domingo, 5 de febrero de 2012

La vía del guerrero (RB Pról. 22-34) - V



S. Benito sabe que el gran combate tiene lugar en el interior. Al inexperto en la vida espiritual le parece que la lucha está planteada por los objetos exteriores que lo tientan, pero no es así; tan ciego está que no se da cuenta de que, si son para él un problema, es porque interiormente las pasiones lo zarandean sin que se percate de ello.

Cuando empiezan a ser ego-distónicas, cuando empieza a tomar distancia de ellas y dejan de ser ego-sintónicas, entonces se puede iniciar una nueva etapa en el camino ascético. Es el momento para que el maestro espiritual le empiece a instruir en el combate directo con los logismoi. Se trata de un entrenamiento y, por ello, ante todo ha de ser práctico, pues el objetivo es aprender un arte, el de guerrear interiormente. Quien esté en esa situación y tenga quien le enseñe agradézcaselo intensamente  a Dios. Ni lo uno ni lo otro son frecuentes, menos que se encuentren.

Y esto, a diferencia de la instrucción que recibe cualquier soldado, no tiene lugar en la paz, sino que se aprende en medio de la guerra, en el frente de batalla. Aquí no hay retaguardia, el enemigo ataca de día y de noche, a tiempo y a destiempo, con frío o con calor,... Que nadie espere una tregua. Sólo hay paz en la hendidura de la roca, en el alcázar del Corazón de Cristo. Pero, aunque en el centro del tornado todo es quietud, no hay que olvidar que todo a su alrededor se agita.

Un logismós es un pensamiento, una imagen sonora, visual, olorosa,... o combinación de varias, que tiene lugar cuando la diánoia, lo discursivo del intelecto, ocupa el primer plano de la atención interior. Es ahí, en lo discursivo, no en el nous, no en lo intuitivo, donde se hacen presentes los logismoi. En el lugar de la dualidad, de la complejidad, de los pros y contras, de la dialéctica, de la fragmentación. Estos pensamientos tienen una componente afectiva que es la que arrastra nuestra atención y a nosotros tras ella, es gracias a lo pasional que nos pueden mover y nos agitan; o mejor dicho que nos incitan a movernos. Aunque por la inercia de tanto tiempo, todo tenga lugar con un gran automatismo.

Todo el aprendizaje girará en torno a la soledad, el silencio y la quietud: «Fuge, tace, quiesce». Al final, después de sufridos combates, tras una larga ascesis, cuando aún no hayan tenido tiempo de crecer, nada más nacer, podrá llevar los logismoi a la nada y estrellarlos contra la roca, que es Cristo. Y con ellos al maligno.
El gato acecha al ratón. La atención del hesycasta está puesta en el ratón de su espíritu. No te rías de esta comparación. Si lo haces es señal de que todavía no has entendido lo que es la paz interior (S. Juan Clímaco).

[La foto es gentileza de una lectora desde Alemania]

5 comentarios:

RockyMarciano dijo...

Un gato perplejo mira,
cual desmedrado léon,
a enigmático ratón
sin cinegética ira.

¿Cómo cazará al roedor,
al logismós insidioso?
¿No despista el estudioso
al felino y al lector?

¿Habrá un hesycasta lejos,
combatiendo diasintónico
que se regocije irónico
con mis arcaicos trebejos?

zaqueo dijo...

"Sólo hay paz en la hendidura de la roca, en el alcázar del Corazón de Cristo."
Tú todavía sabes, amigo, cómo es dulce estar ahí,
tú ahí habitas, yo ya no.

Anónimo dijo...

Desde luego la figura del gato acechando al ratón se las trae, buena comparación, fija su mirada en su objetivo.
El otro día estaba en el parque cerca del trabajo tomándome una manzana ,mientras daba un paseo alrededor de unos árboles vi un hermoso colibrí que empezaba a chupar el néctar de la primera flor que se abría desenfadada ante un rayo de sol, me quede observando y seguía y seguía muy ocupado el colibrí , mi presencia no le importunaba en su trabajo, y de pronto, vi un gato que venía muy despacio y casi sin hacer ruido , decidido atrapar al colibrí ,intento una y otra vez, pero la quietud y paz que tenía el colibrí eran envidiables , se elevaba y volvía a por su flor.
Nerea.

Mónica dijo...

bueno la tentación es interior pero responde a experiencias que pueden haber ocurrido exteriormente y han sido vividas interiormente de diversas formas ... estos malos entendidos sí que son de mil demonios ...pues no tienen una lógica que reconstruir salvo la lógica de la destrucción y de la autodestrucción ,
En su momento ,el guerrero no los vio venir ,no tenía experiencia previa del mal ... no lo preveía
¿es quizá la experiencia de la derrota lo que nos hace estar alerta en reconocer estas tentaciones como interiores? ¿cómo producto de nuestra previa experiencia o manera de ser o forma de autodestruirnos , tan peculiar para cada uno ?
¿

Mónica dijo...

de todas formas lo que dices tan teóricamente parece experimentado en la práctica, por la emoción de la lucha que se desprende de tus palabras ... la emoción es interior , viva y no cinematográfica o en diferido ...como cuando vemos las pelis de Spielberg. Esta emoción de nuestros sentidos nada tiene que ver con la sensación que da el deporte o la caza ... cualquier tipo de cacería
dices también que las luchas interiores son poco comunes , como encontrar un maestro experimentado en estas artes que nos enseñe a ganar ese combate interior ... si es que lo vivimos
claro con un radiador a la espalda el combate contra el bienestar es más difícil que sin radiador ...pensemos así porque el radiador en el desierto pesa mucho más que un poco de lana con la que se calentaban los padres ... y sin barba ...hace más frío
yo creo que ser humano significa luchar ese combate y creo que incluso las personas más mezquinas que existen en el planeta , los