viernes, 31 de diciembre de 2010
Antífona de entrada. Sta. Mª. Madre de Dios / cf. Is 9,2.6; Lc 1,33
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Antífona de entrada. Navidad.3 / cf. Is 9,2.6; Lc 1,33
Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor y es su nombre: "Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre perpetuo"; y su reino no tendrá fin (cf. Is 9,2.6; Lc 1,33).Porque nos ha nacido el Señor, porque se ha hecho hombre, tiene un Cuerpo y una Sangre que se pueden hacer presentes. Pero no solamente se ha hecho hombre, sino que también ha querido tener presencia eucarística. Por eso, al comenzar cualquier celebración de la misa, el creyente sabe que sobre toda la asamblea va a brillar una luz y no cualquiera, sino la Luz. Y lo hará porque Él lo quiso así en su Última Cena, no porque tengamos poder sobre Él.
martes, 28 de diciembre de 2010
Antífona de comunión. Navidad.2 / Juan 1,14
La Palabra se hizo carne, y hemos contemplado su gloria (Jn 1,14).
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida; pues la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó (1Jn 1,1s).Y la Vida se hace visible, para nosotros, bajo la apariencia de pan y de vino. Nosotros por la fe vemos al Verbo de la vida y pues lo vemos, podemos dar testimonio y anunciar esa vida eterna que estaba desde la eternidad junto al Padre y se nos manifiesta.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Antífona de entrada. Navidad.2 / Salmo 2,7

El Señor me ha dicho: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy" (Sal 2,7).
domingo, 26 de diciembre de 2010
Antífona de entrada. Sagrada Familia / Lucas 2,16
Los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre (Lc 2,16).
viernes, 24 de diciembre de 2010
Antífona de entrada. Navidad.1 / cf. Éxodo 16,6s
Hoy vais a saber que el Señor vendrá y nos salvará, y mañana contemplaréis su gloria (cf. Ex 16,6s).
¡Feliz Navidad!

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba tierra y sombras de muerte, y una luz les brillo. […] Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva a hombros el principado, y es su nombre: “Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz” (Is 9,1.5).
jueves, 23 de diciembre de 2010
¡Qué regalo de Navidad!
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Hay que salvar a un nascituro y a su madre
sábado, 18 de diciembre de 2010
Antífona de entrada A-IV / cf. Isaías 45,8

Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo, ábrase la tierra y brote al Salvador (cf. Is 45,8).Parece como si todo el Antiguo Testamento se concentrara en esta antífona. El obrar de Dios en la historia va preparando a la humanidad para este momento, va haciendo de la necesidad de salvación, tras el pecado de Adán, una oración que pida al único que puede darle aquello que ha menester. Pedir un Salvador de una manera inimaginable hasta que tuvo lugar. La historia de salvación previa a Jesús es ir formando la explicitud de la petición de la Encarnación, como petición al cielo para que se anonade el Justo (cf. Flp 2,7), pero también para que el arcángel pida a la tierra virginal de María que se abra a la acción del Espíritu y nazca el Salvador.
viernes, 17 de diciembre de 2010
La Vulgata española
A finales del segundo siglo de nuestra era (ca. 180 d.C.), el número de cristianos de habla siríaca, copta y latina había aumentado considerablemente, por lo que las versiones de la Biblia, a la que para ellos era lengua vernácula, fueron apareciendo. La razón de ello cae por su peso, tanto el Nuevo Testamento en su original griego, como el Antiguo Testamento, bien en el original hebreo bien en la traducción griega, resultaban incomprensibles para quienes no dominaban esas lenguas.
Este fenómeno, que ya había tenido lugar, entre los judíos, antes del nacimiento de Jesucristo, marca una clara diferencia con el Islam: el Corán para él es intraducible. En cambio, para el cristiano, la Biblia no es un libro que recoja palabras que dictara Dios en el pasado y que, por ello, quedaran congeladas e intocables en una lengua pretérita sin más interpretación que la literal; por el contrario, es palabra divina –en palabras de verdaderos autores humanos y no de taquígrafos– que se está diciendo aquí y ahora para cada oyente en concreto. De modo que el cristianismo no se entiende a sí mismo como una religión del Libro –pese a lo que muchos digan siguiendo el parecer de los musulmanes–, sino de la Palabra viva de Dios, «no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo» (S. Bernardo de Claraval).
