Aquí tenéis meditadas con textos paulinos las estaciones del Vía Crucis. Espero que os ayuden en vuestra oración.
viernes, 12 de marzo de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
La cinta blanca
La cinta blanca (Das Weiße Band - Eine deutsche Kindergeschichte, 2009) de Michael Haneke es, en todos los sentidos, mejor película que la ya comentada En tierra hostil, pese a que ésta haya sido la gran triunfadora de los premios Oscar. Es un trabajo meritorio tanto en la forma como en el contenido. Solamente por los interiores nocturnos, la ambientación, los decorados, detalles de interpretación,... merece la pena verla. Pero además es una película, como queda de manifiesto desde el principio, que trata de ser una indagación sobre las raíces del horror nazi. Hay cuestiones indudablemente discutibles, pero la seriedad del planteamiento contrasta grandemente con los tópicos, superficialidad, zafiedad, etc. del mayoritario cine español actual a la hora de mirar el pasado.
Un pueblo de religión luterana y distintos episodios de su historia inmediatamente anterior a la I Guerra Mundial se convierten en metáfora para preguntarse cómo pudo ser posible el horror posterior. Se trata de una película muy coral, en la estela de Manhattan Transfer de John Dos Passos. En ella, aparecen distintos episodios, muy truculentos, que van dibujando dos generaciones. La que entonces estaba en su madurez y la de los hijos que la tendrán en la época del esplendor nacional-socialista.
Dos elementos creo que hay que destacar: la pureza y la violencia. Esos adolescentes aprenden estas dos. La pureza es una palabra muy significativa en la filosofía alemana de la modernidad. Pero una pureza que se alcanza por abstracción, por sustracción de lo malo, una pureza, por tanto, negativa, a base de eliminar lo malo y no de acrecentar lo bueno. Y todo ello aprendido en un clima de violencia y crueldad bajo capa de una gran formalidad y una gran cultura, como se deja ver en la presencia de la música. La cinta blanca es el símbolo de esa pureza que, a la par, es un castigo. Todo esto con una imagen de Dios que queda magníficamente expresada en la escena del niño que camina en la barandilla del puente; si no se cae, piensa, es señal de que Dios no quiere que se muera, que está bien, por tanto, lo que hace.
¿Quién ha cometido las atrocidades que han tenido lugar en el pueblo? Se deja caer la sospecha de que han sido los niños, pero queda en la ambigüedad. Años después ocurrieron cosas terribles en Europa; nadie parecía tener la culpa
La Gran Guerra romperá la confianza en Dios que era lo que hacía llevadera aquella situación y, entonces, ya no merecerá la pena la vida. Los episodios se irán desencadenando. Pero esto está más allá de la película. Al terminarla de ver son muchas las cuestiones que sugiera este trabajo, apenas he tocado algo –el fin de la nobleza rural, el lujurioso doctor y el drama de la familia obrera, merecerían unas líneas–. Solamente una pregunta inquietante, al menos para mí: ¿Qué generación estamos haciendo, en vez de con la extrema severidad y el ideal de pureza, con la laxitud y el ideal de impureza?
Un pueblo de religión luterana y distintos episodios de su historia inmediatamente anterior a la I Guerra Mundial se convierten en metáfora para preguntarse cómo pudo ser posible el horror posterior. Se trata de una película muy coral, en la estela de Manhattan Transfer de John Dos Passos. En ella, aparecen distintos episodios, muy truculentos, que van dibujando dos generaciones. La que entonces estaba en su madurez y la de los hijos que la tendrán en la época del esplendor nacional-socialista.
