martes, 10 de febrero de 2009

Morir de hambre en occidente

Pese a la crisis económica, en el opulento occidente, la situación no es tan grave como para que alguien muera de hambre y ya hay, al menos, un caso. Tras dejar de darla de comer y beber, con extraña rapidez, Eluana murió ayer. Ocurrió en Italia, pero está ocurriendo en occidente desde hace mucho tiempo.

En los años de la primera Guerra Mundial, España se enriqueció. En una carta que escribió al hispanista norteamericano, Everett W. Omsted, en 1916, Unamuno analizaba así la situación:

Esta España progresa materialmente, y mucho, y se enriquece –la guerra nos ha traído mucho oro– y en comodidades e industrias y negocios va muy bien, pero el lucro está engrasando las conciencias y cunde un vergonzoso materialismo. El pueblo como rebaño tiene mejores pastos y estás más luci[d]o y más cebado y hasta más retozón, pero sigue rebaño. Y esto se refleja en la literatura. Se escribe[n] cosas más juiciosas, más razonables, mejor documentadas, pero de una ramplonería y de una falta de originalidad desesperantes. Acaso el nivel medio de la cultura general sube, pero se borran las personalidades. y todos dan en delegarlo todo, empezando por la conciencia religiosa. Y yo sigo prefiriendo el ángel desgraciado al cerdo satisfecho y bien comido y bien lavado.

¿No nos vemos reflejados? [El subrayado es de mi cosecha]

2 comentarios:

Mónica dijo...

Parece increíble que ella haya muerto ,
sabes que nunca leo el periódico y rara vez escucho una noticia , la muerte de Giuliana llegó hata mí a través de la radio -.....CONTADA COMO SI NO TUVIERA IMPORTANCIA .... y lloré

zaqueo dijo...

Ayer fuí a un albergue de los llamados "sin techo". Allí sólo pueden estar tres días.
Estuve charlando con Ivan de 35 años y José Luis de 39, nos hicimos amigos.
Jose Luis me contó como había conocido el infierno sin necesidad de morirse.
Un día a punto de meterse una sobredosis, "algo" le pasó por la cabeza, tiró la jeringuilla y decidió que nunca más volvería a robar a drogarse y a beber. Pasó por el mono como pudo, su decisión era firme, la sigue manteniendo. Su única pena es no haber conseguido el perdón de su jefe, el dueño del bar donde trabajaba y al que robaba el dinero de la máquina tragaperras.

Está resuelto a salir adelante, gracias al plan de reinserción que le han concedido, y volver a Barcelona para conseguir el perdón de su jefe. Es lo único que necesita.

¡¡¡Qué lección!!!

¿Cuántas veces he pasado al lado de estas personas que viven en un banco o sobre unos cartones en la calle y los he ignorado como si fueran invisibles?