viernes, 31 de diciembre de 2010
Antífona de entrada. Sta. Mª. Madre de Dios / cf. Is 9,2.6; Lc 1,33
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Antífona de entrada. Navidad.3 / cf. Is 9,2.6; Lc 1,33
Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor y es su nombre: "Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre perpetuo"; y su reino no tendrá fin (cf. Is 9,2.6; Lc 1,33).Porque nos ha nacido el Señor, porque se ha hecho hombre, tiene un Cuerpo y una Sangre que se pueden hacer presentes. Pero no solamente se ha hecho hombre, sino que también ha querido tener presencia eucarística. Por eso, al comenzar cualquier celebración de la misa, el creyente sabe que sobre toda la asamblea va a brillar una luz y no cualquiera, sino la Luz. Y lo hará porque Él lo quiso así en su Última Cena, no porque tengamos poder sobre Él.
martes, 28 de diciembre de 2010
Antífona de comunión. Navidad.2 / Juan 1,14
La Palabra se hizo carne, y hemos contemplado su gloria (Jn 1,14).
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida; pues la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó (1Jn 1,1s).Y la Vida se hace visible, para nosotros, bajo la apariencia de pan y de vino. Nosotros por la fe vemos al Verbo de la vida y pues lo vemos, podemos dar testimonio y anunciar esa vida eterna que estaba desde la eternidad junto al Padre y se nos manifiesta.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Antífona de entrada. Navidad.2 / Salmo 2,7

El Señor me ha dicho: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy" (Sal 2,7).
domingo, 26 de diciembre de 2010
Antífona de entrada. Sagrada Familia / Lucas 2,16
Los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre (Lc 2,16).
viernes, 24 de diciembre de 2010
Antífona de entrada. Navidad.1 / cf. Éxodo 16,6s
Hoy vais a saber que el Señor vendrá y nos salvará, y mañana contemplaréis su gloria (cf. Ex 16,6s).
¡Feliz Navidad!

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba tierra y sombras de muerte, y una luz les brillo. […] Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva a hombros el principado, y es su nombre: “Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz” (Is 9,1.5).
jueves, 23 de diciembre de 2010
¡Qué regalo de Navidad!
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Hay que salvar a un nascituro y a su madre
sábado, 18 de diciembre de 2010
Antífona de entrada A-IV / cf. Isaías 45,8

Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo, ábrase la tierra y brote al Salvador (cf. Is 45,8).Parece como si todo el Antiguo Testamento se concentrara en esta antífona. El obrar de Dios en la historia va preparando a la humanidad para este momento, va haciendo de la necesidad de salvación, tras el pecado de Adán, una oración que pida al único que puede darle aquello que ha menester. Pedir un Salvador de una manera inimaginable hasta que tuvo lugar. La historia de salvación previa a Jesús es ir formando la explicitud de la petición de la Encarnación, como petición al cielo para que se anonade el Justo (cf. Flp 2,7), pero también para que el arcángel pida a la tierra virginal de María que se abra a la acción del Espíritu y nazca el Salvador.
viernes, 17 de diciembre de 2010
La Vulgata española
A finales del segundo siglo de nuestra era (ca. 180 d.C.), el número de cristianos de habla siríaca, copta y latina había aumentado considerablemente, por lo que las versiones de la Biblia, a la que para ellos era lengua vernácula, fueron apareciendo. La razón de ello cae por su peso, tanto el Nuevo Testamento en su original griego, como el Antiguo Testamento, bien en el original hebreo bien en la traducción griega, resultaban incomprensibles para quienes no dominaban esas lenguas.
Este fenómeno, que ya había tenido lugar, entre los judíos, antes del nacimiento de Jesucristo, marca una clara diferencia con el Islam: el Corán para él es intraducible. En cambio, para el cristiano, la Biblia no es un libro que recoja palabras que dictara Dios en el pasado y que, por ello, quedaran congeladas e intocables en una lengua pretérita sin más interpretación que la literal; por el contrario, es palabra divina –en palabras de verdaderos autores humanos y no de taquígrafos– que se está diciendo aquí y ahora para cada oyente en concreto. De modo que el cristianismo no se entiende a sí mismo como una religión del Libro –pese a lo que muchos digan siguiendo el parecer de los musulmanes–, sino de la Palabra viva de Dios, «no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo» (S. Bernardo de Claraval).
Antes de finales del s. IV, había diversas versiones latinas, ninguna de ellas oficial, cuyo conjunto se conoce como Vetus latina. La traducción al latín que se conoce como Vulgata, por ser la divulgada y que llegaría a ser la oficial del occidente latino de la Iglesia, fue realizada en aquéllas fechas por S. Jerónimo; un trabajo en el que el sabio dálmata empleó lo mejor de la filología de aquella época. Algo en ello parece que tuvo que ver un papa originario de la Hispania, S. Dámaso I; pudiera ser que esta colosal empresa comenzara al haberle éste encargado la traducción de los evangelios.
El pasado 14 de diciembre, la Conferencia Episcopal Española presentó la primera versión completa oficial en español de la Biblia; sería, por tanto, en lengua castellana, lo que fue la Vulgata en latín. Esta traducción ha sido posible gracias al trabajo que han llevado a cabo, durante diez años aproximadamente, más de una veintena de especialistas, algunos ya fallecidos, y la ha publicado la Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.).
Será la que la Iglesia católica en España emplee en las celebraciones y libros litúrgicos, en sus documentos y en la enseñanza escolar y catequética; pero, en modo alguno, el que sea la versión oficial quiere decir que vaya a ser la única, aunque es previsible que se vaya imponiendo como la dominante. En Italia, por ejemplo, la versión oficial la publican distintas editoriales, sin tener el monopolio ninguna; la originalidad está en el modo de editarla, en que cada edición ofrece sus propias notas explicativas o de pasajes paralelos, en las que muchas veces se sugiere al lector, a pie de página, alguna traducción alternativa para versículos concretos.
Hasta ahora, aunque ha habido variedad de traducciones completas fruto de distintas iniciativas, solamente se contaba, como traducción oficial, con lo correspondiente a los leccionarios litúrgicos –en ellos tuvo un papel fundamental Luis Alonso Schökel, junto a Ángel González Núñez, José María González Ruiz, José María Valverde y también Juan Mateos–, lo cual, pese a su amplitud, no abarcaba la totalidad de la Biblia.
El proyecto surgió con fuerza en Madrid, en septiembre de 1995, a raíz de un encuentro de obispos y teólogos sobre el documento La interpretación de la Biblia en la Iglesia. Lo que se pidió, en aquel momento, fue una versión completa en la que se integraran revisados los textos que ya se utilizaban en la liturgia. Para llevar a cabo esta ambiciosa empresa, se creó, en 1996, un comité técnico compuesto por un presidente, Domingo Muñoz León, un secretario, Juan Miguel Díaz Rodelas, y tres vocales, con los que ha colaborado un nutrido grupo de biblistas. En 2007, ya se contaba con un primer texto que, tras ser revisado, fue aprobado por la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal el 26 de noviembre de 2008. Como conclusión de tan largo proceso, el texto aprobado recibió la recognitio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos el 29 de junio de 2010.
Éste ha sido, de momento, el último capítulo de la historia de la Biblia en español. El primero lo escribieron aquellas biblias romanceadas que empezaron a aparecer en el siglo XII y más concretamente aquellos pasajes del Antiguo Testamento traducidos, entre 1126 y 1142, a un castellano contemporáneo del Poema del Mío Cid, por Almerich Malafaida, que llegó a ser patriarca de Antioquía, y que envió a su amigo de juventud, el arzobispo Don Raimundo de Toledo. Ni la historia del castellano ni la de España son comprensibles sin la Biblia.
sábado, 11 de diciembre de 2010
Antífona de entrada A-III / Filipenses 4,4.5
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca (Flp 4,4.5).
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Antífona de entrada. Solemnidad de la Inmaculada Concepción / Is 61,10
Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios; porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novia que se adorna con sus joyas (Is 61,10).
Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: "Esta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque lo de antes ha pasado" (Ap 21, 2ss).
sábado, 4 de diciembre de 2010
Antífona de entrada A-II / Cf. Isaías 30,19.30
Pueblo de Sión: Mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. El Señor hará oír la majestad de su voz y os alegraréis de todo corazón (cf. Is 30,19.30).
jueves, 2 de diciembre de 2010
Una entrevista a Benedicto XVI