Dos elementos creo que hay que destacar: la pureza y la violencia. Esos adolescentes aprenden estas dos. La pureza es una palabra muy significativa en la filosofía alemana de la modernidad. Pero una pureza que se alcanza por abstracción, por sustracción de lo malo, una pureza, por tanto, negativa, a base de eliminar lo malo y no de acrecentar lo bueno. Y todo ello aprendido en un clima de violencia y crueldad bajo capa de una gran formalidad y una gran cultura, como se deja ver en la presencia de la música. La cinta blanca es el símbolo de esa pureza que, a la par, es un castigo. Todo esto con una imagen de Dios que queda magníficamente expresada en la escena del niño que camina en la barandilla del puente; si no se cae, piensa, es señal de que Dios no quiere que se muera, que está bien, por tanto, lo que hace.
¿Quién ha cometido las atrocidades que han tenido lugar en el pueblo? Se deja caer la sospecha de que han sido los niños, pero queda en la ambigüedad. Años después ocurrieron cosas terribles en Europa; nadie parecía tener la culpa
La Gran Guerra romperá la confianza en Dios que era lo que hacía llevadera aquella situación y, entonces, ya no merecerá la pena la vida. Los episodios se irán desencadenando. Pero esto está más allá de la película. Al terminarla de ver son muchas las cuestiones que sugiera este trabajo, apenas he tocado algo –el fin de la nobleza rural, el lujurioso doctor y el drama de la familia obrera, merecerían unas líneas–. Solamente una pregunta inquietante, al menos para mí: ¿Qué generación estamos haciendo, en vez de con la extrema severidad y el ideal de pureza, con la laxitud y el ideal de impureza?
domingo, 7 de marzo de 2010
Antífona de comunión DC-III.1/Jn 4,13s
[Comento la antífona de comunión para cuando se lee el evangelio de la Samaritana (ciclo A). Aquí tenéis la glosa a la correspondiente a la misa en que se proclamen las del presente ciclo]
Más adelante, después del paso de la Samaritana, en el mismo evangelio, Jesús, en el contexto de la fiesta de las cabañas, dice: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Jn 7,37). En esta celebración en que se conmemoraba el Éxodo, el camino por el desierto hacia la tierra prometida, cuando Jesús pronuncia estas palabras, resuena el encuentro con la mujer junto al pozo, en el que le dice que le pida de beber a Él el agua viva. Dos símbolos destacan en esa fiesta de peregrinación judía: la luz y el agua. Jesús dirá de sí mismo que es la luz, pero no que sea el agua. Este símbolo remite al Espíritu: "Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en Él" (Jn 7,39).
Jesús le dice a la Samaritana que le pida el agua que no se consume porque da vida eterna. Un agua que sacia y que no hay que sacarla con esfuerzo de brazos. Basta con acercarse al brocal del costado abierto de Cristo y pedirle humildemente que nos dé a beber esa agua viva, esa agua que, por ser más que nosotros, no la reducimos a nosotros al asimilarla en nuestro organismo ni se agota con el esfuerzo o el calor, sino que nos lleva más allá de nosotros hasta la vida eterna.
La comunión es momento privilegiado para pedir esa agua. Al comulgar pidamos junto a la sangre el agua. No hace falta buscar más, Cristo es la roca, en nuestro camino desde el Egipto de nuestros pecados hasta la tierra prometida del cielo, de la cual mana el agua (cf. 1Cor 10,1-4). El alma sedienta de Dios vivo, se sacia con el Espíritu.
El que beba del agua que yo le daré –dice el Señor–, el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna (Jn 4,13s).Al acercarnos a comulgar, vamos hacia un don que es donador. De sí mismo, pues es Él mismo quien se nos da a comer. Pero Jesús desvela algo más, es donador de sí pero lo es también del Espíritu Santo.
Más adelante, después del paso de la Samaritana, en el mismo evangelio, Jesús, en el contexto de la fiesta de las cabañas, dice: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Jn 7,37). En esta celebración en que se conmemoraba el Éxodo, el camino por el desierto hacia la tierra prometida, cuando Jesús pronuncia estas palabras, resuena el encuentro con la mujer junto al pozo, en el que le dice que le pida de beber a Él el agua viva. Dos símbolos destacan en esa fiesta de peregrinación judía: la luz y el agua. Jesús dirá de sí mismo que es la luz, pero no que sea el agua. Este símbolo remite al Espíritu: "Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en Él" (Jn 7,39).
