domingo, 11 de septiembre de 2011

Retorno obediencial (RB Pról. 1-3) – II

El lector de la Regla es llamado hijo. Estamos en un proceso de gestación que va a tener lugar mediante la palabra, el ámbito propio del hombre. Pero es la del que ya ha nacido a una vida nueva; como cualquier niño necesita de una gestación extra-uterina.

Ha nacido ya a una vida nueva, es alguien que ha respondido a una palabra anterior, la del seguimiento de Cristo. Mas ni sabe cómo concretarla ni puede, esa vida tiene que ser desarrollada en brazos de la tradición, en el arrullo de al Iglesia; el maestro-padre no lo es si no está en esa comunión de vida. Y la madurez no se alcanza nunca por cuenta propia, aunque nadie pueda suplantarnos en el protagonismo del seguimiento. No sólo se camina con otros, sino también en brazos, de la mano, al lado,... y finalmente también llevando a otros. El maestro-padre, san Benito, lo es por gracia vivida, por fidelidad hecha sabiduría de madurez vital.

En el ámbito vivo de la palabra primera, en el que se está por la inicial respuesta de conversión, resuena ahora una nueva palabra, la del maestro-padre: "Escucha". Tal y como comienza el mandamiento principal (cf. Mc 12,29-31): no hay magisterio que no sea resonancia del llamamiento divino a su amor. Por ello, la escucha envuelve a toda la persona. Desde el centro de uno mismo, poniendo en atención a todo el ser en todas sus profundidades, es como hay que escuchar: inclinando el oído del corazón, poniendo la fruición de nuestra existencia en la enseñanza que se va a recibir.

Va a ser una lucha de afectos, un combate de vitales adhesiones. Quien escucha se ha determinado a renunciar a sus voluntades. Y es que su voluntad está herida de división por las secuelas del pecado. Solamente hay voluntad una cuando nuestra fruición ha sido depuesta totalmente en el único Dios. El mundo del pecado es un mundo de fragmentación, los ídolos siempre conforman panteón. Por mucho que haya uno que domine y en torno al cual se jerarquicen los demás, siempre está presente la marca de la ruptura.

Esto deja huella en nosotros, todo aquello en que hemos afectado nuestra persona nos regala con una profunda inercia existencial. Quien ha decidido renunciar a sus voluntades, a dejarlo todo para seguir a Cristo, tiene que purificar su corazón de todo afecto desordenado. Pobreza y obediencia van de la mano.

8 comentarios:

Angelo dijo...

No siempre es fácil reconocer esos afectos desordenados en el mundo que nos toco vivir. A veces la práctica de la caridad puede llevar a no discernir bien . Hablo por mí, claro está

monica dijo...

combates , luchas de voluntades
Pero que insulsa sería , Adso , la vida sin Amor

una madre agradecida dijo...

Jesús es radicalmente pobre porque su voluntad es obedecer al Padre.

El combate entiendo que es de por vida, cada día, cada momento.

La purificación del corazón... ¿me atrevo a mirar dentro de mi? ¿renuncio a la falsa imagen de mi misma?

Escucharé...

Mónica dijo...

Una pregunta ¿dice en esa regla que no se admitan monjes a partir de los cuarenta? Porque es lo que dicen ahora cierto monasterio ¿no?

Alfonso Gª. Nuño dijo...

En lo que alcanzo a saber, son los cartujos, que no siguen la Regla de San Benito, quienes tienen límite máximo de edad, 45 años, para poder ingresar. Con permiso del prior general, se puede con más años. En la RB no hay límite de edad.

Mrs Wells dijo...

Desde que Freud a eso de la obediencia lo llamo 'neuroticismo' y enfoco la lucha hacia fuera que no hacia dentro la cosa se lio un poco...

Que tiene que ver la edad de los monjes ??? Yo crei que esto iba por/para todos

Mónica dijo...

ajá

Anónimo dijo...

Que bonita la flor. Parece un Iris (Lirio o Flor de Lys).

Dice Wikipedia que el primer uso oficial de la flor de lis en occidente se remonta al siglo V junto a la expansión de la Iglesia Católica. Los manuscritos antiguos fueron traducidos al latín vulgar por San Jerónimo de Estridón por encargo de San Dámaso I para difundir el cristianismo a la plebe. Esta traducción se la conocería como Vulgata, donde se aprecia el emblema de la flor de lis dibujada en su portada.
Carla