Antes de finales del s. IV, había diversas versiones latinas, ninguna de ellas oficial, cuyo conjunto se conoce como Vetus latina. La traducción al latín que se conoce como Vulgata, por ser la divulgada y que llegaría a ser la oficial del occidente latino de la Iglesia, fue realizada en aquéllas fechas por S. Jerónimo; un trabajo en el que el sabio dálmata empleó lo mejor de la filología de aquella época. Algo en ello parece que tuvo que ver un papa originario de la Hispania, S. Dámaso I; pudiera ser que esta colosal empresa comenzara al haberle éste encargado la traducción de los evangelios.
El pasado 14 de diciembre, la Conferencia Episcopal Española presentó la primera versión completa oficial en español de la Biblia; sería, por tanto, en lengua castellana, lo que fue la Vulgata en latín. Esta traducción ha sido posible gracias al trabajo que han llevado a cabo, durante diez años aproximadamente, más de una veintena de especialistas, algunos ya fallecidos, y la ha publicado la Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.).
Será la que la Iglesia católica en España emplee en las celebraciones y libros litúrgicos, en sus documentos y en la enseñanza escolar y catequética; pero, en modo alguno, el que sea la versión oficial quiere decir que vaya a ser la única, aunque es previsible que se vaya imponiendo como la dominante. En Italia, por ejemplo, la versión oficial la publican distintas editoriales, sin tener el monopolio ninguna; la originalidad está en el modo de editarla, en que cada edición ofrece sus propias notas explicativas o de pasajes paralelos, en las que muchas veces se sugiere al lector, a pie de página, alguna traducción alternativa para versículos concretos.
Hasta ahora, aunque ha habido variedad de traducciones completas fruto de distintas iniciativas, solamente se contaba, como traducción oficial, con lo correspondiente a los leccionarios litúrgicos –en ellos tuvo un papel fundamental Luis Alonso Schökel, junto a Ángel González Núñez, José María González Ruiz, José María Valverde y también Juan Mateos–, lo cual, pese a su amplitud, no abarcaba la totalidad de la Biblia.
El proyecto surgió con fuerza en Madrid, en septiembre de 1995, a raíz de un encuentro de obispos y teólogos sobre el documento La interpretación de la Biblia en la Iglesia. Lo que se pidió, en aquel momento, fue una versión completa en la que se integraran revisados los textos que ya se utilizaban en la liturgia. Para llevar a cabo esta ambiciosa empresa, se creó, en 1996, un comité técnico compuesto por un presidente, Domingo Muñoz León, un secretario, Juan Miguel Díaz Rodelas, y tres vocales, con los que ha colaborado un nutrido grupo de biblistas. En 2007, ya se contaba con un primer texto que, tras ser revisado, fue aprobado por la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal el 26 de noviembre de 2008. Como conclusión de tan largo proceso, el texto aprobado recibió la recognitio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos el 29 de junio de 2010.
Éste ha sido, de momento, el último capítulo de la historia de la Biblia en español. El primero lo escribieron aquellas biblias romanceadas que empezaron a aparecer en el siglo XII y más concretamente aquellos pasajes del Antiguo Testamento traducidos, entre 1126 y 1142, a un castellano contemporáneo del Poema del Mío Cid, por Almerich Malafaida, que llegó a ser patriarca de Antioquía, y que envió a su amigo de juventud, el arzobispo Don Raimundo de Toledo. Ni la historia del castellano ni la de España son comprensibles sin la Biblia.
sábado, 11 de diciembre de 2010
Antífona de entrada A-III / Filipenses 4,4.5
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca (Flp 4,4.5).
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Antífona de entrada. Solemnidad de la Inmaculada Concepción / Is 61,10
Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios; porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novia que se adorna con sus joyas (Is 61,10).
Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: "Esta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque lo de antes ha pasado" (Ap 21, 2ss).
sábado, 4 de diciembre de 2010
Antífona de entrada A-II / Cf. Isaías 30,19.30
Pueblo de Sión: Mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. El Señor hará oír la majestad de su voz y os alegraréis de todo corazón (cf. Is 30,19.30).
jueves, 2 de diciembre de 2010
Una entrevista a Benedicto XVI

domingo, 28 de noviembre de 2010
Antífona de entrada A-I / Salmo 25(24),1ss
A ti, Señor, levanto mi alma: Dios mío, en ti confío: no que de yo defraudado; que no triunfen de mí mis enemigos, pues los que esperan en ti no quedan defraudados (Sal 25(24),1ss).
sábado, 27 de noviembre de 2010
En S. Pedro Regalado
viernes, 26 de noviembre de 2010
Otra desmitificación
jueves, 25 de noviembre de 2010
Antífona de comunión TO-XXXIV.2 / Mateo 28,20
Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo –dice el Señor (Mt 28,20).
martes, 23 de noviembre de 2010
Una voz desde la antigua China

Los antiguos queriendo poner de manifiesto la fuerza de la inteligencia, antes gobernaban su Estado; pero para gobernar su Estado, antes organizaban su familia; pero para organizar su familia, antes cuidaban de su conducta; pero para cuidar la conducta, antes educaban su corazón; pero para educar el corazón antes rectificaban sus intenciones […]. Hoy [en cambio] se quieren exaltar las leyes de los bárbaros, es más, se prefieren a aquéllas [antiguas] […]. Hoy aquéllos que pretenden [innovar] rechazan el Estado y la familia, y suprimen las relaciones naturales, de modo que el hijo ya no respete al padre, el súbdito ya no se someta [a la ley] […].
lunes, 22 de noviembre de 2010
Antífona de entrada TO-XXXIV / Salmo 85(84),9
Dios anuncia la paz a su pueblo, y a sus amigos; y a los que se convierten de corazón (Sal 85(84),9).
domingo, 21 de noviembre de 2010
Naturaleza, Historia, Reino. Apunte
La corporalidad da un carácter temporal a todo lo humano, por eso el hombre tiene historia, por eso Cristo tiene una historia y el Cristo total, cabeza y cuerpo, es histórico. En lo humano hay un transcurrir, como en cualquier realidad temporal, en el cual tenemos lo que transcurre, el transcurrir mismo que presenta un término a quo y otro ad quem, y el estar cambiando en el transcurrir de aquello que transcurre y que tiene una determinada duración, una manera de per-durar, de retener la identidad a lo largo del cambio que se da en el transcurso. Y este transcurrir lo es siempre. Pero el transcurso no es sin más historia. En cualquier otra realidad material hay transcurso, pero no hay historia.
En las cosas meramente materiales, en el movimiento transcurrente, los distintos momentos simplemente se suceden los unos a los otros, por eso, lo que ocurre en el ámbito de funcionalidad material, la naturaleza, es lo que llamaría un suceso en el que, aunque haya cambio, no hay propiamente creación. Ciertamente hay novedades; en el caso, por ejemplo, de la evolución, habría un proceso, unas especies procederían de otras. Pero simplemente procederían, no cabría hablar de progreso, porque no habría cumulación de novedad en la especie o en el ser vivo concreto de donde procediera la otra.
En el hombre, al ser no solamente material, sino también espiritual, no hay una simple sucesión de lo que ocurre, aunque también se da ese momento, sino que hay lo que yo llamaría hechos, no simplemente sucesos. En los seres materiales, sus acciones son simplemente la actualización de unas potencias. En unos casos, a una acción sucede una reacción, en otros, a un estímulo sucede una respuesta. En el caso del hombre, hay un tipo de causalidad que no es meramente material. El hombre, aunque esté también incurso en el ámbito de funcionalidad material, está suelto de la sucesión de acciones y reacciones, de estímulos y respuestas, es libre de todo ello, pero libre para dar una respuesta voluntaria. Entre la potencia y el acto, el hombre interpone algo, tiene que proyectar y decidir, tiene que pergeñar una posibilidad de acción: aquí está el orto de la creación humana. Y su acción no será simplemente la respuesta a un estímulo, sino la realización de la posibilidad por la que se haya decidido. Y esta realización de una posibilidad entre las muchas posibles ciertamente recae en su entorno, pero es ante todo realización de sí. Por eso al menos, podemos hablar de un progreso, porque hay cumulación de novedad en uno, en la forja de su personalidad. Que sea de signo positivo o negativo es otra cuestión. Progreso individual, pero también social, por pequeña que sea la aportación al conjunto. Más adelante veremos cómo es esto.
