sábado, 20 de noviembre de 2010

Antífona de entrada. Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo / Apocalipsis 5,12; 1,6

Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos (Ap 5,12; 1,6).
Tras haber presentado al Padre sobre el trono de su gloria y la liturgia de alabanza que lo circunda, el Apocalipsis nos muestra al Cordero degollado, junto al trono, como el que ha triunfado sobre el pecado y la muerte, digno de tomar el rollo y abrir sus sellos, y como Aquél que es digno de ser centro de la liturgia celeste de bendición y alabanza.

Estos dos motivos, el imperio de su realeza y su adorabilidad, quedan concisamente expresados en las palabras con que se concluye esta antífona. Al que ha muerto y resucitado, al Cordero inmolado, la gloria y el poder sin limitación alguna, como solamente le corresponden a Dios, por los siglos de los siglos.

Nosotros, como nos indica esta antífona, al acudir a la celebración eucarística, entramos mistéricamente en ese capítulo del Apocalipsis. Nos congregamos en torno a su trono y participamos en esta tierra en la liturgia celeste. Vivimos anticipadamente, con creciente esperanza, en lo que será para nosotros, si a Él somos fieles hasta el final, nuestra vida en el cielo. Estar bajo la soberanía del Cordero inmolado y glorificarlo es vivir ya, en este mundo, la felicidad eterna. Y es que el cristiano no ha de hacer otra cosa, en la vida presente, que vivir ya la eterna.

El discipulado consiste en que toda la existencia, todas nuestras acciones y palabras, todo nuestro ser, sea sumisión a la soberanía de Cristo y adoración a Él. Y, por su medio, al Padre en el Espíritu. Esto, que tenemos ocasión de vivirlo con máxima intensidad en el memorial del misterio pascual, debe ser la constante de lo que somos y hacemos, en toda situación y circunstancia. Cualquier ocasión que demanda de nosotros una respuesta es una oportunidad para someternos a la voluntad del Señor y adorarlo. De modo que, repitámoslo una vez más, toda nuestra vida es eucarística, toda ella es una anticipación del cielo.

Pero la antífona no solamente nos dice qué está ocurriendo en la celebración, también nos da palabras para glorificar y reverenciar al Cordero inmolado. A Él sea siempre el poder y la gloria.

[Un comentario a la antífona de comunión de esta solemnidad lo podéis encontrar aquí]

1 comentario:

Mónica dijo...

También es el día de la Niña María y su presentación en el templo , María y Jesús nunca compiten por los titulares del día pero uno y otro están contentos de celebrar juntos la alegría de vivir