viernes, 2 de enero de 2009

Schönborn y el test de la "Humanae Vitae"

De Viena no solamente nos llega el concierto de Año Nuevo. De su cardenal, Schönborn, pudimos leer, poco antes de terminar 2008, unas polémicas declaraciones entorno a la recepción de la Humanae Vitae, acaso la Encíclica más políticamente incorrecta. El arzobispo vienés arremetía duramente contra buena parte del episcopado europeo por la "tímida" acogida a la carta papal. No voy a entrar en la justeza o no de sus afirmaciones, ni en las réplicas que ha encontrado. Voy a tomar pie en el oleaje de la superficie para buscar la corriente marina de fondo.

En mi primer acercamiento a la Humanae Vitae, tuve la impresión de que era algo importante. Con el paso del tiempo, se me va acrecentando la convicción de que tal vez sea uno de los acontecimientos, al menos eclesialmente, más importantes del pasado siglo. No es simplemente un suceso, algo que ocurrió y, a ello, sucedió otra cosa. Sino que es algo que sigue obrando y, por eso, de la postura que tomemos ante ella, va a depender lo que sea la Iglesia y, por consiguiente, también nuestro mundo.

Este seguir obrando es lo que convierte a la Encíclica en un magnífico test. La reacción ante ella da la medida de dónde está cada quién, al menos en las cuestiones morales, si a la altura de los tiempos o anclado quién sabe dónde. Ambos polos no se identifican, ni mucho menos, con las tópicas corriente de progres y carcas o liberales y conservadores.

Moralmente, tras el Concilio, se han dado dos fuertes corrientes en la Iglesia; esto no quiere decir que sean las únicas. Las mentes disyuntivas de blanco o negro sí lo piensan, por eso, si no te ven conservador, te llaman progre o viceversa. Esto se da también en otros órdenes de la vida de fe, no es monopolio de la moral y ésta, aunque la carta de Pablo VI se centre en ello, es más que sexualidad. Pero ciñámonos a lo moral y concretamente a la Humanae Vitae, pues el que mucho abarca poco aprieta.

Esas dos corrientes parecen contradecirse, pero, en mi más que irrelevante opinión, comparten un fondo común. Muy sintética y acertadamente Schönborn decía que la aplicación se había dejado a cada conciencia. Como no podía ser menos, si esto se entendiera clásicamente. Pero detrás de esta frase no está precisamente el obrar conforme a la voz de la conciencia. Cuando se dice obrar conforme a la conciencia, se está diciendo, en nuestro contexto cultural, otra cosa.

En realidad, el trasfondo es una mentalidad iuspositivista -nos sale de nuevo la pedante palabreja: perdonadme-. Para muchos de nuestros contemporáneos significa que cada quién, se dictará a sí mismo la ley moral, no que vaya a seguir la voz de su concienica. No es que uno sea ley para sí mismo, sino que es legislador para sí mismo. Pero, en no pocos de quienes han defendido la enseñanza papal, inconscientemente ha funcionado una mentalidad parecida. Unos apelando a la conciencia y otros a la ley moral le han hecho un flaco favor a la Humanae Vitae, es decir, a la evangelización y a la Iglesia.

¿Por qué digo esto? Buena parte de los pocos que han defendido la Humanae Vitae lo han hecho como si fuera una ley externa al hombre, dictada bien por el Dios del voluntarismo o por la Iglesia. En el caso de Dios, a la par, se ha trasmitido la imagen de una divinidad tiránica y arbitraria. Como si Dios hubiera creado al hombre y luego le dictara unas normas. Si fuera algo dictado por la Iglesia también se comunicaría una imagen arbitraria de la moral. La naturaleza humana iría por un lado y, sobre ella, bien fuera el legislador Dios bien la Iglesia, caería la carga de unas normas. Cuánto tenemos en común con nuestros contemporáneos.

Así es muy difícil que uno se tome en serio el deber moral. Si se me permite la paradójica expresión, Dios es iusnaturalista y la Iglesia, en este caso Pablo VI, lo que hace es poner en palabras humanas el deber ser y hacer, que no son un postizo pegado a la criatura.

Y luego, claro, el modo de transmisión de la verdad. Cuántas veces dando por supuesta la fe en el oyente. Si éste no es creyente, el que enseña no puede actuar como si el otro lo considerara su pastor. Y qué pocas veces tomamos en consideración el punto del camino en el que está cada quien. Con qué frecuencia, por no tratar al retoño como tal, nuestras palabras son como un adoquín tirado a la cabeza.

Mucho me he alargado. Y, cuanto más se habla, más riesgo de decir tonterías. Las que se me hayan deslizado no las toméis en cuenta. Lo importante es lo que enseñe la Iglesia.

4 comentarios:

zaqueo dijo...

Al terminar de leer ayer su comentario sentí dolor, y no supe por qué. Hoy empiezo a saber.

Me duele que un cardenal "arremeta duramente contra buena parte del episcopado europeo", con razón o sin razón.

La verdad sin caridad es, como Vd, dice, "como un adoquín tirado a la cabeza".

Mónica dijo...

¿qué es la moral?-gritó Nietzche en su Genealogía , y se responde al instante ¨ la moral es el derecho de ser cruel"
Yo CREO justo lo contrario , que la moral es renunciar a ese "derecho" . es una cuestión de fe , no de justicia . Se dice : la verdad es cruel , y aveces la justicia también ..a esto se refería el austriaco ,
Imaginemos un mundo sin castigos ¿sería inmoral?
Jesús perdonó a la adultera y la defendió de la acción de la justicia ... y fue moral ,
..

Alfonso García Nuño dijo...

Para ser misericordioso, es necesario ser justo. Si no se distingue el bien del mal, no se reconoce el mal y no se puede regalar la posibilidad del bien. En el caso de Dios, además la justicia, respecto de los hombres, reposa sobre la misericordia, pues la creación no es de justicia; nadie tiene derecho a ser creado.

Todo lo que es abstraído de la totalidad es cruel, pues en sí tiene ya la violencia de haber sido desgajado del resto. Una justicia abstraída de la totalidad es cruel y una moral así también. La verdad solitaria, sin nada más, es un adoquín tirado a la cabeza.

Anónimo dijo...

Si de lo que estais hablando es de moral natoral digo yo que se podrá conocer con la razón