Esta realización de una posibilidad es propiamente un hecho; porque es una creación no desde la nada es un hacer, un hecho. Pero, como el hombre es a una cuerpo y alma, en el acontecer humano hay un momento de suceso y otro de hecho; aquí tenemos lo que es un acontecimiento. Y, en éste, lo que hay de suceso pasa, pero lo que tiene de hecho queda. Acontecimiento es lo que ocurre a la par en el ámbito de funcionalidad material y en el espiritual; la historia, por lo pronto, es un ámbito de funcionalidad, de causalidad, el ámbito propiamente humano. Los ángeles se hallan y configuran un ámbito de funcionalidad puramente espiritual. El hombre no, su ámbito no es la pura naturaleza, tampoco el angelical, su ámbito es la historia.
Y aquí se nos presenta una grave cuestión. ¿Es esto suficiente? El hombre no se encuentra solamente en medio de una causalidad material y espiritual, meramente creaturales, es que en su vida interviene también otro tipo de causalidad, hay un intervenir de Dios que no se identifica con darle el ser y mantenerlo en él. ¿No habría que hablar de un ámbito de funcionalidad cualificado? ¿Es suficiente hablar de historia en el sentido meramente creatural? Al hombre se le anuncia la cercanía del Reino de Dios. Y éste no es sino el reinar mismo de Dios, el ejercicio de su soberanía sobre el cosmos humano. Una acción divina que es un re-obrar sobre lo ya creado. A ésta actuación le viene muy bien la imagen del alfarero. Pero uno que ha creado el barro y re-obra sobre él moldeándolo. Ahora bien, la imagen, como todas, se queda corta; aquí esta la diferencia con el barro, Dios no se limita a re-obrar sobre el hombre. Lo convoca a un ámbito nuevo para interactuar con él en una forma irreductible con la causalidad meramente creatural, bien sea material o espiritual. Hasta fuera del paraíso, el deseo de divinización refiere al hombre a ese ámbito de acción divina, análogamente a como cualquier cosa de la naturaleza está abierta a ser incorporada, por el hombre, a la historia. Ciertamente Dios podría haber creado un mundo con seres inteligentes que no estuvieran destinados a la visio beata; en ese caso, bastaría con el crear y, si hubiera creación material, habría naturaleza e historia, mas no ese otro ámbito. Pero no es el caso.
Jesús no está en ese ámbito como lo estuviera Adán antes del pecado o como los demás somos re-incorporados tras la expulsión del paraíso, como somos agraciados para que nuestra acción sea graciosa y no mero acontecimiento histórico. Su modo de estar en ese ámbito de causalidad divina es la unión hipostática. De modo que su acción es un acontecimiento histórico, es suceso y hecho, pero es más. La acción de Jesús tiene un momento dominante sobre los otros e irreductible a ellos, un momento de ágape divino. De ahí que más que acontecimientos, los suyos sean misterios [1]; no son mero acontecimiento histórico, por ese momento agápico, y son misterio por lo que tienen de suceso y hecho. Su acción es ejercicio de la soberanía divina, es el reinar mismo de Dios. Con Él se inaugura el Reino, su costado abierto es el hontanar de ese ámbito de funcionalidad. De ahí que pueda decir Lagrange: «La única Vida de Jesucristo que se puede escribir son sus Evangelios: el ideal está en hacerlos comprender lo mejor posible»[2].
