domingo, 19 de abril de 2009

Ver para creer. Juan 20, 19-31

Termina el evangelio de hoy (Jn 20,19-31) haciendo una mirada restrospectiva a todo él. Jesús hizo otros muchos signos, en este libro sólo se han consignado algunos, desde el de las bodas de Canaa hasta las apariciones del Resucitado. Y se ha hecho para que creamos que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios, de modo que creyendo tengamos vida en Él.

En la antigüedad, las cosas se escribían más que para ser leídas, para ser escuchadas. Estamos acostumbrados a tener nuestros libros y leer sin pronunciar, sin sonidos, para nosotros mismos. Los cristianos primitivos, y hasta no hace mucho, no tenían libros. La Biblia era, ante todo, algo que oían proclamar. Y, antes de la conversión, también hoy, el que no cree oye, de viva voz, el testimonio de alguien. El centro de ese testimonio es confesar que Jesús ha resucitado.

Antes de la Pascua, los discípulos veían, oían, olían, tocaban , etc. a Jesús, y, al besarlo, también lo gustaban. Después de su muerte y resurrección, los sentidos no van a dejar de tener importancia; creer, contrariamente a lo que se suele opinar, no es una acción asensorial. Y es que no creemos incorpóreamente, por eso lo material es tan importante en los sacramentos.

La cuestión es qué se ve ahora, qué se escucha, qué se... "Dichosos los que crean sin haber visto" (Jn 20,29) ¿Pero sin haber visto qué? En el mismo capítulo, unos versículos antes, del discípulo amado se dice que "vio y creyó" (Jn 20,8). Y nosotros vemos también la tumba vacía y oímos sus palabras, pero lo que no oímos es su voz y lo que no vemos es su figura.

Los animales ven, pero no ven realidad. Más allá de que sean signo de respuesta las cosas que ven, no ven que las cosas sean con independencia de que estimulen para una respuesta. Las cosas para ellos no son reales. Con los ojos de la fe, al ver una tumba vacía se percata uno de algo más que la realidad que de suyo es. Y, gracias a la fe, las palabras que oímos las oímos como son en verdad, no como simple palabra humana, sino como palabra divina. Sto. Tomás tuvo la posibilidad de oír el testimonio de los otros discípulos y creer.

Hay que ver y oír para creer.

3 comentarios:

zaqueo dijo...

Seamos con nuestra vida voz de su Palabra.

Seamos lámparas de su Luz.

A traves de nosotros Él seguirá atrayendo, instruyendo, iluminando...

mrswells dijo...

Yo diria que antes de ver y oir hay que romper con la tirania mundana que te quiere obligar acver u oir las cosas de una forma estereotipada. Hay que esforzarse en ser libres..sobre todo en la sociedad de hoy y no desperdiciar oportunidades.

Como te gusta tanto Handel, te dire que he oido en la radio que despues de una gran obacion y alabanzas que recibio por su obra "El Mesias" dijo algo asi como: "Solo hay que oir lo que viene de Dios. Pues de El viene absolutamente TODO"..
que se diga esto por la radio, para quien lo quiera oir, me da mucha esperanza

Alfonso Gª. Nuño dijo...

Mrs. Wells,
Así es, una de las cosas que más nos impiden ver la realidad es la mentalidad, acabamos creyendo que nuestra interpretación de la realidad es la realidad. Para el que no tiene fe, liberarse de la mentalidad, le facilita el camino, pues la realidad es lo más próximo que tenemos de Dios cuando solamente funcionamos con el entendimiento natural.
Y al que tiene fe y percibe, más que realidad, el misterio divino, purificarse de la mentalidad, es una ascesis necesaria para ver con trasparencia el misterio en el que se está por la fe. Cuanto menos ruido, mejor se escucha a Dios. Pero cuándo, cómo y qué nos diga no depende de ello, sólo facilita la audición cuando libre y gratuitamente tenga lugar la comunicación.
Lo que dices de Händel y que se haya dicho es una preciosidad. Gracias.