Jesús le dice a la Samaritana que le pida el agua que no se consume porque da vida eterna. Un agua que sacia y que no hay que sacarla con esfuerzo de brazos. Basta con acercarse al brocal del costado abierto de Cristo y pedirle humildemente que nos dé a beber esa agua viva, esa agua que, por ser más que nosotros, no la reducimos a nosotros al asimilarla en nuestro organismo ni se agota con el esfuerzo o el calor, sino que nos lleva más allá de nosotros hasta la vida eterna.
La comunión es momento privilegiado para pedir esa agua. Al comulgar pidamos junto a la sangre el agua. No hace falta buscar más, Cristo es la roca, en nuestro camino desde el Egipto de nuestros pecados hasta la tierra prometida del cielo, de la cual mana el agua (cf. 1Cor 10,1-4). El alma sedienta de Dios vivo, se sacia con el Espíritu.
sábado, 6 de marzo de 2010
Antífona de entrada DC-III.1/Sal 25(24),15s
Tengo los ojos puestos en el Señor, porque Él saca mis pies de la red. Mírame, oh Dios, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido (Sal 25(24),15s).La preparación a la celebración dominical del misterio pascual nos aparece en esta antífona como un disponerse a un cruce de miradas; se trata de un encuentro contemplativo.
Nos disponemos a fondo a la celebración de la Eucaristía poniendo nuestra atención en Dios, lo cual supone la purificación de todo afecto desordenado, no simplemente estar en gracia. Esto último es el presupuesto de aquello e imprescindible para la comunión. Pero no nos debería de bastar. Nuestra vida debería de estar en tensión hacia ese tener la mirada puesta puramente en el Señor.
Esto ciertamente requiere un ejercicio intenso, determinado y constante de nuestra parte. Pero, si tengo puesta fija la mirada en Él, es porque ha sacado mi pie de la red. Así es, estamos atados a aquello a lo que está apegado nuestro corazón y para quitar de ahí nuestra mirada y ponerla en Dios precisamos que Él nos libere. Nos da la gracia para que, fortalecidos con ella, apartemos nuestra atención de lo que no es Dios y la posemos únicamente en Él. Esa pureza de atención la necesitamos para oír su Palabra con plenitud y mirarle con limpia fe en el sacramento. Hay momentos en que nos regala el estar así, como dándonos a saborear aquello a lo que debemos tender, pero el hábito espiritual es fruto de camino de fidelidad a la gracia.
Mas el que por gracia el verdadero discípulo tenga su atención en Dios no le da derecho a que Dios lo mire. ¡Cuántos santos con ese hábito espiritual de la atención purificada y puesta en lo infinito, con la elevatio mentis in Deum como si fuera el aire de su respiración no tienen sino tinieblas! ¡Cuantos son regalados, sin tener criatura en que ya hallar consuelo, con la soledad, la aflicción y la oscuridad! Sí, míranos Señor, y aunque no andemos en esas alturas espirituales, posa en nosotros tus ojos para que aprendamos a mirarte.
viernes, 5 de marzo de 2010
Más luz sobre España en el franquismo
Hoy os invito a leer lo que he escrito de un libro sobre nuestra historia reciente.
jueves, 4 de marzo de 2010
Ocurrió
Aquí podéis descargaros el texto de la llamada ley del aborto. Creo que es de interés leerla con detención. Hay mucho más que aborto, aunque evidentemente esto sea lo peor. Sugiero que los padres y profesionales de la enseñanza se fijen en lo que dice de la educación sexual. Los contribuyentes y los cotizantes de la Seguridad Social algo tendrán que decir, por ejemplo, en lo de la no discriminación en el acceso a determinados servicios sanitarios, etc. Una vez sancionada y promulgada, el cinco de julio entrará en vigor, pero, a efectos penales, podría decirse que ya es así en los parámetros que marca. ¿Por qué? Porque las leyes penales que benefician tienen carácter retroactivo.