Alguien en el siglo primero se podría haber ocupado de lo que la vida del Jesús terreno tenía de sucesos, pero no tendríamos al Jesús terreno, sino solamente sus sucesos, ni siquiera sus hechos [3]. Pero si hubiera puesto su atención principalmente en lo que hemos llamado hechos, tampoco habría escrito un evangelio y no solamente por no ser un texto inspirado. Los evangelios, sin prescindir de los momentos de suceso y de hecho de los misterios de la vida de Jesús, toman otra perspectiva, la del momento propio de la acción divina, lo agápico. Y no solamente esto. Cualquier historiador y biógrafo, cuando han muerto los personajes tienen una visión que se dirige al pasado; si viven, también al presente. Los evangelistas, además de la perspectiva indicada, hablan de quien fue, es y vendrá (cf. Ap 4,8). De modo que en los evangelios, por estos dos motivos, por narrar misterios más que acontecimientos y por hablar de quien sigue presente y vendrá, tenemos «el “Jesús histórico” en sentido propio y verdadero» [4].
Decíamos que la acción del hombre, que el acontecimiento es una creación, aunque no lo sea ex nihilo sui et subiecti. Ciertamente el hombre tiene a su disposición todo el entorno natural con el que obrar; también el alimoche, por ejemplo, toma piedras para romper con ellas el huevo del avestruz. Pero esto no es lo decisivo y distintivo en lo humano, hay algo de lo que se sirve el hombre para obrar que es radicalmente distinto. El alimoche, por muy sofisticado que sea su comportamiento, no sale de una concatenación de estímulos y respuestas. El hombre, libre de esa cadena, tiene que barajar, como ya se ha dicho, distintas posibilidades, entre las que elige una, combina varias, modifica alguna, etc. y su elección eleva a proyecto una posibilidad, entre las muchas, que con su acción voluntaria realizará. Esas posibilidades que necesita entre la potencia y el acto no nacen de la nada, sino que el hombre parte de lo recibido. Hasta para rechazarlo tiene que apoyarse en ello.
Como en los demás seres vivos, en el hombre se da una transmisión genética. Pero el hombre, además de una gestación intra-uterina, es gestado en un determinado modo de estar en el mundo. Este modo de estar es un sistema de posibilidades teleológicamente jerarquizadas. Este sistema de posibilidades, considerado en cuanto al hombre se refiere, es un modo de estar en la realidad, un modo de realizar la propia personalidad, y, en cuanto lo es en la realidad, en cuanto es un modo de cultivar la realidad, es una cultura.
Este sistema de posibilidades es entregado. La historia, como ámbito de funcionalidad, no es solamente el ámbito en que el hombre va moldeando su personalidad interactuando con los otros hombres, sirviéndose de un entorno. Precisamente para que sea posible que como ámbito de funcionalidad sea lugar donde el hombre vaya configurando su personalidad, la historia es donde tiene lugar la entrega del sistema de posibilidades teleológicamente jerarquizado, es lugar de tradición, de traditio, de parádosis. Y es en esa parádosis donde el hombre está para poder actuar, para poder moldear su personalidad actuando. Ser parte de la historia, el hombre no puede no serlo, es estar en un ámbito de funcionalidad y en una tradición concreta.
Y, como es historia, como lo es del hombre, tanto la funcionalidad como la traditio no son cuestiones yuxtapuestas a lo material, ya que el alma no lo es al cuerpo. Ya veíamos cómo en el acontecimiento hay dos momentos, el hecho y el suceso. Pues bien, el sistema de posibilidades es trasmitido carnalmente. Todos los objetos que me rodean son expresión de una cultura, es decir, de un sistema de posibilidades que cultiva la realidad, y es gracias a ellos como tiene lugar la parádosis. Sin materialidad que le dé perceptibilidad, un sistema de posibilidades es sencillamente algo perfectamente incognoscible e irrealizable para el hombre. Una lengua humana, por ejemplo, sin sonidos, o sin gestos para un sordo o una pulsación táctil para un sordo-ciego o sin tinta sobre el papel, es algo sencillamente imposible.
