sábado, 31 de julio de 2010

Antífona de entrada TO-XVIII / Sal 70(69),2.6

Dios mío, dígnate librarme; Señor, date prisa en socorrerme. Que tú eres mi auxilio y mi liberación: Señor, no tardes (Sal 70(69),2.6).
Quien asiste a la Eucaristía no tiene ningún derecho sobre Dios y es alguien necesitado de Él, porque lo que verdaderamente precisa solamente se lo puede dar Dios. De ahí que la celebración comience con un reconocimiento de lo que es para mí: mi auxilio y libertador; que se parta también de la propia indigencia; y que se pida.

Esta necesidad de socorro es algo urgente, no es para dentro de un rato. Cuanto mayor es la humildad, por tanto, cuanto mayor es el conocimiento de nosotros mismos, mayor es el conocimiento de la precariedad y esclavitud en la que nos encontramos y de lo urgente que es salir de ahí: no hay lugar a las demoras. Pero tampoco está en nuestra mano el dejar atrás esa situación, solamente el pedirlo.

Vamos de un lado para otro hacia lo que nos interesa, llegamos a lo que deseamos,... pero lo único importante nos es inalcanzable. A ello, por más que vayamos con nuestras solas fuerzas, no arribamos. Más que subir al cielo, es el cielo el que baja a nosotros.

Y la Eucaristía es el lugar no sólo donde pedir ese socorro, sino también donde vemos la diligencia divina. Se lo pedimos y nos responde rápidamente con su palabra y la Cruz. Nos hace partícipes de su misterio pascual. Y no tarda.

viernes, 30 de julio de 2010

domingo, 25 de julio de 2010

Antífona de comunión TO-XVII.2/Mt 5,7s

[Pese a que en España se celebra la Solemnidad de Santiago apóstol, comento la segunda antífona de comunión del decimoséptimo formulario de misas del tiempo ordinario, ya que muchos lectores del blog no viven en España]
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5,7s).
La dinámica del relato de la torre de Babel es completamente opuesta a la de la celebración eucarística. Allí los hombres intentan llegar con sus fuerzas y desde sí mismos al cielo, sin contar para nada con Dios, aquí es Dios quien se acerca a nosotros para que nosotros podamos alcanzar el cielo. Allí los hombres quieren darse un nombre y que su fama llegue a todas partes, aquí Dios quiere desvelarnos su intimidad. Allí el relato concluye con diversidad de lenguas y la división de la humanidad, aquí con la comunión en el único Logos divino; en vez de desdicha errante sin rumbo, dicha eterna anticipada en la tierra.

En las Bienaventuranzas, se nos habla de la felicidad futura, pero el porvenir de eternidad lo vivimos por adelantado en la tierra. En la Eucaristía, nos lo encontramos con la mayor presencia que en la tierra podamos tener. Y es el modo de las Bienaventuranzas el mismo del memorial de la Pascua del Señor.

En el altar, se hace presente la misericordia divina y resplandece el misterio de la Cruz, se hace perceptible Cristo bajo el velo de las especies sacramentales, en apariencia de pan y vino. Y allí su misericordia para ser alcanzada; y allí su intimidad divina para ser contemplada.

Como es espacio de bienaventuranza, esa misericordia y esa intimidad, son para los misericordiosos, para los limpios de corazón. Cuando caminamos a comulgar, verdaderamente van hacia su misericordia los misericordiosos. Cuando se nos muestra el cuerpo de Cristo, dicen verdaderamente amén quienes, limpios de corazón, con los ojos de la fe lo contemplan.

¿Qué mayor dicha en la tierra que alimentarse de misericordia, que contemplar en misterio la divinidad?

[AQUÍ tenéis la otra antífona de comunión]

sábado, 24 de julio de 2010

Antífona de entrada TO-XVII/ Sal 68(67),6s.36

[Pese a que mañana se celebra la Solemnidad de Santiago apóstol, he comentado la antífona de entrada del decimoséptimo formulario de misas del tiempo ordinario]
Dios vive en su santa morada; Dios, que prepara casa a los desvalidos, da fuerza y poder a su pueblo (Sal 68(67),6s.36).
En la economía salvífica veterotestamentaria, el Templo de Jerusalén era el lugar por excelencia de la presencia de Dios. Pero, el verdadero templo de Dios es el cuerpo de Cristo, en el que está toda su divinidad (cf. Jn 2,21). Ese Dios que no puede ser contenido por cielos ni tierra, lo encontramos en la humanidad de Cristo. ¿Y dónde hallar a Cristo?
Cristo está siempre presente a su Iglesia sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, "ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz", sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su virtud en los sacramentos […]. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla. Está presente, por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: "Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (SC 7).
Dios, que trasciende cielos y tierra, se hace presente en la liturgia. Y podríamos decir que nos prepara una doble morada a nosotros los desvalidos. La liturgia no es una creación nuestra nacida simplemente desde nosotros. La posibilidad de la liturgia y nuestra participación en ella lo es gracias a que Dios nos ha preparado esa morada en la que él esta presente, lo mismo que nuestra pertenencia a la Iglesia. Y esta morada terrestre es un anticipo de la celeste que el Resucitado, en su Ascensión, nos ha ido a preparar (cf. Jn 14,2).