Pese a las movilizaciones, a lo que muchos han hecho, etc., casi sin dejarse sentir ha ocurrido. Es un momento muy triste y doloroso. Una sociedad que tolera estas aberraciones está profundamente enferma. Poco cabe decir hoy, el asunto invita al silencio, pero no para la pasividad, sino para orar y tomar resuello de cara al futuro. ¿Es esto irreversible? Pocas esperanzas tengo de que a corto plazo una mayoría parlamentaria la derogue. ¿Hay que ser pesimistas? No. Sencillamente esto es una tarea a largo plazo, pues supone que cambien los contravalores socialmente admitidos que hacen que esto sea posible. Tal vez podríamos empezar por preguntarnos qué decisiones mías, en cosas aparentemente nimias, puedan estar reforzando la mentalidad socialmente vigente. Y, por supuesto, no quedarnos ahí, sino cambiar uno mismo y ayudar a cambiar. Y no olvidarnos del presente, de los casos concretos de nuestro hoy. No hay que esperar a que cambie la sociedad para hacer cosas concretas y ayudar a personas concretas. Sólo por una merece la pena.
Ánimo y adelante.
Pese a las movilizaciones, a lo que muchos han hecho, etc., casi sin dejarse sentir ha ocurrido. Es un momento muy triste y doloroso. Una sociedad que tolera estas aberraciones está profundamente enferma. Poco cabe decir hoy, el asunto invita al silencio, pero no para la pasividad, sino para orar y tomar resuello de cara al futuro. ¿Es esto irreversible? Pocas esperanzas tengo de que a corto plazo una mayoría parlamentaria la derogue. ¿Hay que ser pesimistas? No. Sencillamente esto es una tarea a largo plazo, pues supone que cambien los contravalores socialmente admitidos que hacen que esto sea posible. Tal vez podríamos empezar por preguntarnos qué decisiones mías, en cosas aparentemente nimias, puedan estar reforzando la mentalidad socialmente vigente. Y, por supuesto, no quedarnos ahí, sino cambiar uno mismo y ayudar a cambiar. Y no olvidarnos del presente, de los casos concretos de nuestro hoy. No hay que esperar a que cambie la sociedad para hacer cosas concretas y ayudar a personas concretas. Sólo por una merece la pena.
Ánimo y adelante.
lunes, 1 de marzo de 2010
En tierra hostil
En tierra hostil (The Hurt Locker) (2008) de Kathryn Bigelow es una película bélica que se encuentra en transición entre un modo de tratar el género desde la duda sobre uno mismo, la autoculpabilidad, lo morboso psicológico,... a la épica en la que el héroe aparece dibujado con perfiles nítidos.
En lo uno, podemos inscribir la referencia inicial y final, en que queda inscrita la cinta, a la adicción a la adrenalina del combate, así como algunos tópicos que se vienen arrastrando desde el Vietnam. Pero esto creo que es engañoso y desdibuja algo el resultado final. El guerrero no es un santo normalmente y además le suele gustar la guerra. En lo otro, está lo sustancioso de este trabajo y lo que, a mi parecer, merece la pena. La transición creo que la marca muy bien el paso de la cámara subjetiva de un robot al comienzo y los planos en cámara objetiva, al final de la película, sobre la mirada y el paso firme del sargento artificiero.
