viernes, 26 de junio de 2009

Una pena de monja

Queridos contertulios del blog, el comentario de El Mesías de Händel lleva varios días interrumpido y mi deseo hubiera sido continuar hoy, mas una noticia sumamente dolorosa me lleva a ir por otros derroteros. Entre los que quieren imponer más cargas de las necesarias y los que quieren hacer de su capa un sayo, tenemos a la Iglesia hecha unos zorros. Este caso me ha dolido especialmente porque en él se cruza la opinión de una monja, que es mujer y contemplativa, con la píldora abortiva y el aborto. Los detalles los podréis encontrar en el enlace. Como es benedictina, no he podido por menos que recordar el capítulo XXIII de la Regla de S. Benito, inspirado en Mt 18,14-17.
Si algún hermano es terco, desobediente, soberbio o murmurador, o contradice despreciativamente la Santa Regla en algún punto, o los preceptos de sus mayores, sea amonestado secretamente por sus ancianos una y otra vez, según el precepto de nuestro Señor. Si no se enmienda, repréndaselo públicamente delante de todos. Si ni así se corrige, sea excomulgado, con tal que sea capaz de comprender la importancia de esta pena. Si no es capaz, reciba un castigo corporal.
En las reglas monásticas, encontramos conservados aspectos del modo de vida apostólica que habían perdido vitalidad en el día a día de los creyentes. La Regla de S. Benito podría ser un buen espejo donde mirarnos para caminar hacia el futuro. Alguna vez he barajado la posibilidad de comentarla en el blog, capítulo a capítulo, no para la vida de los monjes, sino mirando a los seglares. Si Dios quiere, así será.

Dentro de las normas monásticas, como reflejo del itinerario catecumenal, la benedictina no hace excepción, hay previsto también un trayecto por etapas hasta incorporarse plenamente a la vida de comunidad. Esto, de por sí, debería se ser para nosotros un fuerte aldabonazo. Insisto, no es una idea de los monjes, el lugar originario es la vida de la Iglesia, de donde ellos lo toman. Pero no solamente hay una puerta de entrada, sino que también hay una vida en común. Y, como no podía ser de otra manera, al estar compuesta la comunidad por hombres, hay problemas, fricciones, etc.

Todo lo cual da lugar a que haya una disciplina, cuya finalidad es, ante todo, medicinal; tanto para preservar la salud de la comunidad, como para devolvérsela a quienes la perdieron. Y aquí la salud es la del alma. Hay todo un proceso gradual que busca la conversión. Al final, lo mismo que hay una puerta de entrada, también la hay de salida. En la Regla de S. Benito, excomunión se refiere a ser expulsado de la comunidad monástica, uno de los bienes más preciados para el monje. Y esta pena también es por el bien del afectado, para que experimentando lo que es vivir fuera de la fraternidad, pueda arrepentirse y volver.

Más allá del caso concreto, sin rigideces ni laxitudes, habría que ir pensando en la necesidad de una verdadera, es decir, no casi únicamente escrita, sabiduría y disciplina de entrada, permanencia y, llegado el caso, de salida. Los documentos y las palabras suelen ser magníficos, pero del que está al frente de la comunidad, no solamente se espera que hable, sino que también pastoree.

3 comentarios:

zaqueo dijo...

"... aquí la salud es la del alma."
De cuidar la salud del alma de esta monja tienen obligación sus superiores ¿están? ¿dónde?

Esta monja no engaña a nadie, sólo a si misma. No es quien dice ser.
Los medios de comunicación utilizan a estas personas enfermas para crear polémica y por lo que veo lo consiguen (lean los comentarios a la noticia). Violencia y más violencia...

Es una persona desnortada que necesita ayuda y guía.
Sus guías ¿habrán leído acaso la regla que profesaron?

Será de gran ayuda leer su comentario sobre la Regla de S. Benito. Será como aspirar la fragancia de un perfume denso de sabiduría. Gracias.

Sonsoles dijo...

¡QUÉ HA PASADO? PERDONA PERO NO LO HE ENTENDIDO MUY BIEN, CREO QUE HABLAS DEL ERROR QUE HA PODIDO COMETER UNA MONJA, QUE ES DÉBIL COMO TU Y COMO YO. dIOS PROVEERÁ.
BSS

David J. Santos dijo...

Precisamente hoy, solemnidad de san Pedro y san Pablo, celebramos que la Iglesia Católica es, desde su concepción por Cristo, un ente jerarquizado, en el que no caben, o no deberían caber, las decisiones asamblearias, el ir por libre, y sí la fidelidad a un Magisterio.

Lamentablemente, esta monja no está del todo sola en su delirante discurso. Vean si no lo que dice esta sacerdotisa episcopaliana.