La Iglesia, la liturgia, la Eucaristía son morada para nosotros, que nos preparan y anticipan la celeste. Y esa preparación es también fuerza graciosa que recibimos para poder volver a la casa del Padre.

domingo, 18 de julio de 2010

Antífona de comunión TO-XVI.2/Ap 3,20

Estoy a la puerta llamando –dice el Señor–. Si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos (Ap 3,20).
La vida de fe no empieza por uno mismo. Es el Señor el que se me acerca, el que se me hace próximo y se me hace el encontradizo, como le ocurrió a Abraham. ¿Pero de que serviría que pasara junto a mí si no le digo, como nuestro padre en la fe: "Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo" (Gn 18,3)? La fe comienza por el encuentro con Alguien.

A cualquier sitio podemos ir por muchos motivos. Acudir a la Eucaristía, es respuesta a una llamada; de otra manera, por bueno y legítimo que sea lo que nos mueva, más que ir a celebrar, iremos a un templo a la hora en que se celebra la misa. El motivo eucarístico es Él mismo. Está llamando a la puerta, ¿pero estoy oyendo? La devoción eucarística pasa por que aprestemos el oído, por que purifiquemos nuestra atención para escuchar los nudillos del Señor en la puerta de nuestra cámara, para sentir su tacto.

Y, una vez, oídos, abrirla, para que cumpla su promesa y entre y comamos juntos, para que haya verdadera comunión entre Él y nosotros en el banquete de bodas del Cordero.

[La otra antífona de comunión de este domingo la tenéis AQUÍ]

sábado, 17 de julio de 2010

Antífona de entrada TO-XVI/ Sal 54(53),6.8


Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida. Te ofreceré un sacrificio voluntario dando gracias a tu nombre, que es bueno (Sal 54(53),6.8).
La Eucaristía es algo propio de creyentes y lo es también confesar la grandeza de Dios y sus obras, la bondad de su santo nombre. En este caso, la antífona da palabras al fiel para comenzar la celebración confesando lo que ha podido palpar en su vida. En Cristo, Dios se muestra como aquél que sale en nuestro auxilio; la existencia que no podíamos salvar de la perdición, del fracaso más absoluto, Él nos la ha rescatado y nos sostiene no en cualquier vida, sino en la divina.

Pero la vivencia de los beneficios divinos lleva al creyente a algo más que a declarar quién sea el autor de la vida de la que ahora goza. El agraciamiento divino despierta en nosotros la necesidad de agradecer, mueve nuestra voluntad a una oblación de acción de gracias. ¿Pero qué sacrificio puede estar a la altura del bien que se nos ha otorgado? Si hemos recibido, sin mérito ni posibilidad por nuestra parte, la vida divina, ¿no ha de estar nuestro reconocimiento y bendición a la altura divina? ¿Cómo puede ser esto posible?

La Eucaristía, huelga decirlo, es sacrificio de acción de gracias. Y nosotros tenemos la posibilidad de unir nuestra ofrenda a la de Cristo en la Cruz como culto de bendición a Dios. Solamente así nuestra acción de gracias es divina respuesta al don divino.

Cuanto más la fe nos hace patente el amor recibido, mayor es nuestro deseo de confesar y agradecer y, por ello, más necesidad sentimos de unirnos en acción de gracias a la víctima sacrificial que es el Señor Jesús para eternamente por el Hijo bendecir en el Espíritu al Padre, de unirnos con nuestro amén a la oblación de Cristo.

miércoles, 14 de julio de 2010

Entrevista en Radio María

Lucrecia Gayoso me entrevistó en Radio María. La conversación que mantuvimos os la podéis descargar AQUÍ. Solamente tenéis que seguir las instrucciones y la mínima molestia de esperar unos segundos para poderlo hacer gratis. Espero que tengáis éxito en el intento los que no estéis muy duchos en estas lides. Disculpad por la publicidad, pero es el peaje que hay que pagar por la gratuidad; la he estado mirando y no es insoportable. Confío en que no sea ocasión para que os enganchéis a las apuestas on-line. Lo que no sé es qué aparecerá a altas horas de la madrugada, pues no las frecuento; si veis algo indecoroso, decídmelo para quitar el enlace.