lunes, 13 de abril de 2009

Antífona de comunión P-DI / 1 Corintios 5,7s

Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. Aleluya (1Cor 5,7s).
El evangelista S. Juan nos hace ver en su relato de la Pasión que Cristo fue crucificado en el momento en que en el Templo era sacrificada la víctima del ritual de la antigua pascua judía.

Tanto en la Vigilia Pascual, como en la eucaristía del Domingo de Pascua, en el momento de la comunión, en plena celebración de la Resurrección del Señor, se canta esta antífona, si no es sustituida por otro canto eucarístico. Participamos del sacrificio de la nueva Pascua, pero la víctima está verdaderamente sacrificada y verdaderamente viva.

Pero estas palabras de S. Pablo además nos invitaban a celebrar el acontecimiento central de la historia, siendo nosotros panes ácimos. No se trata ya de retirar de la casa, como en la antigua celebración pascual, la levadura vieja. Sino de purificarnos de todo mal, para que seamos panes de sinceridad y verdad. Que toda nuestra vida no tenga otra finalidad que la Pascua, que toda la vida la esperemos de la Resurrección del Señor. Una vida, una existencia con una pura intención.

Toda nuestra vida, estos cincuenta días de Pascua en especial, estamos invitados a ser en medio del mundo esos panes ácimos de sinceridad que hagan presente la alegría de la Resurrección. Todos nuestros días, una celebración de la Pascua.

Y, en las manos del Sumo y Eterno Sacerdote, Jesucristo, ¿qué llegarán a ser los panes ácimos de la sinceridad y la verdad?

¡Aleluya! Es decir: ¡Alabad al Señor!

3 comentarios:

zaqueo dijo...

... Sino de purificarnos de todo mal, para que seamos panes de sinceridad y verdad.

Copio textualmente una parte pequeña de la preciosa homilía del Papa en la Misa de la Cena del Señor (Jueves Santo):
"Conságralos en la verdad". Y "Jesús añade: "Tu palabra es verdad". Por tanto, los discípulos son sumidos en lo íntimo de Dios mediante su inmersión en la palabra de Dios. La palabra de Dios es, por decirlo así, el baño que los purifica, el poder creador que los transforma en el ser de Dios. Y entonces, ¿cómo están las cosas en nuestra vida? ¿Estamos realmente impregnados por la palabra de Dios? ¿Es ella en verdad el alimento del que vivimos, más que lo que pueda ser el pan y las cosas del mundo? ¿La conocemos verdaderamente? ¿La amamos? ¿Nos ocupamos interiormente de esta palabra hasta el punto de que realmente deja una impronta en nuestra vida y forma nuestro pensamiento? ¿O no es más bien nuestro pensamiento el que se amolda una y otra vez a todo lo que se dice y se hace?¿Acaso no son con frecuencia las opiniones predominantes los criterios que marcan nuestros pasos? ¿Acaso no nos quedamos, a fin de cuentas, en la superficialidad de todo lo que frecuentemente se impone al hombre de hoy? ¿NOS DEJAMOS REALMENTE PURIFICAR EN NUESTRO INTERIOR POR LA PALABRA DE DIOS?

zaqueo dijo...

La homilía es la de la Misa del Crisma (Jueves Santo)y no la de la Cena del Señor. Por si alguno quiere leerla entera, la podeis encontrar en:
http://www.ssbenedictoxvi.org/mensaje.php?id=1561

Mónica dijo...

me gustan los colores de los vestidos