jueves, 4 de marzo de 2010

Ocurrió

Aquí podéis descargaros el texto de la llamada ley del aborto. Creo que es de interés leerla con detención. Hay mucho más que aborto, aunque evidentemente esto sea lo peor. Sugiero que los padres y profesionales de la enseñanza se fijen en lo que dice de la educación sexual. Los contribuyentes y los cotizantes de la Seguridad Social algo tendrán que decir, por ejemplo, en lo de la no discriminación en el acceso a determinados servicios sanitarios, etc. Una vez sancionada y promulgada, el cinco de julio entrará en vigor, pero, a efectos penales, podría decirse que ya es así en los parámetros que marca. ¿Por qué? Porque las leyes penales que benefician tienen carácter retroactivo.

Pese a las movilizaciones, a lo que muchos han hecho, etc., casi sin dejarse sentir ha ocurrido. Es un momento muy triste y doloroso. Una sociedad que tolera estas aberraciones está profundamente enferma. Poco cabe decir hoy, el asunto invita al silencio, pero no para la pasividad, sino para orar y tomar resuello de cara al futuro. ¿Es esto irreversible? Pocas esperanzas tengo de que a corto plazo una mayoría parlamentaria la derogue. ¿Hay que ser pesimistas? No. Sencillamente esto es una tarea a largo plazo, pues supone que cambien los contravalores socialmente admitidos que hacen que esto sea posible. Tal vez podríamos empezar por preguntarnos qué decisiones mías, en cosas aparentemente nimias, puedan estar reforzando la mentalidad socialmente vigente. Y, por supuesto, no quedarnos ahí, sino cambiar uno mismo y ayudar a cambiar. Y no olvidarnos del presente, de los casos concretos de nuestro hoy. No hay que esperar a que cambie la sociedad para hacer cosas concretas y ayudar a personas concretas. Sólo por una merece la pena.

Ánimo y adelante.

3 comentarios:

Rocky Marciano dijo...

Tal vez podríamos empezar por preguntarnos qué decisiones mías, en cosas aparentemente nimias, puedan estar reforzando la mentalidad socialmente vigente. Y, por supuesto, no quedarnos ahí, sino cambiar uno mismo y ayudar a cambiar. Y no olvidarnos del presente, de los casos concretos de nuestro hoy. No hay que esperar a que cambie la sociedad para hacer cosas concretas y ayudar a personas concretas. Sólo por una merece la pena.

Ánimo y adelante.


Muchas gracias por escribir lo más razonable que he leído sobre este triste asunto.

Muchos otros comentaristas se muestran desde decepcionados u ofendidos hasta triunfantes porque se hayan confirmado sus pronósticos.

Pero, ciertamente, "Poco cabe decir hoy, el asunto invita al silencio, pero no para la pasividad, sino para orar y tomar resuello de cara al futuro".

Que Dios lo bendiga.

zaqueo dijo...

"No hay que esperar a que cambie la sociedad para hacer cosas concretas y ayudar a personas concretas."
Debemos atrevernos a "salir del armario", a mostrar como vivimos los cristianos. Me ha venido el recuerdo de la "Carta a Diogneto" http://www.mercaba.org/Tesoro/427-10.htm de la que copio un parrafo.
"Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres. En efecto, en lugar alguno establecen ciudades exclusivas suyas, ni usan lengua alguna extraña, ni viven un género de vida singular. La doctrina que les es propia no ha sido hallada gracias a la inteligencia y especulación de hombres curiosos, ni hacen profesión, como algunos hacen, de seguir una determinada opinión humana, sino que habitando en las ciudades griegas o bárbaras, según a cada uno le cupo en suerte, y siguiendo los usos de cada región en lo que se refiere al vestido y a la comida y a las demás cosas de la vida, se muestran viviendo un tenor de vida admirable y, por confesión de todos, extraordinario.[...] Se casan como todos y engendran hijos, pero no abandonan a los nacidos. Ponen mesa común, pero no lecho. Viven en la carne, pero no viven según la carne. Están sobre la tierra, pero su ciudadania es la del cielo. Se someten a las leyes establecidas, pero con su propia vida superan las leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los desconoce, y con todo se los condena. Son llevados a la muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos (/2Co/06/10). Les falta todo, pero les sobra todo. Son deshonrados, pero se glorían en la misma deshonra. Son calumniados, y en ello son justificados. «Se los insulta, y ellos bendicen» (1 Cor 4, 22). Se los injuria, y ellos dan honor. Hacen el bien, y son castigados como malvados. [...]Para decirlo con brevedad, lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo. El alma está esparcida por todos los miembros del cuerpo, y los cristianos lo están por todas las ciudades del mundo. El alma habita ciertamente en el cuerpo, pero no es es del cuerpo, y los cristianos habitan también en el mundo, pero no son del mundo."

Ojalá este maravilloso texto nos ayude a ser de verdad el alma del mundo.
Gracias por animarnos a ser auténticos cristianos.

carla dijo...

Me ha parecido buena idea la invitación a leer el texto legislativo. El argumentario es una aberración jurídica, propia de regímenes que someten el raciocinio humano y la ética a una determinada propaganda ideológica. Duele leer algo así.