Esta parádosis presenta diversas caras. Ya nos ha salido una de ellas. Es donde el hombre es gestado extra-uterinamente, ahí es instalado por sus padres. En el ser puesto, los padres están entregando un modo de estar en la realidad, que tendrá continuidad en el hijo y más allá de él, en aquellos a los que entregue ese sistema de posibilidades. Aunque también sea posible que alguien adulto acoja otro sistema de posibilidades, siempre lo hará desde algún otro. Por tanto, como el sistema de posibilidades es bifaz, en cuanto forma de estar y en cuanto cultura, ésta va incursa en este movimiento de instalación y entrega-recepción-entrega. Dando continuidad a un determinado modo de estar en la realidad, se le da también a una cultura. Pero esa tradición la va a recibir alguien distinto de quienes hacen la entrega, alguien que va a vivir unas determinadas circunstancias y que va a tener que ir forjando con sus decisiones su propia personalidad. Decíamos que lo que de suceso tiene el acontecimiento pasa y lo que tiene de hecho queda hecho. Este quedar tiene lugar de dos modos; el hecho queda en cuanto ha contribuido a configurar una personalidad, pero también queda en la tradición, en cuanto ha modulado un sistema de posibilidades, en sus dos facetas, de cara a un estar en la realidad y como cultura. De modo que la tradición transmitida, ese sistema de posibilidades teleológicamente jerarquizado, va a sufrir modificaciones. En él va a dejar cada quién su impronta, que puede ser mayor o menor, de un signo u otro; por ello, sólo progresa la tradición. Aunque también es posible la extinción de alguna en concreto, pero lo que no es posible es que no haya alguna.
Jesús, ni que decir tiene, nació en una determinada tradición. Lo novedoso en Él no es simplemente que sea otro hombre, sino que su instalación y recepción en una tradición no son un simple acontecimiento histórico, sino que es misterio. Antes de la realización concreta en sus acciones de ese sistema de posibilidades recibido, éste tiene una plenitud muy precisa, que en Él encuentra la novedad absoluta del misterio divino y así, aunque hay una continuidad de lo recibido, sin embargo hay una radical novedad; por ser quien es, hay plenitud de lo recibido y se da el origen de una nueva tradición, no simplemente de una tradición nueva, porque desde Él se encuentra en el ámbito de funcionalidad del ágape divino. Una tradición que, por serlo, será recibida y entregada, y, en esa continuidad progresiva, se irá moldeando; manteniendo su identidad en lo esencial, irá encontrando en lo accidental distintas modulaciones, aunque solamente sea porque quienes se convierten al Evangelio vengan de otra tradición; y no solamente porque sean tradiciones meramente históricas, siendo esto lo decisivo, sino también porque en lo meramente histórico son distintas.
Y, como decíamos que la tradición es bifaz, la que tiene su origen y sujeto permanente en Jesús no tiene que ver solamente con la forja de la personalidad, sino que tiene también la vertiente de cultivar la realidad. Es, por tanto, generadora de cultura e interlocutora de otras culturas, en las que influye y de las que se enriquece.
¿Y quién es el sujeto de la tradición? Ciertamente alguien en concreto es el que recibe la tradición de alguien y la modifica. Pero ese sistema de posibilidades es patrimonio común de una sociedad, de modo que esa entrega, recepción y modificación quienes las hacen lo hacen en cuanto pertenecientes a una sociedad. En nuestro caso, el sujeto es el Cristo total, Cabeza y miembros [5]. Por eso, Jesús es sujeto permanente de la tradición. Es, por un lado, quien entrega permanentemente, pues la Iglesia hace entrega en unión a su Cabeza; es el núcleo de lo entregado; pero es también receptor, pues solamente en unión a Él se recibe.
NOTAS
[1] «San Pablo entiende el Cristianismo, el “Evangelio”, como un “mysterium”, mas no en el sentido de una doctrina oculta y misteriosa de lo divino, sentido que adoptó el vocablo en la filosofía antigua. “Mysterium” es, antes bien, para él sobre todo una acción de Dios, la realización de un plan eterno en una acción que procede de la eternidad de Dios, se realiza en el tiempo y en el espacio y tiene nuevamente su término en el mismo Dios eterno» (O. Casel, El misterio del culto cristiano, San Sebastián 1953, 50s).
