jueves, 18 de diciembre de 2008

El Mesías de Händel VI

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Y, mientras el tenor canta la melodía, en la caja de resonancia que es él mismo, resuenan los armónicos. Y, al oír esas palabras del profeta, resuenan en nuestro interior las primeras notas del evangelio de S. Marcos: “Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor” (Mc 1, 1ss). Y a continuación nos habla del precursor del Señor.

No nos pasa desapercibido que el evangelista ha interpuesto unas palabras de Ml 3,1 que cantará un poco más adelante el bajo; tampoco que la cita de Isaías aparece con una puntuación distinta. Los que saben de estas cosas nos dirán que es la que tiene la traducción griega de los LXX del Antiguo Testamento y posteriormente la Vulgata. Pero este dato erudito solamente nos dice el camino por el que los dos puntos han cambiado de lugar, el avatar histórico mediante el cual se nos está diciendo algo; esto es lo decisivo, lo que se nos está diciendo en unas pobres y muy limitadas palabras humanas.

S. Juan Bautista ya ha obedecido la llamada a preparar en el desierto el camino del Señor y ha ido a él y lo dispone diciendo allí: “Preparad el camino del Señor”. Hemos oído la llamada a ir al desierto a preparar el camino, que no es otra cosa que “allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale” (Is 40, 3s). Y allí se nos insiste en ello; hemos de profundizar aún más en el camino emprendido.

Como al abad Arsenio le ocurrió, cuando llegamos al desierto, cuando hemos dado los primeros pasos para preparar ese camino, nos encontramos que hay en el una voz que reduplica la llamada. Pero, al mismo tiempo, el que ha llegado al desierto, como le ocurre al Bautista, es también un grito que dice a los demás que preparen el camino. Preparar el camino es ir al desierto a allanar el terreno e ir haciéndolo es una llamada a los demás.

Cuando hemos empezado a igualar el terreno, cuando los desniveles del mal grave han sido perdonados y sanados por Dios, descubrimos una llamada nueva. Hay otros accidentes en nuestra orografía interior; además del mal patente, está el bien aparente. Lo bueno que hacemos está manchado por nuestra intención. Nuestro corazón está apegado a la vanagloria, al placer, al tener, a ser reconocidos, etc. Y, en el desierto, una voz, la de nuestra conciencia, nos descubre que contaminamos lo bueno con nuestros afectos desordenados; preparar el camino al Señor es purificar totalmente, con la ayuda de su gracia, el corazón: “Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5, 8).

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3 comentarios:

Mónica dijo...

Soy una experta en afectos desordenados ,
son como espejismos , estas en el desierto de la soledad y el primer cura tuerto que se te cruza por delante te parece un ángel de Dios , pero te trba pensar qué mensaje traerá para tí
Así que acabas entrando en su blog y ....
afectos desordenados ...se veía venir

¡cómo evitarlos!

Son lo peor , porque acabas más y más enfrascada En a lo de ser reconocidos ... es un deseo del corazón , y de la hipoteca , porque si no te reconocen en el trabajo , ... pues te echan, sí ... y ....en la forma que pueden , y tu rendimiento baja si no tienes reconocimiento y acabas en la calle que ya me preguntan si he echado los papeles del traslado... Dios me lo dió , Dios me lo quitó

lo más importante es Dios , quien a Dios tiene nada le falta .....

solo Dios basta

Alfonso García Nuño dijo...

¿Cómo evitarlos? Sería largo contarlo, pues es todo el problema de los logismoi. Mónica, he entrado en tu blog y, en el comentario que haces a una preciosísima foto, aparece una clave.
Nuestra atención se bifurca y parte de ella se va al exterior y parte al interior. La que se fija interiormente en el mundo de nuestros pensamientos, imágenes, etc. -todo ello con carga afectiva fuerte- corretea y va de un lugar para otro. Parte de la ascesis consiste en aprender a unificar la atención mirando a fuera.
Pero esto es una breve pincelada teórica. Lo que hay que hacer es dejarse orientar por un buen maestro espiritual que sabrá decirnos lo que nos conviene hacer en nuestro momento personal. Los libros de autoayuda -menos un parrafito como éste- aquí no valen, hasta pueden ser contraproducentes. En al vida espiritual, el autodidactismo puede jugarnos una mala pasada.

zaqueo dijo...

Cor mundum crea in me Deus, etc
(Salmo 50,12).