es la sed de divinidad lo que lo mueve y es en Cristo en quien reconoce a Aquél que puede dar el agua viva (cf. Jn 4). Es también con este Salmo 42 con el que respondemos a la última lectura veterotestamentaria en la Vigilia Pascual y asimismo forma parte de la misa de difuntos. El fiel se acerca, por tanto, al que sacia la sed, que es el que da cumplimiento a las promesas del AT con su Resurrección. Al ir a comulgar satisfacemos nuestra sed de divinidad, pero pregustando los bienes celestes; la apagamos, pero como quien va en camino saboreando ya su contentamiento pleno en la Jerusalén celeste: “Luego me mostró el río de agua de Vida, brillante como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero” (Ap 22,1).

sábado, 5 de septiembre de 2009

Ábrete. Mc 7,31-37

Tras años de preparación en el catecumenado y habiendo tenido lugar los últimos escrutinios y entregas del Símbolo y la Oración dominical, el Sábado Santo, como preparación inmediata a la recepción de los sacramentos de la Iniciación Cristiana en la inminente Vigilia Pascual, los elegidos se reúnen en clima de recogimiento espiritual y oración. En este contexto, tienen lugar los últimos ritos: la “Recitación del Símbolo”, el “Effetá”, la “Elección del nombre cristiano” y la “Unción con el óleo de los catecúmenos”. Todos ellos de una gran profundidad y expresividad simbólica.

En el rito del Effetá, después de leerse el evangelio de este domingo (Mc 7,31-37), el celebrante se acerca a cada uno de los elegidos y con el pulgar les toca los oídos y la boca, cuyos labios están cerrados. Mientras tanto dice:
Effetá, que significa: ábrete, para que profeses la fe, que has escuchado, para alabanza y gloria de Dios.
Seguramente el mejor comentario a este evangelio sea este rito. Si no hemos sido bautizados de adultos, podemos ser testigos de él, cuando acompañemos a algún adulto en el camino del catecumenado. Aunque no solamente; en el ritual del bautizo de niños, está como rito opcional. Ahora bien, más allá de ver una celebración, el ser testigo de ella no lo es de lo externo que capta el conocimiento natural, sino de lo que nos notifica la fe. Habrá quienes reconozcan en lo que se celebra lo que ha ocurrido en la propia vida; otros se sentirán llamados a que sea verdad en ellos. En otros casos, tristemente la actitud de algunos asistentes a la celebración hace recordar lo que dice el Señor en Mt 7,6.

La espiritualidad bautismal, que es la común a todo cristiano, supone, en el caso de quien fue bautizado de niño, el hacer personalmente el recorrido que hicieron, con él en brazos, sus padres y padrinos el día de su bautismo, desde la acogida en el atrio de la iglesia hasta la despedida tras la bendición en torno al altar. En este caso concreto del Effetá, en ese camino de maduración espiritual en el que tenemos que empeñar nuestra vida, tiene que ser abierto nuestro oído para escuchar y soltada nuestra lengua para proclamar el Evangelio, por el único que puede hacerlo, Jesús.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

El pueblo en fiestas

Poco a poco voy mejorando de mis dolencias oculares; a ese ritmo me iré metiendo en la blogosfera, pero sin prisas, no quiero dar marcha atrás por correr.
Me dicen en Libertad Digital que este año no habrá suplemento "Iglesia", pero me han publicado, de modo excepcional, éste en "Ideas". Me han dicho que me encargarán algunas recensiones de libros. Cuando haya alguna, ya os lo diré. Los comentarios al artículo de hoy, como siempre, los podéis dejar aquí.

jueves, 20 de agosto de 2009

Queridos contertulios, no creáis que he abandonado el blog. Desde comienzos de agosto estoy con una afección ocular bastante seria y, por ello, prefiero evitar la pantalla del ordenador, pues estas no son precisamente lo más recomendable para la vista; he hecho esta excepción para informaros. Mientras que os encontréis aquí con mi silencio, seguid empujando con vuestra oración para que mejore. Si enviáis comentarios, no los podré moderar hasta que retome la actividad en la blogosfera. De antemano agradezco vuestro interés y de seguro que mi curación y el acierto del médico -providencialmente mi oftalmólogo no estaba de vacaciones en agosto- se deberán en buena medida a vuestras preces, el resto a las de quienes no frecuentan el blog. Gracias y que Dios os bendiga.