[2] J. M. Lagrange, El Evangelio de Nuestro Señor Jesucrito, Barcelona 1942, 2.
[3] Si los sucesos son lo determinante de lo histórico, entonces los evangelios no lo serían: «Si por “histórico” se entiende que las palabras que se nos han transmitido de Jesús deben tener, digámoslo así, el carácter de una grabación magnetofónica para poder ser reconocidas como “históricamente” auténticas, entonces las palabras del Evangelio de Juan no son “históricas”» (J. Ratzinger/Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, Madrid 2007, 272).
[4] Ibid., 18.
[5] «Este misterio puede expresarse en la única palabra “Cristo”, donde “Cristo” significa al Salvador como persona en unión con su Cuerpo Místico, la Iglesia» (Casel, 51).
sábado, 20 de noviembre de 2010
Antífona de entrada. Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo / Apocalipsis 5,12; 1,6
Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos (Ap 5,12; 1,6).Tras haber presentado al Padre sobre el trono de su gloria y la liturgia de alabanza que lo circunda, el Apocalipsis nos muestra al Cordero degollado, junto al trono, como el que ha triunfado sobre el pecado y la muerte, digno de tomar el rollo y abrir sus sellos, y como Aquél que es digno de ser centro de la liturgia celeste de bendición y alabanza.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Antífona de comunión TO-XXXIII.2 / Marcos 11,23.24
Yo os aseguro que todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis (Mc 11,23.24).
sábado, 13 de noviembre de 2010
Antífona de entrada TO-XXXIII / Jeremías 29,11.12.14

Dice el Señor: "Tengo designios de paz y no de aflicción, me invocaréis y yo os escucharé, os congregaré sacándoos de los países y comarcas por donde os dispersé" (Jer 29,11.12.14).¡Qué distinto es tenerle miedo a Dios que tener temor de Dios! En éste tenemos el comienzo de la sabiduría, en aquél nos apresa el demonio en la ignorancia en que nos ha sumido por sus mentiras; la fundante de todas, la que insinuó a nuestros padres en el paraíso, que Él no nos ama y por eso nos ha vetado el comer de uno de los árboles del Edén. En el temor del Señor, el ser se estremece en la manifestación de su Gloria, ante la atracción de su belleza que suavemente, como las cosas de Dios son, lo arranca de donde su corazón lo tenía preso de lo creado.
Más allá de la dictadura del escepticismo
martes, 9 de noviembre de 2010
domingo, 7 de noviembre de 2010
Antífona de comunión TO-XXXII.2 / Lucas 24,35
Los discípulos conocieron al Señor Jesús al partir el pan (Lc 24,35).Aquellos dos discípulos de Emaús, pese a la familiaridad que habían tenido con Él, no lo conocieron por lo pronto. Fue Jesús quien les fue haciendo conocer. Como en la celebración eucarística, primero les fue exponiendo todo lo que se refería a Él en las Escrituras. Y su corazón ardía. Es un comenzar a conocer. Pero fue en la fracción del pan cuando lo reconocieron. Más allá de lo que puede conocerse humanamente, conocieron al glorificado en la resurrección.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Antífona de entrada TO-XXXII / Salmo 88(87),3
Llegue hasta ti mi súplica; inclina tu oído a mi clamor, Señor (Sal 88(87),3).La Eucaristía es lugar de diálogo entre Dios y su pueblo. Él nos habla y nosotros le respondemos con el canto y la oración. Ir a la celebración es ya una respuesta a la convocatoria que Él hace. Y a ella vamos con nuestro deseo de que nuestras necesidades encuentren acogida en su misericordia.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Antífona de comunión TO-XXXI.2 / Juan 6,58
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí –dice el Señor (Jn 6,58).
domingo, 31 de octubre de 2010
Antífona de comunión TO-XXXI.1 / Salmo 16(15),11

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia (Sal 15,11).