lunes, 22 de marzo de 2010

Celibato opcional


Los reprobables casos de pederastia en el clero e instituciones de la Iglesia en Irlanda y Alemania han dado ocasión a los defensores del celibato opcional para volver a las primeras páginas. Indudablemente estos casos dan lugar a análisis desde muchos puntos de vista, no puedo tratar todos. Algo quiero destacar antes de empezar con la cuestión central de la presente glosa a esta realidad; es un problema que cuestiona profundamente no lo esencial de la Iglesia, pero sí el cómo de hecho está en este aquí y ahora y es una ocasión de renovación y reforma serias. Estoy convencido de que el Espíritu Santo está soplando fuerte para que nosotros, secundándolo, saquemos un gran bien. Vayamos a lo que ahora nos interesa.

La expresión que se suele utilizar es la que da título a estas líneas. Pero, claro, cuando se habla de opción hay que preguntarse quién es el que opta. Y aquí está una de las claves, no solamente de esta cuestión concreta, sino también de todo nuestro momento. Se suele dar por supuesto que quien opta es la persona concreta, la que tiene que decidir si quiere ser un sacerdote célibe o no. Mas esto permitidme que lo ponga en duda. Quien opta por el celibato es la Iglesia.

¿Entonces dónde está la libertad del hombre concreto? Aclaremos confusiones. Nuestra cultura –y estamos muy contaminados por ella, nuestras estructuras pastorales son muy permeables– tiende a absolutizar al sujeto individual. La vocación al sacerdocio –perdonadme si caricaturizo un poco– es algo que siente cada quisque, es algo suyo, entre él/ella y Dios, y los demás hemos de respetar su experiencia subjetiva que se convierte en un dato objetivo e incontrovertible para los demás; el siguiente paso es considerar que uno tiene un derecho, en este caso, a ser sacerdote. Y, como quiera que es algo mío, puedo decidir sobre ello, si quiero vivirlo en celibato o no, si durante un tiempo, por siempre, intermitentemente, etc.

¿Es todo el problema este, más que antropocentrismo, ego-centrismo? La vocación tiene evidentemente un componente subjetivo y personal. Hay una llamada –vocación– a la que libremente ha de responder alguien, pero esa llamada está mediada por la Iglesia. Si esto no se da, habrá ciertamente una experiencia subjetiva, pero propiamente no podemos hablar de vocación. Ahora bien, la llamada es a alguien y para algo.

Y aquí viene lo opcional del celibato. ¿A quién se llama? Se suele creer que hay una llamada al sacerdocio y luego, como algo sobrevenido que se puede aceptar con mayor o menor alegría, con mayor o menor resignación, el celibato, no pocas veces entendido como un peaje que hay que pagar. La liturgia es elocuente. Primero se hace la promesa de celibato y posteriormente se ordena al que ya es, en ese momento, célibe. La opción por el celibato es de la Iglesia en cuanto ella decide ordenar solamente célibes en el rito romano.

Evidentemente hay opción por el celibato en el candidato, pues hay una llamada a ser célibe y decide libremente serlo o no. Si no se tiene esa vocación –que como todas hay que discernir, cultivar y formar– es algo temerario aspirar al sacerdocio en el rito romano. Pero la opción no está en si el sacerdocio será en celibato o no, ni siquiera creo que debería consistir simplemente en aceptarlo como una carga impuesta para poder ser sacerdote. Creo que aquí debería de haber una seria reflexión. ¿Tienen los seminaristas vocación al celibato o es un añadido al sacerdocio? ¿La formación está pensada para célibes que son llamados y aspiran al sacerdocio o para aspirantes al sacerdocio que tendrán que ser irremediablemente célibes?

Creo que por aquí deben de ir los tiros. Habrá ciertamente muchas situaciones. Hay personas que han vivido su celibato y luego son llamadas al presbiterado, también quienes ven con claridad la lamada al celibato y sobre ella la del sacerdocio, otros son llamados a un celibato que desde el primer momento está vinculado a la vocación sacerdotal, asimismo hay algunos para quienes lo más evidente es la vocación al ministerio, pero bajo ella tendrá que estar la llamada al celibato. Descubrir esto en el proceso de formación es decisivo. Si no, el celibato será una cuña extraña, una tasa a pagar para poder ser sacerdote.

Otra cuestión será si la Iglesia debe seguir optando en nuestro rito únicamente por célibes o si es oportuno ordenar también a varones casados. Pero lo que no es debatible es si los sacerdotes tienen la opción a ser o no célibes.

11 comentarios:

ana dijo...

D. Alfonso:
En el tercer parrafo ha escrito:
"es algo suyo, entre él/ella y Dios,".
Creo que el "ella" sobra, pues está hablando claramente de la vocación al sacerdocio.

Alfonso Gª. Nuño dijo...

