
Quisiera haber retomado hoy los comentarios al texto de
El Mesías de Händel, pero me he topado con una
entrevista ejemplar, en el sentido cervantino, y creo que merece la pena un pequeño comentario.
En ella, un sacerdote llamado Mariani, que se hizo famoso por un libro no muy edificante, le dice al periodista: "Una enorme cantidad de curas llevan una doble vida". En lo que digo, no quiero emitir ningún juicio sobre él, simplemente tomo sus palabras como pie para una reflexión.
Desde los Doce hasta nuestros días, siempre ha habido pecadores en la Iglesia. De hecho, la militante solamente la formamos los pecadores. En los sacramentos, recibimos la gracia, pero ninguno de ellos nos da la impecabilidad.
Cuando sale algún hecho de algún clérigo gravemente deplorable en la prensa, no me escandalizo. Los que los airean sí lo pretenden. Pero este tipo de campañas solamente tienen éxito sobre un supuesto, la creencia de que Dios tiene que hacernos, queramos o no, impecables. Por descontado que no se trata de la de los santos en el cielo.
Detrás de esto hay una visión del hombre propia de los totalitarismos. Y claro, proyectada una mentalidad así sobre Dios, da como resultado una divinidad por decreto. Como el Dios verdadero no ejerce su poder para erradicar el mal al margen de la libertad de sus creyentes o incluso de todos los hombres, los escándalos se muestran como pruebas de la falsedad del Dios de los cristianos, en particular, o de Dios, en general. Y no digamos de la Iglesia.
Pero, leídas con atención estas noticias, lo que nos muestran es que Dios se toma muy en serio la libertad del hombre. Da la gracia y unos son fieles a ella y viven la santidad en esta tierra; otros, por desgracia, somos más remolones. Pero Dios es paciente y nunca quiebra nuestra libertad.
Ahora bien, no es lo mismo el simple pecador que el hipócrita. El pecador quiere no pecar. El hipócrita es un pecador que vive instalado en el pecado, sin propósito de enmienda, y aparentando otra cosa; una doble vida. De esto ha habido siempre en la Iglesia. El problema se agrava con la proporción.
Habría que decirle a Mariani que no solamente los curas; muchos son los cristianos que llevan una doble vida. Todos sabemos que muchos almacenan conscientemente en el olvido buena parte de la doctrina moral de la Iglesia, especialmente en cuestiones económicas y sexuales, y también algunos principios de la fe.
Pero además están los cínicos. Los que no llevan una doble vida, porque no ocultan a los demás una de las dos, sino que alardean de sus postulados. Desde luego Lutero, Calvino, Zwinglio, etc. tuvieron, al menos, la hombría de romper, ya que entendieron que su fe no era compatible con la de la Igleisa Católica.
Pero además de que se pueda constatar que en un cuerpo hay parásitos, la otra cuestión es cómo reacciona el ser vivo frente a estos. Y de ello somos todos responsables. Sobre esto, es muy ejemplar también la entrevista. ¡Cuánta conversión necesitamos todos!
¿Seré un montanista o algo por el estilo? ¿Tendré vocación de intolerante inquisidor? Desde luego no quiero serlo, pido no serlo. Si alguien me puede indicar dónde está mi error, gustoso rectificaré. Mientras tanto creo que es mi deber decir estas cosas, porque pienso que hay que despertar al dormido, y seguir rezando por todos los pecadores, empezando por mí.
Hay algo que tengo claro, este tipo de cuestiones hay que procurar decirlas con la mayor humildad posible, porque el rencor y la falta de paciencia no edifican. Pedid por los que tecleamos el ordenador, para que seamos sencillos y busquemos mostrar únicamente a Dios y no a nosotros mismos.