lunes, 18 de mayo de 2009

Un apunte sobre la conciencia


[Comparto con vosotros este apunte a partir de una lectura de V. Frankl. Perdonad lo que tenga de enrevesado y pedantesco]

La conciencia tiene también una profundidad inconsciente, que es precisamente donde está su raíz; sería menester diferenciar entre conciencia y consciencia. De hecho, las grandes decisiones humanas son irreflejas y, por tanto, inconscientes o acaso habría que decir mejor pre-conscientes y, en cuanto son posteriormente conceptualizadas, intra-conscientes. En este sentido, la conciencia es pre-lógica; lo que no quiere decir que sea antilógica o ilógica, sencillamente es que la conciencia nos da un conocimiento de los valores previo a la tematización de los mismos con la razón. Pero esto no quiere decir que sea un conocimiento antirracional, pues se trata de un conocer que está abierto a ser tematizado y razonado; pero esto es solamente un acto segundo que tiene su base precisamente en ese conocer pre-lógico.

Análogamente a un conocimiento del ser, es decir, de la actualidad de la realidad en la respectividad del mundo, previo al logos, así también tenemos un conocimiento no del ser en cuanto que es sino de un ser que aún no es, es decir, de cómo debería de ser esa actualidad de la realidad, de un ser que debe ser; otro tanto podría decirse del conocimiento de la belleza. Precisamente como ese ser aún no es, pues debe serlo, su conocimiento, antes de su efectiva actualidad, tiene lugar mediante la intuición; la conciencia tiene una función esencialmente intuitiva. Pero esto también es así porque la conciencia no tiene que ver con un deber ser en abstracto, sino con el deber ser de alguien en concreto e individual. La conciencia es intuitiva porque no descubre un deber ser, sino que me descubre quien debo ser yo. «Se trata de esa única y exclusiva posibilidad de una persona concreta en su situación concreta […]. En ningún caso es cognoscible racionalmente, sino sólo intuitivamente. Y esta función intuitiva es de hecho la que corresponde a la conciencia» (Frankl).

Mientras que el instinto se queda en lo general y es incapaz de lo individual concreto, la conciencia puede traducir la ley moral a la correspondiente situación concreta de una determinada persona. Lo cual no es inventar el deber para mí, sino ver desde el presente concreto de alguien, por tanto, desde una situación única e irrepetible, cuál debe ser la respuesta concreta de esa persona única. Se pueden escuchar muchos consejos de los demás, pero la voz de la conciencia es única, sólo audible por mí, y el deber ser concreto de cada uno es intransferible e indelegable. Una vida desde la conciencia, una vida a conciencia, es siempre una vida personal; mientras que quien delega, quien no escucha la voz de la conciencia y está pendiente de lo que hacen los demás o de lo que le dicen que debe hacer, va despersonalizando su vida y haciéndose masa.

Este carácter anticipador e intuitivo del deber ser, en mi opinión, también es válido de cara a las acciones pasadas. La conciencia, en este caso, también nos descubre un deber ser mirando al futuro, concretamente una figura del yo arrepentida de algo que hizo. Más que una mirada al pasado, es mostración de un yo arrepentido que debo llegar a ser. Así pues, más que preguntarse en el llamado examen de conciencia por lo malo que se ha hecho, que más que tener que ver con la conciencia es un ejercicio de memoria, si ahí se queda, la cuestión sería escuchar a la voz de la conciencia qué me dice que debo ser, en qué sentido debo rectificar el rumbo desde esta situación concreta en que me hallo. Sospecho que muchas patologías y escrúpulos se vencerían saliendo de una mirada clavada en el pasado y situarse en una que se orienta hacia el futuro. Más que mirar lo malo del pasado, es mirar hacia lo bueno que en concreto, no en abstracto, debo ser yo, desde la realidad concreta del presente, en el que hay mal, y que me donará en intuición anticipadora la conciencia. 

4 comentarios:

zaqueo dijo...

"... mientras que quien delega, quien no escucha la voz de la conciencia y está pendiente de lo que hacen los demás o de lo que le dicen que debe hacer, va despersonalizando su vida y haciéndose masa."

A veces sufro incomprensión, juicio y rechazo de los demás por actuar según el dictado de mi conciencia.

En las horas de mi vida y en la hora del juicio sólo Dios y yo.

Alfonso Gª. Nuño dijo...

Zaqueo, aprovecho tu comentario para añadir algo al apunte publicado.

En nuestra época, uno de los problemas más fuertes es el subjetivismo. Para no caer en él, tenemos una gran ayuda. Si lo que creo que sea la voz de mi conciencia entra en contradicción con los diez mandamientos y la enseñanza de la Iglesia, me estaré auto-engañando. Si está dentro de ese marco, adelante, aunque los demás me digan que debería hacer otra cosa.

Pero lo que me dicen los demás también da pie no para hacer lo que los demás digan simplemente porque ellos lo digan, sino para preguntarle a Dios en la oración qué opina Él de todo eso. Que sea Él la última palabra siempre.

Y otra cuestión. Tenemos que estar siempre abiertos a que lo que Dios pueda querer de uno en un momento pueda variar con el tiempo, recibir matizaciones, crecimiento, etc. Incluso cambios radicales en lo que esto sea posible. Hoy mi deber podría ser vivir en Londres, pero mañana podría ser Santiago de Chile.

Mónica dijo...

los problemas de conciencitis acaban en neurosisi que se agudizan con problemas reales que se proyectan hacia el futuro y en ocasiones acaban por realizarse , "Lo que temo me persigue lo que me atemoriza me alcanza"
Al menos esa es mi experiencia.

zaqueo dijo...

"...la cuestión sería escuchar a la voz de la conciencia que me dice qué debo ser, en qué sentido debo rectificar el rumbo desde esta situación concreta en que me hallo."

GRACIAS...