domingo, 21 de diciembre de 2008

El Mesías de Händel VIII

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"Ha hablado la boca del Señor". Así termina este último versículo. En el primero habíamos oído: "Dice vuestro Dios". Se trata de algo que es dicho por Dios, pero el profeta, su boca, también ha actuado. Tanto el libro de Isaías como el resto de la Biblia tienen una doble autoría; son palabra humana y palabra divina.

No se trata de que Dios haya puesto, a unos determinados hombres, a copiar al dictado. Por ello, el cristianismo no es propiamente una religión del Libro. No son simplemente palabras de un idioma humano, es que los distintos autores -a veces a través de un complejo y secular proceso de redacción- lo son de verdad, con todo lo que esto implica. La elección e inspiración divina no anula ni la creatividad ni las limitaciones del escritor sagrado. Y, como hay verdadera autoría humana, se precisa la interpretación.

Cuando ponemos la perfección en la pureza de lo abstracto, tal vez esto nos pueda parecer un absurdo. Me parece que muchos de nuestros escándalos, leyendo algunos pasajes de bíblicos, tienen su origen aquí. Pero esto mismo es ya un fruto de la divina escritura. Cuando un paso nos revuelve por dentro, nos está diciendo algo, es una interrogación sobre mi actitud ante muchas cosas y también me está hablando del contraste que hay entre mi y Dios.

Las limitaciones de los autores son de muy distinto tipo. Hay poemas bellísimo, otros son casi tan malos como los míos. La inspiración literaria en algunos pasajes es extraordinaria, en otros parece que escribe un leguleyo o algún burócrata de registro civil. ¿Por qué no se servirá Dios solamente de los mejores literatos?

Sto. Tomás de Aquino, al contemplar la muchedumbre de criaturas diversas que pueblan y constituyen el universo, se hace una pregunta parecida. La creación habla de la inconmensurable riqueza que Dios es en sí mismo y esto no puede expresarse con la pura simplicidad, porque, si Dios hubiera creado un universo simplicísimo, hubiera creado otro Dios; lo cual es contradictorio, porque Dios solamente puede haber uno.

Así pienso que pasa con la Sagrada Escritura; la variedad de autores, de estilos, de géneros, etc. nos hablan de la simplicísima riqueza divina. Y, a la par, cuando esto nos chirría, nos está llamando a no buscar el bien, la bondad y la belleza en un solo respecto formal. Nos está invitando a mirar desde otro ángulo. El pobre poeta, como tal, ofrece poco, pero me regala el escucharle desde otro punto, para descubrir su riqueza, que será otra distinta a la que me ofrece un gran escritor. Solamente el haberme movido a reorientar mi atención ya me ha regalado mucho.

Pero, por grandes que fueren las cualidades del autor, siempre serán limitadas para hablar de Dios. Y, sin embargo, la finitud también nos habla de Él. Esta pequeñez de los hombres ofrece muchas variantes, las cuales, cada una a su manera, nos remiten también a Dios. Pero esto, tendremos que dejarlo para otro momento.

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1 comentario:

zaqueo dijo...

... a mirar desde otro ángulo.

Gracias por enseñarme a descubrir Su belleza, Su inmensa riqueza, oculta a mis ojos miopes.