sábado, 28 de marzo de 2009

VII - Jesús cae por segunda vez. 1Corintios 10,14-17.20s

Por eso, amigos míos, no tengáis que ver con la idolatría. Os hablo como a gente sensata, formaos vuestro juicio sobre lo que digo. El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan. [...] Los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios, y no quiero que os unáis a los demonios. No podéis beber de los dos cálices, del del Señor y del de los demonios. No podéis participar de las dos mesas, de la del Señor y de la de los demonios (1Cor 10, 14-17.20s).
Jesús venció al demonio para que podamos superar las tentaciones y para que podamos levantarnos, si es que caemos en ellas. Aunque todas las tentaciones y pecados se reducen a vivir desde nuestra soberbia, desde lo que nosotros consideramos y de espaldas a Dios, Jesús fue tentado y venció tres veces.

Hay veces que lo que nosotros con nuestras fuerzas podemos no es suficiente para realizar nuestros planes sin Dios. Entonces podemos ser tentados con utilizar otro poder para llevarlos a cabo, el poder del mal para hacer el mal. No se trata, en este caso, de hacer algo malo sirviéndonos de capacidades que podríamos usar para hacer el bien, sino de usar el mal para hacer el mal.

Entonces le escuchamos a Satanás decirnos: "Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo" (Lc 4,7). Vencer a la tentación es no salir de la comunión con el único Dios y, por tanto, de la de los hermanos, para no entrar en la servidumbre del mal, pues fuera de Dios no hay un lugar neutro. Levantarse de la caída es volver a la comunión con Dios y los hermanos: "Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo darás culto" (Dt 6,13). Él no es solamente el fin único, sino también la posibilidad de todas las posibilidades.

Y todo esto os lo digo como a gente sensata. No basta con escuchar un discurso. La vida de fe es algo muy práctico. Y las palabras de un entrenador deportivo no ganan los partidos. La técnica de cualquier disciplina hay que hacerla propia con la práctica. Y además, en un blog, apenas se pueden tocar algunas cosas. Es muy recomendable un entrenador personal, porque, para el combate singular, no es suficiente con los principios generales, pues hay que corregir también cuestiones muy personales.

2 comentarios:

Mónica dijo...

Si pero los entrenadores personales dónde están cuando se les necesita?
siempre están muy por encima de nuestra altura o muy distantes de nuestros verdaderos problemas

zaqueo dijo...

Los entrenadores personales, deben estar muy por encima de nuestra altura y así tener una visión más amplia.
Es muy importante mantener una distancia y respetarla siempre,
la confianza no se debe convertir en camaradería.
La relación con el entrenador personal requiere sinceridad y humildad, mucha humildad y así oir a Jesús a través de sus palabras.