Está puesto a propósito. Ese exacerbado subjetivismo lleva a que algunas de "ellas" eleven a categoría de vocación lo que no pasa de ser una experiencia subjetiva; ¿pero de qué? La experiencia subjetiva es verdadera, pues se da, aunque no sea verdadero que sea una experiencia de vocación. El problema es que lo que yo entiendo como experiencia de vocación lo impongo como tal. La vocación no es algo reductible a mera experiencia subjetiva. Esa reducción la pueden hacer ellos y ellas. En el caso de éstas, se introduce otro problema además del celibato, pero ambos tienen una raíz común en ese extremo subjetivismo.

zaqueo dijo...

Muy esclarecedor.

Para los nuevos amigos de este blog y los que le seguimos a diario, recuerdo el magnífico post del 9 de junio de 2009.
http://glosasmarginales.blogspot.com/2009/06/sacerdotes-celibes-o-celibes-sacerdotes.html
una magnífica reflexión sobre el tema, que junto con este, nos ayuda a situarnos.

Pidamos luz para los formadores, seminaristas, y sacerdotes.

mrswells dijo...

'La vocación no es algo reductible a mera experiencia subjetiva' se aplica acualquier vocacion, no? no solo la sacerdotal de ahi que se puedan dar crisis no solo en el sacerdocio sino tambien en matrimonios por este tema..no? .

2. En lo del celibato, si es opcion de la Iglesia, entonces , como en otras cosas, se opone a las corrientes de pensamiento de nuestros tiempo y con ello da un ejemplo a los demas, se promueve el que 'no parezca posible o normal' lo que en otros tiempos era. Asi no se concibe en nuestros dias ni la infancia, por ejemplo.

3. No entiendo el que la cuestion esta salga a raiz de abusos de ninos ya que el prototipo de pedersta medio, segun he las estadisticas, es un'casado'

4. Luego, cuando dices que 'en el caso de estas, se introduce otro problema ademas del celibato'..A quien te refieres ? a que somos mas subjetivas psicologicamente?
Gracias

Alfonso Gª. Nuño dijo...

1. Una alucinación es también una experiencia subjetiva.
Cualquier vocación no es algo encerrado en sí mismo. Una regresión en cualquier vocación es sumirse en la propia subjetividad. Para un creyente, además se da en la Iglesia.

2. El celibato no está identificado con el sacramento del orden, aunque tenga con él profunda relación. Al no ser de institución divina, en los ritos orientales de la Iglesia Católica se ordena también a varones casados. En los ritos occidentales antigüamente también se hacía. Es una opción que se tomó en un momento y que, por tanto, es contingente; se puede retomar.
Otra cosa es que sea lo mejor en este momento. Mi opinión personal es que hoy por hoy es preferible mantener el celibato. Mis razones las dejo para otra ocasión; no porque no quiera darlas, sino por falta de espacio. En cualquier caso, la cuestión es si es lo que Dios quiere para nuestra situación. Discernirlo no nos compete directamente a los pequeños.

3. La cuestión sale no por razones objetivas, sino porque los hay que tienen ganas de enredar y aprovechan cualquier ocasión.

4. Lo de ellas hace referencia a las que tienen una experiencia subjetiva que auto-interpretan como que Dios las quiere como sacerdotes. En este caso, Jesús quiso que sólo se ordenen varones, por tanto, es algo que la Iglesia no puede modificar.

Espero haber aclarado algo.

Sonsoles dijo...

Yo creo que la vocacion al celibato viene acompañada al sacerdocio, un seminarista ya sabe qué es el celibato cuando entra al seminario, o lo tiene o no lo tiene. Las dos vocaciones estan unidas.
mrswells, que alegría saber de ti, yo creo que la palabra "celibato" no es dirigida al matrimonio, yo llamaría referente al matrimonio, castidad. Corrijanme si me equivoco.

mrswells dijo...

grazie D. Alfonso, grazie, Zaqueo

mrswells dijo...

Hello Sonsoles!!

Anónimo dijo...

Gracias por el comentario:
El celibato y la castidad para nosotros los que no estamos casados, es un Don,de entrega gratuita a Dios que es amor,hay que puntualizar que la ordenacion de catolicos casados del rito oriental se hace despues del matrimonio, antes no.
Milagro.

mrswells dijo...

Me gustaria aclarar el punto 2 que hice antes y expresar la preocupacion que el tema me sugierte. Y es que creo que en la sociedad, los gobernantes empiezan a dirigir una politica educativa que no tolera la opcion de algunos (el celibato), me refiero a que a en las escuelas pretenden indoctrinar a los nignos ( o, expresado menos finamente, 'violar' su inocencia) en materia de sexualidad, y dudo que en estas clases introduzcan la opcion celibato.
Con todo esto, esta opcion tendra que hacerse contracorriente. me alegra constatar que hay jovenes que elijen el celibato (y gracias) pero la formacion no tiene que darse solo al nivel de seminario cuando algunos de ellos lleguen alli, sino mucho antes.

Alfonso Gª. Nuño dijo...

En toda la cuestión de la sexualidad, nuestra sociedad vive en un reduccionismo materialista y, todo lo que se salga de esta horma, la inquisición se encarga de amputar o tachar de perverso. La perversión es tentar a la gente a que considere que también son seres espirituales y no solamente materiales.