lunes, 9 de marzo de 2009

Antífona de Comunión C-DII / Mateo 17,5


En el clima de la Transfiguración en que se celebra el segundo domingo de cuaresma, cuando los fieles se disponen a acercarse a comulgar, se oye, como antífona de comunión, la voz del cielo que escucharon Pedro, Santiago y Juan.

Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo (Mt 17,5).

En el momento de comulgar, el ministro muestra el pan consagrado y dice: "El cuerpo de Cristo". Entonce, quien va a recibirlo, hace confesión de su fe y dice: "Amén". La antífona de hoy explicita algo de lo que está implícito en estas palabras del ministro de la comunión.

Es el Hijo, el amado y el predilecto del Padre. Pero además, en las palabras de la antífona resuenan, a su vez, las de Is 42,1; Sal 2,7 y Dt 18,15. Éste es el Siervo de Yhwh, el Rey y el profeta futuro al que hay que escuchar.

Y cuando vamos a comulgar nos dice el Padre que lo escuchemos. Es el Logos eterno, la Palabra, el Verbo. Comer su carne se tiene que convertir en un acto de escucha, de contemplación. Y escuchar la Palabra tiene que ser alimento. La liturgia de la Palabra remite a la Eucarística y viceversa. La celebración es una unidad.

2 comentarios:

Mónica dijo...

Sabrías decirme ¿quién es el joven a quien señala la mujer de rosa en este cuadro ?, ¿podría ser Isaac?

Alfonso Gª. Nuño dijo...

Mónica, si no me equivoco, no es Isaac. Rafael lo que hace es unir dos pasajes evangélicos, como si fueran simultáneos, aunque fueran sucesivos, mediante el recurso de dividir en dos el cuadro. En la parte superior la Transfiguración (Mc 9,2-13), en la inferior la curación de un muchacho endemoniado (Mc 9,14-29), que sería el señalado por la mujer.