El director presenta una línea argumental sencilla. Distintas acciones de un pequeño equipo de artilleros mostradas sucesivamente, con algún elemento trasversal a la historia, sirven para dibujarnos los distintos personajes y, en ellos, poner un espejo de algunas patologías de nuestro proceder. Frente a la hiperreflexión de un hombre racionalista encerrado sobre sí mismo y la reducción de la obra buena a la que no tenga defectos; frente a la atomización de todo por la falsa creencia en que la libertad se amplia con la multiplicación cuantitativa de las ofertas; frente al miedo por evitar el error y la pérdida del relieve de lo bueno por buscar que no haya fallos; se va levantando el perfil de un guerrero que toma decisiones, que tiene claro el objetivo y va a por él.
¿Es un temerario el sargento James (Jeremy Renner)? Alguien que ha sobrevivido a la desactivación de casi 900 artefactos explosivos no lo puede ser; a un temerario, a no mucho tardar, se le acaba la suerte. Sí, será adicto al peligro, su vida privada dejará mucho que desear, etc. pero es capaz de tomar decisiones por no perderse por las ramas, por no andar pendiente de evitar el erro, por saber qué es lo importante.
De quien tiene el mando se espera que mande y se necesita que lo haga; es preferible equivocarse antes que caer en la parálisis de quien evita el error. Quien lidera algo necesita ver la realidad en relieve axiológico y, distinguiendo lo que es importante de lo secundario, estar afianzado para decidir. Ahí está tal vez una de las claves que marcan los tipos de liderazgo; en qué o en Quién se apoyan y si esto es o no lo que también establece la jerarquía valorativa del mundo.
Pese a algunas debilidades del guión, algunos topiquillos, etc. es una película que merece la pena ver, no sólo para pasar un rato con cine de acción, sino también si se quiere pensar algo.
En lo uno, podemos inscribir la referencia inicial y final, en que queda inscrita la cinta, a la adicción a la adrenalina del combate, así como algunos tópicos que se vienen arrastrando desde el Vietnam. Pero esto creo que es engañoso y desdibuja algo el resultado final. El guerrero no es un santo normalmente y además le suele gustar la guerra. En lo otro, está lo sustancioso de este trabajo y lo que, a mi parecer, merece la pena. La transición creo que la marca muy bien el paso de la cámara subjetiva de un robot al comienzo y los planos en cámara objetiva, al final de la película, sobre la mirada y el paso firme del sargento artificiero.
El director presenta una línea argumental sencilla. Distintas acciones de un pequeño equipo de artilleros mostradas sucesivamente, con algún elemento trasversal a la historia, sirven para dibujarnos los distintos personajes y, en ellos, poner un espejo de algunas patologías de nuestro proceder. Frente a la hiperreflexión de un hombre racionalista encerrado sobre sí mismo y la reducción de la obra buena a la que no tenga defectos; frente a la atomización de todo por la falsa creencia en que la libertad se amplia con la multiplicación cuantitativa de las ofertas; frente al miedo por evitar el error y la pérdida del relieve de lo bueno por buscar que no haya fallos; se va levantando el perfil de un guerrero que toma decisiones, que tiene claro el objetivo y va a por él.
¿Es un temerario el sargento James (Jeremy Renner)? Alguien que ha sobrevivido a la desactivación de casi 900 artefactos explosivos no lo puede ser; a un temerario, a no mucho tardar, se le acaba la suerte. Sí, será adicto al peligro, su vida privada dejará mucho que desear, etc. pero es capaz de tomar decisiones por no perderse por las ramas, por no andar pendiente de evitar el erro, por saber qué es lo importante.
De quien tiene el mando se espera que mande y se necesita que lo haga; es preferible equivocarse antes que caer en la parálisis de quien evita el error. Quien lidera algo necesita ver la realidad en relieve axiológico y, distinguiendo lo que es importante de lo secundario, estar afianzado para decidir. Ahí está tal vez una de las claves que marcan los tipos de liderazgo; en qué o en Quién se apoyan y si esto es o no lo que también establece la jerarquía valorativa del mundo.
Pese a algunas debilidades del guión, algunos topiquillos, etc. es una película que merece la pena ver, no sólo para pasar un rato con cine de acción, sino también si se quiere pensar algo.
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